Todo este asunto del team building que había montado Andrés, me parecía una pérdida de tiempo. El 'team' estaba ya suficientemente 'built' entre el personal del hotel, gracias a mi madre. El único que no conseguía integrarse y que, de hecho, molestaba al equipo era él.
Más aún cuando anunció que iba a recortar los salarios a todos los empleados desde ese mismo mes. Vamos, es que eso ni siquiera podía ser legal.
Y por si no me hubiera molestado ya suficiente, continuó cuando la siguiente actividad que había planeado era una cata de vinos en la bodega de su familia. Me parecía una falta de respeto y de planificación tremenda el organizar una actividad de equipo excluyendo a la jefa de cocina.
Dentro de mi enfado, porque como me llamaba mi madre a veces era todo un terremotillo, me vine un poco arriba con el vino y ni siquiera acabé tirándole la copa de tinto en la camisa a ese imbécil (es que por desgracia estaba muy rico también, aunque seguía siendo más de blanco).
Pero si andaba algo contentilla por el vino, todo eso se acabó cuando mi madre se enfrentó a él y Andrés amenazó a todo el equipo con ser un tirano a partir de ahora, como si no lo hubiera sido desde que llegó.
Fue un jarro de agua fría. Sabía que el contrato de mi madre estaba blindado, de eso se encargó mi abuela antes de firmar nada, pero me temía que todo esto iba a traer repercusiones de otras formas para torturar a mi familia.
Desde que pasó todo con mi tía Marta, Andrés estaba intratable y no se sabía qué se podía esperar de él, lo mismo era el tío más comprensivo del mundo que un gilipollas integral, como últimamente. No puedo decir que tuviera mucha relación con él en los años que estuvo con mi tía, tantos negocios y tantos viajes, pero no sé qué vio en él.
Estuve todo el viaje de vuelta al hotel comiendo piquitos de pan que había robado en la bodega de la ansiedad, como mi tía Clara, y dándole vueltas a la situación y lo injusto que era todo, pero no había nada que pudiera hacer, porque absolutamente todo lo movía el dinero. Y no sé si Andrés le había dado específicas instrucciones al conductor del autobús de dar un rodeo, pero no solo es que se me hiciera eterno, es que llegamos cuando estaba a punto de anochecer.
Cuando por fin a la puerta del hotel, me despedí de mis compañeros y de mi madre, que quería reunirse con mi padre para ponerle al día, y fui en busca de mi novia. Quería estar un rato con ella y contarle lo que había pasado, saber qué pensaba con el tema de la reducción de salarios y saber si estaba en el mismo punto que yo.
Toqué a la puerta de su habitación, pero nadie me contestó. No sé por qué pensé que estaría aprovechando para descansar, pero parecía ser que no. Me aventuré hasta el restaurante por los pasillos del hotel vacío de invitados y personal y al llegar, encontré una mesa vestida con las mejores galas en el centro de la sala.
¿Quién se estaba aprovechando del cierre del hotel?
"Luz." Estaba tan ensimismada observando los detalles de la mesa, las velas y las flores frescas, que me sorprendió escuchar mi nombre desde la cocina.
Me asomé al pase y pude ver a Ainhoa, con el pelo suelto, extraño de ver en la cocina y una imagen imponente. Llevaba un precioso vestido gris marengo de tirantes, que le abrazaba cada curva y caía a mitad de sus muslos. Sus piernas infinitas terminaban en unas sandalias que agradecí que fueran planas, porque si no sería una torre a mi lado y sería más difícil alcanzarla.
"Ainhoa..." Tragué saliva como pude. "¿Qué es esto?"
La pelirroja se acercó al pase, apoyando los codos en la barra y elevando esa ceja que me ponía mala. "Se me ha ocurrido una mejor forma de team building para nosotras."
¿De verdad había montado todo esto y había cocinado solo para nosotras?
"¿Ah, sí? ¿Has preparado alguna actividad?" Me reí, pero la verdad es que estaba llena de curiosidad.
Evitó mi mirada y entendí que le daba algo de vergüenza. "He pensado que ya que el hotel y el restaurante están cerrados y no tenemos horarios, ni hay nadie por aquí, podía prepararnos una cita de verdad."
Me puse de puntillas y tomé su mano, tirando de ella para llegar lo suficiente a sus labios y juntarlos con los míos en un beso tranquilo y sencillo, labio sobre labio. No era la posición más cómoda, pero no iba a perder el tiempo en rodear y llegar hasta la cocina.
"Me encanta la idea." Ronroneé. "Pero me parece fatal que tú te hayas puesto tan guapísima y yo esté con la ropa normal."
"Tú siempre estás preciosa." Me contestó sin perder un segundo, echándome una mirada sugerente de arriba a abajo.
Negué con una sonrisa. "Qué zalamera... ¿Me dejas ir un momento al baño y ahora te ayudo?"
Ella sacudió la cabeza. "Ah, no. Ya está todo hecho. Tú no te preocupes de nada. Te espero con los aperitivos ahí fuera." Me guiñó el ojo.
"Mira que me acostumbro fácil a que me cocines a todas horas, ¿eh? Enseguida vuelvo..." Me mordí el labio y me dirigí a mi taquilla en el vestuario. En cuanto al vestuario, no podía hacer nada, pero por lo menos, refrescarme un poco, retocarme el maquillaje y lavarme los dientes con la bolsa de aseo que guardaba en mi taquilla.
Este día tan loco parecía que iba a acabar incluso mejor de lo que había empezado.
ESTÁS LEYENDO
Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
