Espero que os guste éste ☺️
Toqué a la puerta de la habitación y enseguida Ainhoa me recibió. Se había cambiado de los vaqueros y camiseta que llevaba antes y llevaba un conjunto que parecía mucho más cómodo y suave. Me invitó a pasar y se sentó en la cama, esperando que hiciera lo propio, así que me quité las botas, dejándolas junto a las suyas y la imité.
"No sé qué le has dicho a Paolo, pero al final ha decidido quedarse. Ya se lo ha comunicado a mi madre y todo. Así que gracias." Me senté al otro lado, relajada en su presencia.
Ella se encogió de hombros. "No le he dicho nada que no fuera verdad, tiene potencial y sería una pena que desaprovechara una gran oportunidad."
"Me alegro mucho que pienses como yo, Ainhoa." Empecé a jugar con una doblez del cobertor de la cama, pensando cómo expresarme. "Me he dado cuenta de que es mi mejor amigo, siempre le quise así. Lo hubiera pasado muy mal si se hubiera ido y hubiera renunciado a todo, encima por mi culpa." Me sinceré.
Ella sacudió la cabeza. "No, Luz, no puedes asumir esa culpa. No sentíais lo mismo y si hubieras insistido y seguido con él, no serías feliz." Se preocupó el ceño y me dio ternura como se cercioraba. "Porque... ahora eres feliz, ¿no?"
"Una vez pasado ese susto, sí, soy muy feliz." Le respondí con una enorme sonrisa y busqué el contacto con ella, inclinándome un poco y cogiendo su mano, entrelazando nuestros dedos.
Ella también necesitaba ese contacto y acarició mis mejillas como tanto le gustaba hacer. "Pues eso es lo importante."
Me miró a los ojos y se me olvidó todo lo que quería decirle, el Netflix y la pizza, solo podía pensar en terminar de acortar el espacio y besarla, así que eso hice.
Suspiré al sentir sus labios y me recreé en ellos. Ella me atrajo de la cintura, sus manos subiendo por mi espalda y mis manos viajaron a su pelo, donde amaba perderme entre sus ondas. Su lengua empezó a jugar y me estaba poniendo malísima, así que muy a mi pesar me separé para tomar aire y que mi cabeza pensara un poquito con claridad.
"Entonces, ¿qué fue eso que leyó Paolo en tu diario?" Lle pregunté con curiosidad, todavía muy cerca.
Ella no se inmutó con la distancia y me sonrió divertida. "En ese momento, casi nada. Que no podía dejar de pensar en ti y en ese beso."
"Ah, ¿no?" Me reí, gratamente sorprendida de que no intentara ocultarlo, por vergüenza o lo que fuera. La iba a chinchar de todas formas. "Pues bien que me rechazaste."
Ella me imitó y juro que su risa era de lo más bonito que había escuchado. "Es que era complicado, Luz. Además que tú llevabas días dándome la tabarra con lo que sentías por Paolo. Y yo solo creía que tenías miedo al compromiso."
"Qué tontas, ¿no?" Parecía hace una eternidad y había sido hacía tan poco, que me sorprendí de verme allí en sus brazos.
Ella asintió, buscando mis labios para darme otro beso. "Sí. Pero ya estamos juntas."
"Menos mal." Le seguí el juego, dejando pequeños besos en sus labios, pasando a sus mejillas y vagando hacia atras, justo debajo de su oreja. Sentí cómo un escalofrío le recorría el cuerpo y decidí darle una pequeña tregua, buscando lugares más calmados."¿Y sigues escribiendo mucho sobre mi en tu diario?"
Al siguiente beso, me dió un pequeño mordisco y yo le hice cosquillas en el costado. "Eres una cotilla tú, ¿eh?" Me picó. "Pues sí. Escribo mucho sobre ti y todo lo que me pasa. Es un ejercicio que me recomendaron en terapia y me ayuda a ordenar mis ideas." Aprovechó para echar un mechón de pelo detrás de mi oreja. "Pero lo he metido en la caja fuerte, así que no sueñes con leerlo."
"A veces no me iría mal, porque eres un poquito cerrada, pero no, tranquila." La piqué y recordé que había algo que ya había dicho que quería compartir. "¿Qué ha pasado esta mañana?"
Se llevó las manos a la cara y empezó a negar con una sonrisa. "Tu padre..."
"¿Mi padre?" Ella solo asintió. "Vino al hotel a darme la charla otra vez con mi madre, a darme la chapa con que igual íbamos muy rápido." Caí en la cuenta de que la última vez que le expuse las dudas de mi madre, ella estaba de acuerdo. "Pero no es verdad. Vamos al ritmo que tenemos que ir. Y qué si ya somos novias y les parece pronto."
Ainhoa solo sonríe mientras deja que me líe yo sola. "Entonces... Mi padre, ¿qué ha hecho?"
"Pues para criticarnos por ir rápido, me ha preguntado si quiero llamarle ya suegro." Soltó y se quedó tan ancha.
Cuando fui capaz de procesarlo, flipé. "¡¿Qué?!"
"¿Desde el principio?" Se rió ante mi sorpresa y yo no pude más que imitarla, no daba crédito.
"Me han dicho que había algo mal con mi DNI y se ofrecían a llevarme al cuartel a arreglarlo." Fruncí el ceño, sonaba más que raro, pero a saber. "Pues no era nada de eso, me ha llevado en el coche oficial a las afueras del pueblo para hablar y asegurarse de que trato bien a su hija."
No sé el gesto que debí hacer pero Ainhoa estaba muerta de la risa con todo esto. ¿Pero cómo se le había ocurrido a mi padre?
"Al parecer es algo que hace con todas tus parejas, incluido Paolo, y claro, ahora que estás con una mujer, lo pensó, pero no iba a ser menos, eso sería discriminatorio..." Continuó entre risas.
Me quería esconder debajo de la alfombra con este descubrimiento. Mi padre haciendo esas tonterías. "No me lo puedo creer, lo mato, lo mato..."
"Y después del numerito, bueno, se para el coche, y ahí los dos como gilipollas, esperando a la grúa." Y todavía había más, claro, por eso no llegó al servicio.
No sabía en donde meterme, qué vergüenza más grande. "No, no, cuando le vea se la voy a liar, osea..."
"Que no, Luz, le he tenido que guardar el secreto, no le digas nada." Me pidió acariciando mis piernas, intentando apaciguarme.
"Es que de verdad este señor no lo puede evitar." Suspiré de nuevo, antes de pedirle perdón por ser víctima de las estupideces de mi padre. "Ay, Ainhoa, siento mucho que le hayas tenido que sufrir..."
Ella sacudió la cabeza, con una sonrisa tonta. "No, si me lo he pasado muy bien."
"Ah, ¿sí?" Me sorprendió ver que no mentía, así que necesitaba confirmación.
"Sí." Confirmó con algo de vergüenza, jugando con mi mano.
"Uy a ver si vas a tener tú el síndrome de Estocolmo..." Bromeé aún sin entender nada.
Ella esta vez no rió y me explicó seria. "Que no Luz, que de verdad no sabes la suerte que tienes de tener un padre que se preocupa tanto, tanto, tanto por ti.
"Uy sí, una suerte... Que coge el coche oficial del trabajo para interrogar a mi novia." Me lamenté. Es que no me podía parecer más machista y paternalista.
Supuse que lo intuía y por eso, intentó que dejara de pensar en ello. Era tan mona cuando se abría que no podía dejar de observarla. "Pues te voy a decir una cosa. No sé, me gusta pasar tiempo con tu familia. Y es... como que me hace sentir que estoy más cerca de ti."
"¿Más cerca?" Estaba vergonzosa y yo solo me la quería comer con patatas, así que le eché un cable. "Pero, ¿así de cerca?"
"Más." Me pidió y no supe decirle que no.
Me enganché a sus labios, saboreándolos.
"¿Quieres quedarte esta noche?" Me rogó al separarnos para coger aire. Me sorprendió y me retiré para mirarla a los ojos. "¿Te quedas?"
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Ya nada volverá a ser como antes
Fiksi PenggemarAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
