La seguí a la cocina con los platos sucios y me regañó por ello. "Sí, claro, además de preparar toda la cena, te voy a dejar recoger todo. Estás tonta."
"Bueno, pero tengo que emplatar el postre. Eso sí lo hago yo." Se defendió.
La comida había sido abundante con los distintos platos aparentemente ligeros que había preparado, pero a quién le iba a amargar un dulce de postre. Como solía decir mi padre, en realidad las personas tenemos dos estómagos, y aunque el de lo salado ya estaba lleno, el del dulce aún tenía hueco libre. "¿Y qué has preparado?"
"Algo sencillito. Lo mío no son los postres y ya tenía bastante con las otras preparaciones." Se hizo la interesante, pero era mentira. Quizás se le daba mejor el salado, pero le había visto hacer cada postre que te caías de culo. "Mille-feuille, con una crema pastelera y una crema de frutos rojos."
Metí los platos en el lavavajillas y me giré, frotándome las manos. "Mm, milhojas de toda la vida, qué rico."
Empezó a disponer los dos platos sobre el pase y se acercó todas las preparaciones: sacó las cremas de la nevera ya metidas en mangas pasteleras, las planchas de hojaldre con azúcar que enfriaban en una rejilla, los frutos rojos que esperaban en un pequeño bol...
"Si te empeñas en ayudar, ¿me traes azúcar glass para espolvorear por encima?"
Prefería seguir observándola en su elemento, que era un espectáculo, la verdad, pero le hice caso. Cuando llegué al pase con el tarro de azúcar glass y un colador para espolvorear, ya estaba terminando de emplatar. Con sumo cuidado echó una cucharada de azúcar en el colador e hizo que nevara sobre las frambuesas y trocitos de fresa. Estaba completamente embelesada.
Y aprovechó la oportunidad para meter el dedo en el azúcar glass restante y pintarme toda la mejilla.
Fingí indignación mientras ella se partía de risa. "Oye..." Me quejé y se acercó a quitármelo, con un lametón.
"Sabes dulce." Continuó riéndose libre y sin ninguna preocupación y no podía parecerme más tierna.
Pero eso no la iba a librar de mi venganza. Metí mi dedo en el azúcar y dibujé un camino desde sus labios hasta su clavícula y le dediqué una mirada depredadora con una sonrisa satisfecha por mi trabajo.
Su risa se cortó y vi como sus ojos se oscurecían.
"Me recuerda a aquella vez que cocinamos juntas en mi casa. Me manchaste de harina... ¿También querías comerme entonces?" Pregunté sabiendo que estaba siendo bastante mala.
Tragó en seco y se intentó aclarar la garganta, pero su voz seguía saliendo más ronca de lo normal. "La verdad es que sí, pero yo tenía muchas cosas a la espalda y tú, algo con otra persona."
"Ajá... Pero coquetear, eso sí que se te daba de puta madre." Le recriminé sin malicia y me confesé. "A mí me tenías deseando hacer cosas contigo que jamás había hecho con una mujer antes."
Sonrió, encogiendo los hombros. "No podía evitarlo, ya me encantabas. Y, por curiosidad, ¿desde cuándo tenías tú ganas de hacer cosas conmigo?"
"Primero... me sacabas de quicio, sin tener un gran motivo, pero luego me agarraste de la cintura para aquella foto del periódico y..."
Soltó una pequeña risa. "Pusiste una cara rarísima, pero jamás pensé que era por eso. Fue un gesto sin más..."
"Ya, pues bien que se me puso toda la piel de gallina." Me reí. "A partir de ese momento, empecé a estar confundida, a darme cuenta de cosas, a querer estar a tu alrededor todo el rato y solo podía pensar en cómo sería besarte, acariciarte, tocarte..." Yo creo que ya me había abierto suficiente por hoy y era hora de jugar. Empecé a recortar el espacio que había entre nosotros, literalmente tenía un camino de azúcar que recorrer. Notaba su respiración agitada por la anticipación y con una última mirada a sus ojos, me lancé.
Sus labios me recibieron tan hambrientos como los míos y no pude evitar sonreír. También había echado de menos esto.
Mi boca recorrió el rastro dulce de la suya, su cuello, sus hombros, mientras sus manos recorrieron mi espalda, mi culo y cuando me di cuenta, me tenía contra la mesa de trabajo en el centro de la cocina.
"Conste en acta que no pretendía que acabaramos así, pero me agrada el resultado." Susurro casi sin aliento y me reí contra su piel, dando un pequeño bocado en ese punto de su cuello que hizo que reprimiera un gemido y me hiciera sentir sus uñas en la espalda.
Besé el lugar donde había empleado mis dientes, para sanar su piel, y levanté la mirada para buscar la suya, que me hizo una pregunta silenciosa.
Sí, ni de coña íbamos a llegar a su habitación. Éste sería un buen lugar como otro cualquiera, nuestra cocina.
Me agarró de los muslos y me alzó, apoyándome sobre la mesa de trabajo. Me asombró su fuerza, pero no tenía tiempo para distraerme en cosas menos importantes, y empecé a tirar hacia arriba de la tela de su vestido, deslizándola por sus caderas, su ombligo, su pecho desnudo... Dejándola con un minúsculo tanga delante de mí en medio de la cocina.
Joder, era una puta fantasía hecha realidad.
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Ya nada volverá a ser como antes
Fiksi PenggemarAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
