Sanar

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Sacamos los servicios adelante sin más inconvenientes, menos mal. Al equipo le haría falta un tiempo para olvidar todo lo que había pasado en apenas dos días, o que surgiera la próxima cosa extravagante en el hotel.

Me quedé la última recogiendo mi estación y dejándola limpia para el día siguiente. Sentía que se lo debía a mis compañeros, que habían cargado con mi parte el día anterior, y además así tendría la oportunidad de quedarme con Ainhoa.

Sentí unos brazos rodearme la cintura y en apenas segundos, su olor me envolvió, así como su pecho contra mi espalda. "¿Te quedas a dormir?" Me rogó.

Me derretí contra ella, no tenía mucho que oponer.

"No me he traído ropa."

Se entretenía dejándome besos en el cuello, mientras yo dejaba caer la cabeza hacia atrás y me dejaba hacer, por lo que sentí cómo vibraba su risa. "La ropa no es necesaria. Pero si necesitas cualquier cosa, te puedo dejar. No te niegues por eso."

"Yo no me he negado en ningún momento." Me tocó el turno a mí de reírme.

Dejé olvidado el papel y el desinfectante y me di la vuelta en sus brazos. Ainhoa aprovechó para descansar su frente contra la mía, sus ojos cerrados. "¿Estás bien?"

"Estoy... cansada." Dijo tras pensárselo. "Muchas cosas, pero ese adjetivo es un buen resumen."

Subí mi mano para acariciar su mejilla. "¿Quieres hablar?"

"Bueno..." Puso morritos y frunció el ceño. "Lo que más me apetece es pasar tiempo contigo. Lo de hablar... Sabes que me cuesta."

Ahogué una risa, era tiernísima. "¿Cogemos algo para cenar y nos vamos a tu habitación ya?"

"He guardado algo de comida que ha sobrado en cajas para llevar para las dos."

Sonreí. "Muy segura estabas tú de que te iba a decir que sí."

"Sí." Contestó sin más, con los ojos aún cerrados, pero una sonrisa socarrona en sus labios.

Me puse de puntillas para besarlos tranquilamente, mientras me colgaba de su cuello y ella me atraía hacia su cuerpo con las manos en el final de mi espalda.

Me perdí en sus besos, que me distraían. Me sentía en paz en sus brazos, que recorrían mi espalda tranquilos y parecía que el tiempo volaba.

Muy a mi pesar la empujé levemente. "¿Vamos?"

Sonrió y asintió feliz. Recogió los envases para llevar del otro lado de la cocina mientras yo tiraba el papel y guardaba el desinfectante y me escabullía hacia el vestuario para dejar la chaquetilla y al menos coger mi bolso. Ella hizo lo mismo y me esperó en la entrada, donde tomé su mano y puse rumbo a su habitación.

Tomé el teléfono e hice una llamada rápida a casa. "Hola, mamá... Sí, hoy me quedo a dormir... Sí, yo se lo doy..." Me reí. "Buenas noches, anda."

Ella soltó mi mano para buscar la tarjeta en el bolsillo de su chaqueta, mirando por encima del hombro con curiosidad por la conversación que estaba escuchando.

Guardé el móvil en el bolsillo del pantalón, mientras entré en su habitación y me dejé caer sobre la cama. Había sido un día muy intenso, estaba agotada. "¿Piensas contarme lo que ha dicho tu madre de mí o tengo que hacerte cosquillas hasta que me lo digas?"

Me amenazó Ainhoa, que había dejado la comida en la mesita y se subía a la cama de rodillas, moviendo los dedos. "No sé de qué me hablas. ¿Por qué íbamos a hablar de ti?" Vacilé. Ella alzó las cejas, no creyéndose nada, y no me dio tregua: se tiró sobre mi, empujándome e inmovilizándome contra el colchón con su cuerpo, dejando cosquillas en mis costados y haciendo que me estremeciera. Tenía poco aguante, la verdad, pero me encantaba el juego. "Vale, basta, por favor, basta."

"¿Vas a hablar?" Preguntó, parando sus movimientos.

Aproveché para recuperar el aliento perdido. "Sí, me rindo. No tengo escapatoria." Acusé, pero sonreí continuando con el tonteo. "¿Te vas a bajar?" Le devolví, señalando su posición en la cama, arrodillada sobre mi.

"Todavía no." Se rió ella, echándose el pelo a un lado, mirándome libre desde arriba y dejando a la vista su cuello con esa camiseta interior tan simple, pero que le quedaba tan bien. "Depende de si me gusta lo que dices."

Me mordí el labio y sacudí la cabeza. Me encantaba esta mujer. Como no hablaba, arqueó una ceja, así que me di prisa antes de que volviera a atacar. "No le ha sorprendido a mi madre que me quedara a pasar la noche precisamente hoy. Y me ha pedido que te cuide y te de un achuchón."

"¿En serio?" Pareció desinflarse y me dio mucha ternura su incredulidad.

Me permití incorporarme un poco, para quedar sentada y más cerca de ella. "También se preocupan por ti. A mi me acosó sexualmente, pero tú..."

"Por favor, no me recuerdes lo que te ha hecho, que me siento peor." Dijo llevándose las manos a la cara.

Yo se las retiré como puse y uní sus manos con las mías para que no volvieran a taparla. "Es que tú no te tienes que sentir mal por eso. Es solo su culpa que sea un desgraciado, tú no tienes nada que ver." Le volví a recalcar. "Pero tú has perdido a alguien en quien confiabas, un amigo, un referente, un maestro."

"Ya..." Sentenció. Le di un empujón a sus manos para que continuase y se rió. "Me siento engañada, como una estúpida que no quiso ver lo que estaba delante de sus narices y todavía le doy vueltas a todos esos momentos en los que si hubiese visto lo que pasaba, las cosas podrían haber sido muy diferentes."

"Mi amor, ya sabes que no sirve de nada darle vueltas al pasado."

Asintió. "Sí, lo sé." Soltó una de sus manos y me acarició la mejilla. "¿Tú estás bien?"

"Sí."

Sonrió. "Pues ya está."

"Bueno..." Se me ocurrió. Ella frunció el ceño preocupada. "Yo creo que todavía noto sus labios fantasma por aquí." Le señalé los míos, dramatizando un escalofrío. "¿Y sus manos por aquí?"

Enseguida me pilló. "¿Quieres que te ayude con eso?" Preguntó sugerente.

"Yo creo que sí, que me puedes ayudar a que se me olvide esa sensación."

Volvía a tensar la cuerda y ella tenía ganas de jugar. "¿Y se te ocurre alguna idea de cómo?"

"Sí, que te calles y me beses de una vez." Le ordené tirando de ella el poco espacio que quedaba para estrellar nuestras bocas en un beso que empezó apresurado y que enseguida se transformó en algo más suave y pausado.

No teníamos prisa, teníamos toda la noche para tenernos la una a la otra y sanar.

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora