CXII

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Camila Hastings

- Corridos tumbados - dijo Natanael, remarcando cada palabra como si los bebés realmente fueran a entender - es fácil, niños, solo repitan.

Rodé los ojos con diversión, terminando de servirle comida a los perros.

- A ver, por partes - insistió, agitando un juguete frente a ellos - corridos... tumbados...

Santiago lo miraba fascinado, moviendo sus bracitos cada que el juguete hacia ruido.

Ivanna, en cambio, parecía mucho más interesada en intentar agarrarle la cadena.

- Natanael... - murmuré, sin poder evitar la risa - apenas tienen siete meses.

- Justo por eso - respondió muy serio - es importante que desde ahorita sepan qué son los corridos tumbados.

Se inclinó hacia los bebés y señaló a Santiago.

- A ver, tu di "co..."

Pero Santiago comenzó a gatear por la alfombra, ignorándolo por completo.

Natanael se quedó congelado, con el dedo aún levantado en el aire.

- ¿Me estás ignorando? - preguntó con fingida ofensa.

Santiago siguió avanzando, concentradísimo en llegar al control remoto que había quedado a unos metros.

No pude evitar reírme.

- No, no, no - murmuró el, alcanzándolo antes de que lograra agarrarlo - mamá no nos deja ver la tele.

Lo levantó con facilidad y lo sentó frente a él otra vez.

- Concéntrate, hijo. Esto es importante.

Ivanna aprovechó el descuido para estirarse y, ahora sí, jalarle la cadena con fuerza.

- ¡Hey! - soltó, riendo.

Me crucé de brazos, disfrutando la escena.

Natanael se quitó la cadena, acomodándola sobre Ivanna.

- Se le va a ir la cabeza de lo pesada que está, Rubén - dije, sentándome a su lado.

- Claro que no - respondió, acomodándole la cadena con cuidado - además, es su herencia.

Rodé los ojos.

Ivanna golpeó la cadena contra su propio pecho, fascinada con el sonido metálico.

- ¡Mira! Le gusta - comentó el con emoción - ya está, le voy a mandar hacer una.

Reí bajito, acomodando a Santiago en mi regazo antes de que intentara tomar el control de nuevo.

- No me imagino a Maestros Joyeros haciendo una cadena de Bluey, amor.

El rio por lo bajo, mirando a Ivanna, fascinado.

- Va a ser la más chingona.

- Rubén... - murmuré, mirándolo de reojo - las groserías.

- Ay, Millie, ellos ni entienden.

Levanté una ceja.

- Y no necesito que empiecen a repetirlas.

- No las van a repetir - contestó en enseguida, resignado - tengo meses diciéndoles "corridos tumbados" y jamás lo han dicho.

Reí bajito, sosteniendo el juguete frente Santiago.

Estrellas | Natanael Cano  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora