Apoyo

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El hermano de Paolo había aparecido por Vera y él estaba de todo menos contento de verle después de tanto tiempo.

Había compartido poco sobre su familia y lo único que realmente sabíamos sobre él era que había sido el motivo por el que había tenido que emigrar a España. Así que entendíamos que estuviera a la defensiva.

Durante toda su conversación Ainhoa y yo estuvimos observando a través del pase de cocina como si fuéramos viejas del visillo, como si Cuca y Marifran nos tuvieran a sueldo, intentando hasta leer los labios de ambos para saber si iba por buen camino. Ainhoa fruncía el ceño y su cara era un poema del que me tenía que esforzar por no reírme.

No sabía qué consejo darle a mi amigo. Ya creía que quizás la hubiera cagado con los consejos sobre Blanca, la reina de hielo parecía tener más sentimientos de los que quería aparentar en un primer momento.

"¿Crees que debería confiar en él?" Le pregunté a Ainhoa durante la preparación, mientras continuábamos vigilando la situación por encima del hombro.

Ella se encogió de hombros. "No lo sé. Siento que nos falta información sobre su relación. Solo sabemos que se metió en un lío y desapareció y fue el motivo por el que Gaspar tuvo que marcharse y convertirse en Paolo."

"Algo me hace pensar que no fue cosa de un solo lío..." Musité.

Continuó pelando zanahorias, algo que se le daba muy bien y hacía con una rapidez inusitada. "Eso no lo sabemos, tenemos que esperar a que Paolo sea quien nos lo cuente."

"Pero que haya venido a buscarle, tiene que ser una buena señal, ¿no?" Aventuré.

Ella se mordió el labio. "Quiero pensar que sí, que quiere pedirle perdón. Es lo único que de verdad le debe. Pero los temas familiares son... complicados."

"Ya, ya lo sé." Me constaba que era una privilegiada, que mi familia estaba muy unida y, a pesar de nuestros más y nuestros menos, teníamos una relación envidiada.

Ainhoa, sin ir más lejos, tenía una relación complicada con su familia de la que aún no sabía demasiado, únicamente que prácticamente era inexistente. No sabía si algún día me contaría algo más de aquello, pero de lo que estaba segura y enormemente orgullosa era de que mi familia la había arropado como a una más.

"Tenemos que estar ahí para él, por lo que pueda pasar." Dijo decidida. La observé para confirmar su cara de resolución mientras seguía preparando las zanahorias en pequeños bastoncillos como la pro que era.

Ainhoa tenía todos los motivos del mundo para odiar a Paolo. A ratos, se había comportado como un ex resentido y le había usurpado su puesto y, sin embargo, no solo no le tenía celos (algo que a pesar de que le había asegurado que no sentía nada más por él, dada nuestra historia, podía ser hasta normal) sino que además le tenía presente, recordaba lo que había hecho por ella y no le tenía en cuenta los desplantes. Era maravillosa.

Al final del servicio, Paolo se acercó junto a él para presentárnoslo y estuvimos charlando, sonsacándole anécdotas de un Paolo niño, preguntándole todo lo que no conocíamos de nuestro amigo y pasando un buen rato.

Parecía un hombre muy simpático, pero la desconfianza de Paolo hacía mella en el ambiente. Intenté convencerle para destensarlo aprovechando que su hermano había ido al servicio.

"A ver, tiene razón." Ainhoa intentó ayudarle cuando vio que nos enfrentábamos más de la cuenta. "Que las situaciones familiares son complicadas."

Aflojé con su comentario y vi como él hacía lo mismo. "Gracias."

"¿Y si realmente quiere cambiar? ¿eh?" Insistí.

Él sacudió la cabeza rotundo. "La gente no cambia."

"Bueno, mira, ahí discrepo." Esta vez Ainhoa se puso de mi parte. Ella había cambiado tanto desde que había llegado a Vera, que era prueba de que él se equivocaba.

Puso las manos en alto, para defenderse de nosotras. "A ver, a ver, a ver, ustedes no están entendiendo nada. Emiliano cuando es así de amable, es que es grande el problema en el que te va a meter."

"Una cosa está clara. Sin ti, lo tiene difícil." Intenté conciliar, eso sí que era cierto a pesar de todos los motivos en contra.

Ainhoa se inclinó, pegando nuestros costados, desde la cadera hasta el hombro. "No, y es verdad que en situaciones chungas es importante tener a la familia cerca, a tu novia..."

"Mi amor..." Encontré sus labios esperándome y dejé un suave beso, acariciando su mejilla. Después de todo lo que había pasado entre nosotras, la apoyaría frente a cualquier cosa.

El momento se vio cortado, pero intenté entenderlo. "Chicas, por favor, no me restregueis en la cara que os va genial, ¿si? Que tengo bastante con lo de mi hermano."

"Una cosa te voy a decir, si me dejas ¿puedo?" Decidí terminar.

Él contestó rápido. "No, no puedes."

"Pues te lo voy a decir igualmente." Ainhoa intentó no reírse a mi lado de la discusión estúpida cuando tratábamos un tema algo delicado, pero le salió... regular. "Tu hermano quiere cambiar y si no le ayudas, pues te vas a arrepentir toda la vida."

Su hermano regresó en ese momento y Paolo utilizó el tiempo en el que conversábamos con él para terminar de tomar una decisión.

Una decisión que creíamos, porque luego lo hablamos Ainhoa y yo tranquilamente, que era la correcta.

No podíamos saber qué haría su hermano con la oportunidad que le ofrecía, pero sí sabíamos que siempre se arrepentiría si no lo intentaba al menos y se la brindaba. Haría todo lo que estuviera en su mano y el resto... el resto ya dependía de Emiliano.

Y esperaba por Paolo que cumpliera.

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora