Llevo unos días de mierda, para que voy a mentir.
Que todo esto con Ainhoa se haya ido al garete de un día para otro, ha sido un palo muy fuerte para mí.
Supongo que era de esperar que sintiendo tanto por ella y estando en una nube tan alta con todo esto, el golpe al caer desde tan lejos iba a ser brutal.
Si es que hasta mi madre había entendido por fin que no podía inmiscuirse en mis sentimientos y que lo único que tenía que hacer era apoyarme. Pero ya era tarde, porque sus opiniones parecían haber calado también en Ainhoa, alimentando sus propias dudas, y me había dejado casi antes de empezar.
Lo peor de todo ahora es trabajar tan cerca de ella todos los días. Tengo la herida todavía demasiado sensible y estar a su alrededor hace que duela. Vale, ahí tenían razón en lo de que liarse entre trabajadores no era tan buena idea, pero es que también solo piensan en lo que puede salir mal.
Encima nos ha tocado turno juntas en el puesto de comida de la plaza. En circunstancias normales, o al menos en las circunstancias de hace unos días, sé que es algo que me habría encantado y que habría disfrutado mucho: cocinar las dos juntas, solas, mano a mano, como aquel día en la cocina de mi casa, una masterclass para mí solita y encima con ella. Pero hoy ha sido una verdadera tortura.
Verla tan indiferente, con la coraza puesta, como si esto no fuera nada para ella, dolía demasiado. Que me echara la bronca que me ha echado por un mero error, ha desvelado que en verdad ella tampoco estaba bien, pero a mí me ha terminado de rematar. He terminado llorando y ella huyendo de allí tan pronto como ha podido.
Al final soy una blanda, pero me ha dado pena cómo ha huido con todo lo que le he dicho. Sé que ella también está sufriendo y hasta cierto punto entiendo por qué lo hace, pero me joroba que esté tomando esta decisión por mí: soy yo quien tiene que decidir si me conviene o no, si merece la pena arriesgarme por esto o no.
Cuando he ido a verla a su habitación, solo quería pedirle perdón por ponerme así e insistir con el tema, pero se me ha torcido.
No me puedo resistir a ella, pero ella tiene fuertes convicciones y fuerza de voluntad suficiente por las dos. No debería haberlo olvidado segundos después.
Cuando he visto las botellas de alcohol vacías en la papelera, por un microsegundo he pensado que quizás su negativa era para esconderlo. El fugaz resentimiento y mi enorme bocaza la ha terminado de cagar por mi, hasta que Ainhoa me ha echado de allí.
Ya sé que no lo haría y mucho menos me mentiría de esa forma a la cara. No sé por qué lo he hecho. Bueno sí, porque estaba dolida, pero eso no es justificación.
Cuando por fin he llegado a casa, estaba hecha una mierda y encima tenía a mi padre esperando. Me temía lo peor con su charlita, que me soltase algo como con mi madre hasta que lo comprendió, y no podía estar más equivocada.
Entre líquidos y fluidos, mi padre me ha apoyado incondicionalmente, me ha escuchado y ha sido mi hombro sobre el que llorar. Es el mejor padre del mundo.
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
