Habíamos pasado todo el día en vilo.
A pesar de que la noche anterior toda mi familia se había esmerado en aparentar normalidad y recibir con los brazos abiertos a Ainhoa, todos teníamos presente que al día siguiente Hugo se presentaría en el cuartel con el audio de la confesión de mi tía Marta y eso cambiaría por completo el rumbo de la investigación.
No quería pensar en la posibilidad de que mi tía, embarazada como estaba, volviera a la cárcel. Pensé que al menos podríamos pagar la fianza hasta el juicio, ¿no? Y con un buen abogado quizás finalmente el juez la dejara en libertad. Después de todo, fue accidental y ni siquiera había muerto, ¿no?
Quizás veía yo muchas series policiacas, que me creía que había estudiado derecho o algo.
Por la mañana, mi madre nos había acercado en coche al hotel para el inicio del servicio y habíamos quedado con ella en informarnos en cuanto alguna de nosotras supiéramos algo.
Intentamos concentrarnos lo máximo posible en el servicio, sus preparaciones, sus salsas, sus postres, aunque no dejaba de estar presente ese desasosiego por no saber lo que se estaba cociendo en el cuartel ni a qué hora pretendía aparecer Hugo por allí. Tampoco ayudó que a mitad de la mañana primero Clara, entre su trabajo, y Marta, por sorpresa en el hotel, aparecieran para quedar esa tarde con ella en el Chelsea, donde mi padre se reuniría con las tres.
Recogimos la cocina y dejamos listas unas preparaciones que tenían que reposar de un día para otro, aprovechando que esa noche el restaurante no hacía servicio de cenas.
Fui a cambiarme al vestuario, pero en una de estas, me despisté y perdí de vista a mi novia. "Paolo, ¿has visto a Ainhoa?"
"Eh, no. Salió poco después de ti, pensé que iría contigo. ¿No fue así?" Fruncí el ceño.
Mi madre, en su despacho, dijo que no la había visto y, en recepción, comentaron que la vieron salir algo despistada, pero sola. Y Hugo había salido poco antes, tranquilo, probablemente de camino a reunirse con el teniente García.
Me moría de miedo de que le pudiera hacer daño, pero no quería atosigarla, era una mujer adulta e independiente, así que hice un esfuerzo por no volarle el teléfono móvil con mensajes y me despedí de los compañeros, para salir cabizbaja del hotel, dando un paseo de camino a casa. Me vendría bien el aire y estirar las piernas.
No tuve que ir muy lejos para encontrarme con ella, que estaba muy cerca del hotel, en la terraza del Chelsea, mirando al infinito.
"Ainhoa." Llamé su atención. "¿Qué haces aquí? ¿Por qué te has ido sin despedirte?" Pregunté intentando no sonar acusatoria.
Ella sacudió la cabeza. "Nada, es que estoy esperando a las chicas y a tu padre, para que... para ver qué dice el teniente García."
"Ya, de lo del cabrón de tu ex, ¿no?" Si yo andaba despistada durante todo el día, no quería imaginar lo que estaba pasando por su cabeza.
Suspiró. "Sí."
"Pero era dentro de un rato, ¿no?'
"Sí, sí, sí, es que..." Se le atropellaban las palabras, estaba nerviosa. "Nada, quería estar sola un rato para pensar y..."
Asentí, entendiendo que necesitaba estar sola, su propio espacio, que con la preocupación de todo esto se había desdibujado hasta casi desaparecer. No quería ser como él y arrebatárselo. "Ah, eh vale, pues me voy a casa y luego me llamas, si quieres."
"Que, no, no, no, Luz, de verdad." Me tomó de la mano, para retenerme y no hacía falta que me lo pidiera dos veces. "Quédate, ¿vale? Quédate porque..." Había algo a lo que le estaba dando vueltas, algo que la ponía nerviosa y no era yo ni era solo lo que dijera el teniente. "Que... Voy a denunciar a Hugo."
Eso no me lo esperaba. "¿Qué? ¿Ahora?"
Desde el principio Ainhoa se había negado a tocar siquiera el tema de Hugo, me sorprendía mucho el cambio de parecer respecto a denunciarle y me preguntaba qué había hecho clic en ella para llegar a esto.
"Es que tenía mucho miedo, Luz. Y no me veía capacitada." Intentó explicarse.
Ella empezaba a romperse y me costaba entenderla, solo quería acogerla entre mis brazos y prometerle que todo iría bien, pero ni yo misma lo sabía. "¿Cómo volver atrás, Ainhoa?"
Repetí sus palabras como un lorito, mientras me concentraba y las piezas empezaban a encajar en mi cabeza. No quería pasar por todo ese proceso, ese análisis, esas preguntas incómodas, esos recuerdos que hacen que duelan las cicatrices de la piel y del corazón, ese juicio externo de alguien que realmente no tiene ni idea de lo que se ha sufrido. La entendía perfectamente. Me parecía que todo ese proceso, todo ése cuestionarlo todo, a veces podría ser peor para las mujeres que lo que habían vivido.
"Ainhoa, no eres una cobarde, ¿vale?" Busqué su mirada y me aseguré de que estaba clavada en mi para asegurarla. "No."
Estaba al borde del llanto y era la persona más valiente que conocía. Y yo era la hija de un guardia civil. "Al menos si lo hago por el resto de las chicas que lo han sufrido, y valdrá la pena, ¿a que sí?"
"Eres un ejemplo." El orgullo que sentía por ella no me cabía en el pecho.
"¿Para quien?" Preguntó.
"Para todas las chicas." Se rió, incrédula. "Al menos para mí." No me pude resistir más y la atrape en mis brazos. "Ven aquí."
Dejé un dulce beso en sus labios y la apreté contra mi cuerpo. Fuerte, segura, valiente.
No la dejé ir tan fácil, aunque la posición no fuera del todo cómoda porque al fin y al cabo ella era más alta que yo. Al cabo de un rato, sentí que su cuerpo temblaba. "Luz..." Rió.
Suspiré y finalmente la hice caso y la liberé. Pero no me fui muy lejos. "Te quiero."
"No sé cómo me aguantas, con todos los dramas que tengo." Rezongó.
Sacudí mi cabeza, entre risas. "Pues a ver..." Me llevé la mano al mentón. "Porque tienes un talento increíble, porque eres muy apasionada, porque cada vez me demuestras que eres más valiente... Ay, yo creo que eso ya te lo dije la otra vez. Porque..."
"Vale, vale, para." Conseguí que riera otra vez y me cortó la verborrea, poniéndome una mano sobre los labios. Yo me limité a besarla. "De verdad, ojalá fueramos unas aburridas e hiciéramos planes simples como quedar para ver una película abrazaditas con una mantita.
Me encogí de hombros. "O gastar la reserva aquella que hiciste en el parador."
"También." Confirmó.
Busqué su mano para entrelazar nuestros dedos. "Mi amor, ya verás como tenemos tiempo de todo cuando el asqueroso este se vaya. No vamos a estar amargadas todo el rato."
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
