Confesiones y AA

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Que fuerte ha sido el día de hoy.

Después de la charla que tuve con mi abuela, tomé una decisión: decirle toda la verdad a Ainhoa.

Por la hora que era, sabía que estaría en la reunión de Alcohólicos Anónimos, así que me planté allí para esperarla.

No sabía muy bien en qué sala era y la verdad es que no quería quedarme como un pasmarote en una de las entradas del edificio y que saliera por otro sitio sin que me diera cuenta, así que recorrí los pasillos hasta dar con el lugar.

Mirando por las pequeñas ventanas de las puertas, encontré un par de clases de informática para mayores, una clase de francés y un grupo de guitarras antes de localizar una puerta que no estaba del todo cerrada.

Me acerqué despacio hacia ella, no tenía muchas más opciones, así que suponía que debía ser ésa la sala. Pero antes de poder asomarme por la abertura para confirmarlo, escuché su nombre.

"Ainhoa, ¿tú no has traído a nadie?"

¿Tenía que llevar a alguien y estaba ahí sola? ¿Por qué no se lo ha dicho a nadie? Aunque fuera a Paolo, a Jose Antonio , a Sara... yo qué sé, hay más gente que pueda apoyarla. ¿Por qué no me lo había dicho a MÍ?

"Es que llevo muy poco tiempo en el pueblo. Y bueno, no hay nadie con quien tenga una relación tan fuerte..."

Que creyera que estaba tan sola y que no supiera a estas alturas que voy a estar ahí para lo que necesite, me dolió un poco en el pecho, así que no pude frenarme.

Me planté en medio de la sala, de pie ante ella y un montón de desconocidos. "Conmigo sí."

La afirmación hizo que sonriera como una tonta y corrió a taparse la boca avergonzada con la mano. Pero dio igual, ya la había visto y ese gesto me envalentonó.

Parecía contenta e ilusionada y de verla así, dejé de tener el control sobre mis palabras, solo dejé que la verdad saliera y que eso fuera suficiente para hacer durar esa sonrisa en sus labios.

Después de mi discurso atropellado, que me temo que nada tenía que ver con Alcohólicos Anónimos y todo con una declaración de amor en toda regla, me sentí desubicada, musité una despedida y salí corriendo de allí.

Llevándome las manos a la cara, procesé entonces todo lo que había dicho y recordé la sonrisa de Ainhoa durante todo momento.

Pues ya estaría.

Llegué por los pelos a casa, justo cuando mi abuela se iba, y apenas nos dio tiempo a comentar lo que había sucedido antes de que se montara en el taxi. Decidí no volver a subir y me fui para el hotel, necesitaba que mi familia no hiciera preguntas en ese momento, que me diera el aire y yoquesé, quizás tenía la esperanza de encontrarmela allí.

Mi abuela me llamó desde la estación para que terminara de contarle el salseo y le estaba contando el discurso que solté y cómo salí huyendo de allí como una loca cuando escuché su voz detrás de mí.

"El discurso me ha parecido super bonito."

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora