Raro a secas

1K 64 2
                                        

Soy muy tonta.

No sólo no he terminado con Paolo, sino que me he vuelto a acostar con él.

Después del beso con Ainhoa, que dio la vuelta a mi mundo por completo, y su huida, no pude parar de darle vueltas durante toda la noche.

En algún momento, decidí que sería buena idea escribir a Paolo, quien se presentó en mi casa por la mañana. Siempre tan diligente, no podía tener otros planes.

Me siento fatal, porque solo pude confirmar lo que ya sabía: no siento por él lo que debería sentir. Le quiero, pero como amigo. No estoy enamorada de él. No me hace sentir como Ainhoa. Lo que siento por ambos no es comparable, porque son cosas completamente distintas.

Para colmo, cuando Paolo se fue, descubrí que tenía un mensaje de Ainhoa. Quería hablar de lo que pasó.

Y a mí, como hoy es mi día libre y no concebía la posibilidad de esperar hasta mañana, no se me ha ocurrido otra cosa mejor que hacer que plantarme en su habitación de hotel, tan pronto como me he duchado y me he arreglado un poquito.

No sé cómo esperaba encontrarmela fuera de horario y en su propia habitación, pero estaba guapísima.

Tenía el pelo suelto, lo cual es raro ver en la cocina, y precioso. Y un jersey rojo que acababa por encima de su ombligo, dejando una franja de piel morena hasta su pantalón.

Me invitó a pasar y no sé muy bien cómo, lo conseguí. Se sentó sobre la cama, ya que la habitación no daba para mucho más, un gesto algo desenfadado que me hizo sentir algo más cómoda.

Me pareció que también estaba nerviosa con la situación y, a pesar de haber sido ella quien me había escrito para hablar, quería que empezase yo.

Pero qué iba a decir después de su negativa... Que me había confundido, que no volvería a pasar y que fue raro.

Tan rara como la flojera de piernas que me da y la electricidad que me recorre el cuerpo cada vez que recuerdo ese beso.

Al menos me dijo que no fue raro malo, sino simplemente raro. Eso quiere decir que no se lo esperaba, pero tampoco le disgustó, ¿no?

Salí de allí entre satisfecha por aclarar las cosas para que podamos continuar trabajando juntas como hasta ahora y sintiéndome mal por no decirle toda la verdad.

Cuando volví a casa estaba Jon y fue quien se comió al final todas mis ralladas. Mi hermano es un cachito de pan, con poca idea para estas cosas, pero aún así me ayudó mucho hablarlo con él.

Tiene razón, no pasa nada porque ahora sienta esto por una mujer, solo tengo que tener claro lo que siento e ir a por ello. El resto da igual.

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora