Prácticamente acababa de llegar al trabajo y cambiarme, cuando José Antonio me ha buscado en la cocina diciendo que mi padre me necesitaba en recepción. Como un reflejo, he buscado la mirada de Ainhoa, pero ella tampoco iba a saber nada y se ha encogido de hombros y me ha dicho que fuera sin problema.
Al salir a recepción, me he encontrado a mi padre sentado tranquilamente. Es raro que él ande por el hotel y más aún durante su turno, de uniforme, así que he pensado lo peor.
Después ha aparecido mi madre, que no es nada raro verla por el hotel, para eso lo dirige, pero que los dos se sentasen conmigo a mitad de la mañana, eso sí que era raro.
Mi mente se ha puesto a vagar y me he imaginado lo peor. Después de todos estos días en los que no estaban pasando por el mejor momento de su relación, quizás habían tomado la decisión de separarse de forma definitiva.
No podía imaginarme a mis padres separados, siempre han sido como uno solo. Incluso cuando la liaba de pequeña, no merecía la pena intentar apelar al lado más permisivo de alguno de los dos (normalmente, mi padre), porque lo hablaban absolutamente todo y al final las consecuencias eran las mismas.
Todas mis relaciones las he comparado con lo que ellos tenían. Por eso sabía que lo mío con Paolo no podia funcionar, porque no sentía por él lo que veía que sentían mis padres, no me imaginaba estar con él durante treinta años y seguir sintiendo lo mismo.
Por eso sabía que esto con Ainhoa era importante. Porque se me encoge el corazón en su cercanía y la adoro como veo que mi padre adora a mi madre.
Con el corazón en la garganta les pregunté si se trataba de eso, si me iban a decir que se separaban. Pensé en lo anticlimático que me parecía que me dieran esta noticia en la recepción del hotel y no en nuestro hogar, pero cuando por fin me sacaron de dudas y me dijeron lo que realmente querían decirme, lo entendí.
No era eso, era que el cotilleo había corrido como la pólvora por el pueblo, esta vez sí.
No me molestaba, casi que prefería que todo el mundo se diera por enterado que estar saliendo del armario con cada persona que me cruzara, más que nada porque aparte de Ainhoa no estoy muy segura de haber sentido atracción por más mujeres y dudo qué etiqueta ponerme (¿Ainhoasexual? Aunque, ¿la habéis visto? ¿Quién no lo sería?).
Quizás no esperaba que ellos se enteraran tan pronto, porque no suelen sintonizar la radio patio del pueblo, así que aún sabiendo que se iban a enterar esperaba que fuera más tarde que temprano y desde luego, no estaba preparada para esta encerrona.
Lo que me molestaba es que otra vez estuviera mi madre cuestionando lo que sentía y lo que hacía con mi vida. Y esta vez había involucrado también a mi padre.
La entendía hasta cierto punto. Se preocupa mucho por mí y la situación de Ainhoa no es fácil, por lo que la relación puede no serlo tampoco. Pero no es su lugar tomar decisiones en mi vida o pedirme que deje de vivir según qué partes y por qué, ¿por miedo a sufrir? ¿por miedo a sentir?
Intenté no perder la paciencia y les volví a explicar que estaba muy bien con Ainhoa. Es lo que me había mantenido cuerda durante la crisis de su matrimonio y los dramas del abuelo.
Y tampoco es que estuviéramos yendo muy rápido, solo nos habíamos puesto una etiqueta conforme a lo que sentíamos. Ni siquiera habíamos dado el paso de estar juntas todavía, aunque eso en la vida se lo iba a reconocer a ellos.
Y mira que según los chistes los chistes las lesbianas van rápido, pero es que no era así. Nosotras íbamos a la velocidad que sentíamos y en el orden que sentíamos.
Es verdad que nunca oficialicé mi relación con Paolo, pero probablemente no les gustará saber que me lié con él la primera vez que salimos de fiesta todo el equipo de cocina en los baños de la discoteca. Eso tampoco se lo iba a decir en la vida.
No sé si conseguí que confiaran en mi y en mi criterio, pero el menos me dejaron en paz. Mi padre volvió al trabajo, llamando a Martínez para alguna cosa y me quedé a solas con mi madre.
Iba a reprocharle otra vez que se metiera en mi vida, pero me dijo que Paolo había entregado su dimisión y me dejó helada.
Sabía que estaba enamorado de mí y no había pensado en que esto le podría hacer daño. Me sentí mal, porque yo le consideraba mi amigo y no le estaba tratando como tal ni teniendo en cuenta sus sentimientos últimamente.
No creo que debiera esconder mi relación con Ainhoa, eso nunca, pero quizás debería haber hablado con él. Después de todo lo último que me dijo es que me aclarara y entonces, si le elegía a él, volviera. Pero me aclaré y fui a por ella, y entre todo esto, él se fue de mi mente.
Tenía que recuperar a mi amigo.
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
