Me desperté al sentir algo en mi nariz. Me encontraba mucho más descansada de lo que me había sentido en días y la espalda no me mataba. Estaba en ese lugar placentero entre el sueño y la realidad en que me sentía totalmente en paz.
A excepción del picor en mi nariz.
Arrugándola no conseguí que el picor parara y no entendía el motivo por el cual la mitad de mi cuerpo estaba inmovilizado. Aunque fueron solo unos segundos, porque enseguida recordé y sonreí.
Abrí los ojos lentamente, acostumbrándome a la claridad y tomé consciencia de donde me encontraba. La habitación del parador me dio la bienvenida y moví la cabeza lentamente.
El pelo despeinado de Luz se esparcía por la almohada que compartíamos, su cabeza encajada en mi cuello, haciendo que parte de ese pelo me tapara también la cara y me hiciera cosquillas en la nariz.
El mínimo movimiento al mover mi cabeza hizo que se deslizara, pero aunque ya no me picaba la nariz, la visión me había traído definitivamente a la realidad.
Recordé sus manos suaves recorriendo mi espalda, incidiendo sobre mis músculos contracturados y dejando caricias después para contrarrestar el dolor. Recordé sentirme tan agotada, tan relajada con sus caricias, el hormigueo en mis ojos que no pude resistirme a cerrarlos y debí quedarme dormida enseguida.
Sonreí como una tonta sin poder evitarlo.
Seguí tomando consciencia de nuestra posición. Me había quedado dormida desnuda de cintura para arriba, en pleno masaje, y de cintura para abajo solo llevaba la ropa interior. Pero parecía haberme girado durante la noche.
El cuerpo de Luz se entrelazaba con el mío y enseguida me di cuenta que mi mano reposaba en su espalda desnuda.
Me mordí el labio y cerré los ojos.
Luz parecía haberme imitado, igualado las condiciones, por así decirlo, y se había metido en la cama solo con sus braguitas. Una de sus piernas se colaba entre las mías, su cadera reposaba sobre la mía y nuestros pechos desnudos subían y bajaban acompasados.
Me quería quedar aquí toda la vida.
La posición no podía ser más íntima. El contacto de su piel con la mía me hacía sentir en casa, su olor envolviéndome, nuestros corazones latiendo de a una.
Giré lentamente la cabeza y busqué su frente, dejando un suave beso sobre ella, respirando en su pelo, trayendo mi brazo libre a su espalda, deslizando mis manos por ella, cerrando el abrazo y acurrucándome más en él.
A pesar de mi delicadeza, Luz emitió un pequeño ruidito. Me detuve en mis movimientos, intentando respetar su sueño. Después de todo, que yo hubiera caído rendida bien pronto, no significaba que ella también lo hubiera hecho, y no quería despertarla antes de tiempo.
Luz se estuvo quieta en mis brazos unos instantes, pero enseguida subió su cabeza, apoyada sobre mi hombro, buscando la mía. Una sonrisa se dibujaba en sus labios, delatando su vuelta a la consciencia, pero sus ojos aún no se hacían abiertos.
Me mordí la sonrisa, observándola, y empujé hacia atrás el pelo que le tapaba la cara, enredando mis dedos en sus mechones, acunando su cabeza. Era preciosa.
No me resistí y me acerqué lentamente a ella, acariciando su nariz con la mía, haciéndola sentir mi presencia cerca cuando tenía aún los ojos cerrados, para después acariciar sus labios con los míos, lentamente.
Enseguida ella me correspondió y su mano se deslizó hasta mi mejilla, anclándome allí. Nuestros labios se saludaron, pausados.
"Buenos días." Me saludó aún muy cerca, su voz rasgada por el sueño. Abrió sus enormes ojos marrones, que desde tan cerca parecían brillar más que nunca, y me desarmó por completo.
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
