Mi plan para tomar distancia y perspectiva de Ainhoa no estaba resultando demasiado bien. La veía todo los días en la cocina y mi corazón se aceleraba al verla, me moría de ganas por envolverla en un abrazo y no salir de ahí nunca, pero todavía no había conseguido acallar las dudas y pensamientos intrusivos de mi cerebro que hacían que no fuera una buena compañera, que esto no fuera sostenible.
Ella lo soportaba de la mejor forma que sabía. Había vuelto la coraza y la careta a la cocina e intentaba desenvolverse con la mayor profesionalidad posible, aunque no dejaba de dolerme la ausencia de esa cercanía y amabilidad. Necesitaba ser capaz de arreglar esto ya.
Al menos, el evento del alcalde nos tenía más que entretenidos en la cocina, que tras el drama del accidente, volvía a recuperar su frenética actividad que tanto me gustaba.
Además del señor alcalde probando y gorroneando de todas las preparaciones, teníamos a Fina, su secretaria, apuntándonos todos los alérgenos e intolerancias de los invitados y también, por qué no decirlo, pasando el rato. Aunque quién le iba a reprochar nada teniendo la oportunidad de pasar un rato lejos del señor rancio que es el alcalde.
Estuvo pululando mientras trabajaba y descubrí que es una negada para la cocina, pero al menos es una tía muy agradable. También descubrí que la mala leche de Ainhoa aumentaba cuando estaba celosa.
Yo no sabía por qué esta chica, muy mona y muy graciosa, estaba perdiendo el tiempo en nuestra cocina, solo sabía que no podía dejar de prestarle atención a la jefa de cocina que se llevó cuchillo en mano a Paolo al almacén.
Intenté ser agradable con Fina, pero no podía prestarle atención con Ainhoa celosa de fondo y me quité un peso de encima cuando por fin me dejó de seguir.
Lo siguiente que supe de ella es que estaba empotrando a Ainhoa contra la estantería del almacén y yo salí corriendo de allí.
Volví a la cocina y empecé a hacer cosas como una autómata mientras que mi mente reproducía una y otra vez el momento: Fina con sus manos sobre Ainhoa, enmarcando su cara, comiendole el morro y ella contra la estantería, las palmas hacia arriba y los ojos abiertos como platos.
La ayudante del alcalde salió en seguida a la recepción y recibió a los miembros del partido y nosotros seguimos adelante con el servicio. Ainhoa buscaba mi mirada, pero si la encontraba no podría seguir, así que se la evité.
Cuando el alcalde se acercó a felicitarnos por nuestro trabajo, ya más solas en la cocina, no pude evitar tirarle pullas. Ainhoa intentó explicarse, pero al verme cegada por los celos, me recriminó que le había pedido tiempo.
Sí, pero le había pedido algo de tiempo para aclararme, no para que la primera que pasara por allí se le tirara encima.
Aunque tenía razón, no tenía nada que reprocharle, no estábamos juntas. Y todo era mi culpa.
"Hola, Luz." Estaba saliendo por fin por la recepción del hotel ya cambiada tras el servicio cuando la volví a ver entrar.
Estaba muy cansada y tenía mucho lío de sentimientos, no me apetecía ponerlos a prueba otra vez con ella. "Hola, Fina. ¿Qué haces por aquí? ¿Os habéis olvidado algo?"
"Creo que no, los miembros del partido ya están de vuelta en sus casas, no se acordaran si se les ha olvidado algo hasta que no se les pase la cogorza que llevan. Eso para Arturo, es un éxito de evento." Rió y yo no entendía cómo una mujer inteligente como ella podía encajar en ese puesto de trabajo. "No, venía a ver si estabais todavía por aquí. Quería pediros disculpas si os he incomodado antes. Igual me he emocionado al encontrar gente de la comunidad en Vera."
Me mordí el labio, pero no lo pude evitar. "Es que Fina, trabajas en lo más rancio del pueblo."
"Pues un poco sí, no te lo voy a negar. Pero algo bueno se podrá hacer desde ahí." Admiraba su entrega, la verdad. "Pero bueno, que eso, siento si te ha molestado que te tire la caña, era un poco por diversión, pocas veces puedo ser yo misma por aquí."
¿Comerle la boca a Ainhoa también fue diversión? "No pasa nada, Fina." Musité.
"Y perdón por el numerito con la jefa también. No sabía que entre las dos..." Añadió sin terminar la frase. "Por cierto, ¿sabes si está todavía Ainhoa en la cocina?"
La pregunta hizo que me tensara, pero era yo la culpable de esto. "Creo que sí, estaba terminando unas cosas cuando me fui a cambiar."
"Pues voy a disculparme también." Dijo resuelta. "Por un momento pensé que estaba celosa porque estaba coqueteando contigo y no con ella. Resulta que lo leí mal y solo estaba celosa de que coquetease contigo." Rió y yo me atraganté con mi propia saliva. "La pobre, no sabía cómo echarme para atrás y estaba así con las manitas." Volvió a reír, imitando las manos abiertas y ojos como platos que llevaba toda la tarde reproduciendo en mi mente. Unos gestos claros de que no deseaba ese beso. "Espero que a pesar de todo, podamos ser amigas. Me siento un poco sola por aquí y parecéis muy buena gente."
Fina era una todoterreno, pero por fin conseguí ponerme al día y dar una respuesta. "Claro, podemos quedar cuando quieras para tomar algo. Y estoy segura de que Ainhoa también agradecerá tener una nueva amiga en Vera." Sonreí, esta vez sincera.
"Gracias por todo, Luz. Que tengas buena noche." Me deseó antes de enfilar hacia la cocina.
La vi caminar y desaparecer al fondo del pasillo. "Gracias a ti, Fina."
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
