Después de la desagradable sorpresa de la noche anterior, no había podido dormir demasiado y tras un breve sueño, habría estado dando vueltas toda la noche de no ser por la otra persona que estaba en mi cama. Aunque me constaba que ella tampoco durmió demasiado y nos habíamos acompañado en nuestros desvelos.
Cuando Luz volvió de la entrada, acompañada de Silvia, que la seguía con una mano en la parte baja de su espalda, me volví a acojonar otra vez: aunque lo había intentado arreglar, el maquillaje estaba algo afectado y juraría que surcos de lágrimas le habían recorrido las mejillas. ¿Qué había pasado allí fuera?
Intentó esbozar una sonrisa tranquilizadora y me confirmó que Hugo se había montado en un taxi sin más problemas y se había largado. Por lo menos, de momento. Estaba segura que no tardaría en volver y temía que en cualquier momento pudiera recordar.
Me acerqué a ella, siempre buscando el contacto y, en especial hoy, necesitándolo, y ella leyendo mis intenciones, abrió sus brazos para que le cobijara.
Encontré consuelo en ella, noté cómo me destensaba y, si el suspiró que soltó antes de enterrar su cara en mi hombro era algún indicador, a ella también le estaba sirviendo.
"Mi amor." Me susurró. No era necesario más volumen cuando estábamos tan cerca. "Ya no tengo ganas de ninguna celebración, ¿te importa que nos vayamos a tu habitación?"
Me separé lo justo y sacudí mi cabeza. "Claro que no."
Levanté la vista de lo único que me apetecía mirar y encontré a Silvia junto a sus hermanas, simulando darnos algo de privacidad pero sin quitarnos el ojo de encima, por lo que enseguida se dieron cuenta de nuestras intenciones y nos despidieron.
Tomé la mano de Luz y empecé el camino hacia mi habitación. Noté que parecía más una zombie que otra cosa, la notaba agotada y era yo quien la guiaba. "Luz, ¿estás bien?"
"Eh, sí, sí." Contestó, pero sin su entusiasmo característico.
Entramos rápidamente en la habitación y me aseguré de que la puerta quedara bien cerrada. "Cariño, no es necesario que te quedes."
Se quitó los tacones y se dejó caer sobre la cama, como si le fallaran las fuerzas y se le escapó una pequeña risa. "¿De verdad crees que te dejaría sola después de lo que ha pasado?"
"Ya te he dicho que es que no he sabido reaccionar." Sus ojos se encharcaron de nuevo y no sabía qué hacer. "Lo siento. Te juro que no volverá a pasar."
"Pero, ¿qué dices, Ainhoa?" Se puso de nuevo en pie y se acercó lentamente, me tomó la mano con ambas suyas y la acercó a su pecho. "Escúchame bien: no tienes absolutamente nada por lo que pedir perdón. No has hecho nada malo. No es tu culpa."
Fruncí el ceño y miré al suelo para esconder el gesto. "Confío en ti plenamente. Yo solo quiero estar contigo, porque has vuelto a ver a ese... ugh." Cerró los ojos con rabia y apretó brevemente mi mano. "A ese malnacido que te ha maltratado durante años y que la última vez que lo viste te tenía cogida por el cuello contra una pared."
"Pensé..." Notaba apretarse ese nudo que tenía en la garganta. "Pensé que te había sentado mal que me besara y por eso te habías ido antes."
Sonrió y su sonrisa no me parecía que correspondiera al momento que estábamos teniendo. "No, mi amor." Negó suavemente. "Me fui porque estaba encendida de rabia y frustración. Porque si por mi fuera, se hubiera vuelto a caer de cabeza y sin tarta. Y necesitaba tranquilizarme."
"Has estado llorando." Afirmé, acariciando su mejilla con mi pulgar.
Ella se encogió de hombros. "Necesitaba desahogarme."
"Has llorado por mí." Repetí de nuevo, intentando procesarlo realmente.
Ella sonrió triste. "He llorado por ti, por lo que has sufrido y sigues sufriendo por él, por miedo a que te vuelva a hacer algo, a que nos meta en líos a ti, a mis tías o a mi."
"Se me olvida que no estoy sola. Que os he metido a todas en este lío..." Rezongué.
Volvió a negar con la cabeza. "Tú no nos has metido en ningún lío." Sonrió y no me imaginaba por donde salir. "Nos hemos metido solitas, porque te queremos y porque nos gusta en este pueblo un buen lío." Me tuve que reír, porque era verdad que habían pasado tantas cosas desde que llegué a Vera, que me lo creía.
Luz soltó mi mano y se dio la vuelta. "¿Me ayudas a bajar la cremallera?" Actué de forma automática y deslicé la cremallera por su espalda. Ella dejó caer los hombros de su vestido. "¿Me dejas alguna camiseta de pijama y nos tumbamos un rato?"
Besé su hombro desnudo y musité. "Me gustaba mucho más como pensaba que iba a terminar la noche."
Ella empezó a reírse, mientras dejaba caer su vestido y se deshacía de él. Aproveché para buscar una camiseta de pijama en mi armario y se la dejé.
"A mí también." Se acercó y se puso de puntillas, apoyando su frente contra la mía, rodeando mi cuello mientras yo me anclaba con los brazos sobre sus caderas. "Pero tendremos más noches como la que imaginábamos, te lo prometo. Solo tenemos que pensar cómo deshacernos de él." Me separé, para leer bien sus ojos. "Legalmente, digo. No quiero ir a la cárcel por matarle." La besé lento y volví a apoyar nuestras frentes, no queriendo despegarme. "A lo mejor podemos hacer que parezca un accidente, el escalón creo que sigue roto."
"Luz..." La regañé sin poder evitar una sonrisa tonta, mientras se reía. "Venga, vamos a la cama, anda." Le pedí, dejando cosquillas en la parte baja de su espalda.
Habría que aligerar el ambiente, no sabíamos qué nos depararía la vuelta de Hugo.
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
