CXIV

218 58 1
                                        


Camila Hastings

- Ahorita no tienes ninguna ronchita, ¿eh? - le advirtió Natanael, mirándolo por el retrovisor - y ahorita que veas a tus hermanos, no quiero que te salga ninguna.

Santiago, desde su sillita en los asientos de atrás, respondió con un balbuceo alegre, moviendo sus piernas en el aire.

Reí bajito, girándome en el asiento para ver a nuestros bebés.

- Dice que si, papá.

Natanael soltó una risa baja, manteniendo sus manos en el volante.

- Más le vale - murmuró - no quiero seguir limpiando papilla del suelo.

Rodé los ojos, divertida.

- Y dos niñeros más son de mucha ayuda - añadió con total convicción.

- Amor, esos "niñeros" dejan que los niños se les suban como si fueran caballos - le recordé, arqueando una ceja.

El se encogió de hombros, sonriendo.

- Pues así aprenden a montar desde temprano - respondió con total naturalidad.

Solté una risa, negando con la cabeza.

- Natanael...

- ¿Qué? - replicó divertido - ya que tengan su primer caballo va a ser más fácil.

Miré hacia atrás justo a tiempo para ver a Santiago intentando desabrochar su propio cinturón con una concentración absoluta.

- ¡Oye! - dije, estirándome para quitar su manita - no, señor.

Santiago me miró como si lo hubiera interrumpido en algo muy importante, soltando un chillido de protesta.

Ivanna, por su parte, estaba pateando feliz su sillita mientras mordía su juguete.

Natanael observó todo por el retrovisor.

- ¿Ves? - dijo con orgullo - aventureros.

- Traviesos - corregí con un suspiro resignado.

- Como su papá - añadió, aún más orgulloso.

El auto se detuvo frente a la casa de mis papás.

Natanael apagó el motor y se quedó un segundo mirando hacia atrás.

- Santi, recuerda lo que hablamos.

Santiago respondió con un gritito emocionado.

Ivanna soltó un balbuceo alegre.

Apenas pusimos un pie en la entrada, se escucharon los ladridos.

Ollie primero.

Papito justo después.

Las colas golpeaban la reja como si quisieran derribarla.

Santiago se quedó congelado un segundo y luego empezó a reír.

Ivanna abrió los ojos enormes.

Natanael ajustó a Santiago en sus brazos.

- Mira quiénes están ahí.

Apenas abrimos la reja, Ollie salió disparado y Papito detrás.

Pero, como si recordaran de repente que había bebés involucrados, los dos frenaron a medio camino, moviendo la cola con tanta emoción que todo su cuerpo se sacudía.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 4 days ago ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora