Nunca había llegado tan rápido al orgasmo con nadie, siempre me hacía falta rodar bastante más, pero ella conseguía ponerme al límite enseguida, había llegado a conocer en poco tiempo los botones de mi cuerpo como nadie y los jugaba muy bien.
Tampoco iba mal que mi piel pareciera tener una especial sensibilidad por la suya. De cualquier otra persona, como había dicho alguna vez, diría que es un pesado y un empalagoso, que se alejara, que necesitaba mi espacio. Pero con ella, no solo no me parecía pesada o empalagosa, sino que añoraba su contacto en cada momento. Tras conocer a aquella Ainhoa estirada y exigente que llegó a Vera con muchos problemas a su espalda, había ido descubriendo su verdadera personalidad, sabía que el contacto era su lenguaje de cariño y me encantaba.
Después de que me susurrara al oído, no había necesitado mucho para volver a excitarme. Ainhoa era increíblemente sexy y no podía resistirme. Me enganché a su boca, mordiendo sus labios, pasando mi lengua por ellos, y cuando me encontré con fuerzas, invertí nuestras posiciones.
Mi vestido estaba medio deshecho y no me parecía justo que ella todavía llevara puesto ese conjunto. Su ombligo al aire llevaba distrayéndome toda la tarde y la jodida tableta de chocolate que se intuía en su vientre moreno, me perdía. Era una jodida diosa (¿lo había dicho ya?) y yo era más bollera de lo que me hubiera podido imaginar hace unos meses.
Me arrodillé sobre ella en la cama y terminé de escurrir mi vestido por mis piernas, que limitaba mis movimientos, quedando únicamente con la pieza inferior de mi ropa interior, y una vez libre, me puse manos a la obra.
Ainhoa me observaba sin perder detalle desde el colchón, el pelo despeinado por el trabajo de mis manos y desperdigado por las sábanas, las pincitas empezando a soltarse. Bajé mis manos a su cintura, acariciando su piel desnuda y subiendo hacia su top. Palmeé sus pechos por encima del top y ahogó un gruñido. "No voy a aguantar mucho." Me advirtió.
"Bueno." Me reí. "Hay que igualar el juego, ¿no?"
Volví al borde del top, tiré de él y con un poco de colaboración por su parte, acabé tirándolo por encima de mi cabeza. Me dejé caer sobre ella, haciendo que nuestros pechos desnudos hicieran delicioso contacto y se me escapó un suspiro involuntario.
Volví a encontrarme con sus labios, sedientos y mis manos empezaron a divertirse, dejando caricias, disfrutando de cómo se tensaban sus músculos a mi paso y los pequeños gemidos que se le escapaban.
Me refugié en su cuello y me anclé sobre mi brazo mientras con mi mano libre me aventuré más abajo, jugando con la cinturilla de su falda y deslizándome aún más abajo, esquivando su ropa interior. Cubrí su sexo con mi mano y, efectivamente, su humedad y calor me indicaban que estaba muy cerca. Pero estaba dispuesta a ayudarla, a darle el último empujón.
Ainhoa buscaba mi mano moviendo sus caderas para conseguir roce donde más la necesitaba, y aunque quería jugar, no quería hacerla sufrir. Separé sus labios con el índice y encontré su clítoris, henchido. Empecé a hacer círculos sobre él, con diferente presión, manteniendo el ritmo. La espalda de mi novia se arqueó, cerró los ojos fuertemente y abrió la boca, pero en su estilo, no emitió apenas un ruido.
No importaba, me encantaba observarla así. Me parecía alucinante verla en ese estado de éxtasis, totalmente liberada física y mentalmente, simplemente disfrutando y, en parte, gracias a mi. Me sentía orgullosa de mi misma, pero también me sentía responsable de hacer eso por ella, de darle todo el placer y la seguridad que se merecía.
Continué mis caricias mientras ella bajaba de la nube y yo me perdía en pensamientos tontos y sonreí satisfecha cuando abrió los ojos. "¿Con... tenta?" Preguntó aún recuperando la respiración.
"Mucho." Reí, socarrona.
Saqué la mano de su escondite y dejó escapar un pequeño gruñido al notar la ausencia. Llevé mis dedos a mis labios ante su atenta mirada y los lamí lentamente. Su sabor me embriagó y quise recorrer su cuerpo con mi boca hasta hacerla enloquecer.
Ainhoa se incorporó a duras penas y me cogió por la nuca, tirando de mi para estrellar nuestras bocas en un beso necesitado. Ella inmediatamente me invadió con su lengua, probando su sabor de la mía y la sentí vibrar emitiendo un gemido silencioso.
Me terminé de decidir y volví a tomar poco a poco el control. Tras jugar un ratito más, la guié de vuelta al colchón y busqué sus manos, para entrelazar nuestros dedos un momento y elevar sus brazos por encima de su cabeza.
No pretendía inmovilizarla, no en este momento (quién sabía si en otro momento a ella le apetecería), pero lo hice para hacerle entender que no había terminado con ella.
Uní nuestros labios brevemente antes de emprender mi camino hacia el sur. Solté sus manos para acompañar los besos, lengüetazos y pequeños mordiscos con caricias y me entretuve por su cuello, sus pechos, su vientre, su ombligo... Tiré de su falda y su tanga de una y los escurrí por sus caderas. Ainhoa colaboró en lanzarlo con los pies a cualquier sitio, aunque no estaba para mucho más, y yo aproveché para deshacerme de mis braguitas también.
Me coloqué entre sus piernas abiertas, contemplándola en toda su gloria: preciosa, excitada, sudorosa, observándome con el pelo despeinado, los ojos oscurísimos, impaciente. Y no pude evitar relamerme.
"Me vas a matar..." Le salió, mientras sacudía la cabeza.
Me dió la risa, no era la primera vez que lo decía. Me incliné hacia ella, sujetando sus muslos y separé sus pliegues, para matarla del gusto todas las veces que me dejase.
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
