Pesadilla

644 52 5
                                        

Ainhoa dejó caer su vaso al suelo, donde se estrelló con un enorme ruido. Me soltó de su agarre y el brazo que hasta ese momento se aferraba a mi cintura, se abrazó a sí misma. Me encogí del susto, no sabía a qué venía todo esto, pero solo con seguir la dirección de su mirada aterrorizada encontré el motivo.

Hugo había despertado.

Sabía que era posible, hasta esperable, que en algún momento Hugo despertara del coma, pero no estábamos preparados para ello, ni mucho menos para que se presentara en el hotel.

Se acercó a ella farfullando que tenía muchas ganas de verla, que se había despertado y solo había pensado en ella. La envolvió en sus brazos y yo no podía hacer que mi cuerpo reaccionara.

Quería ponerme delante de ella, quería volver a empujarle por la barandilla, quería mantenerla lo más alejado posible de él... pero mis pies estaban anclados al suelo. Era como una pesadilla en la que sientes que no te puedes mover.

Ainhoa miró por encima de su hombro y negó con la cabeza ligeramente, llevándole a los asientos que había a un lado. Después de lo que le había hecho pasar, ¡no podía quedarse a solas con él! Ni aunque 'a solas' fuera en medio de una fiesta llena de gente donde todos los estaban observando.

Estaba convenciendo a mis pies para cooperar cuando sentí la mano de Paolo en mi hombro, deteniéndome. "Espera. No va a pasar nada, no lo permitiremos." Me aseguró.

Conseguí moverme para estar en todo momento en la línea de visión de Ainhoa, observando cada gesto y cada palabra que pronunciaba. La veía nerviosa, asustada, cómo no estarlo. Él, sin embargo, no parecía darse cuenta de nada, estaba ajeno a sus sentimientos y totalmente relajado.

"Mamá..." Mi madre se acercó a mi, acariciándome el brazo y brindándome su apoyo, mientras yo estaba al borde del sollozo. Ella tampoco perdía detalle de lo que sucedía en el lado, al igual que mis tías.

Intentaba tranquilizarme. "Creo que no se acuerda de nada, así que será mejor que tus tías y tú os quiteis de su vista, no vaya a ser que se ponga violento o yo que sé, que os quiera buscar problemas legales."

"Pero mamá, Ainhoa..."

Me cogió de la barbilla y me obligó a mirarla. "A Ainhoa no le va a pasar nada, ¿me oyes? Estamos todos aquí y no lo vamos a permitir."

"Pero, ¿por qué tiene que aguantarle? Mamá, ¿tú sabes todo el daño que le ha hecho ese señor?" Intenté persuadirla.

Ella intentaba apaciguarme. "Me lo imagino, cariño. De verdad, vamos a esperar a ver cómo se desarrolla esto, ¿vale?"

"Si es que yo la veo cagada." Rezongué. "Mira, mira, ¿qué le pasa? ¿Por qué se lleva las manos a la cabeza?"

Mi madre puso sus manos en alto, pidiéndome tranquilidad, y se paseo por la sala en su dirección. Alcancé a escuchar como decía algo sobre quedarse en un habitación del hotel y no lo podía permitir, pero de nuevo mi madre se adelantó. "Em, no quedan habitaciones libres para hoy."

Entonces no le quedaría otra que marcharse, ¿no?

Se pusieron en pie y se acercó a Ainhoa, con una sonrisa, mientras seguían hablando. Se acercó tanto que llegó a besarla, aunque ella se giró y tuvo que ser en la mejilla. Me hervía la sangre, cuando por fin vi que se dirigía a la salida.

Mi madre me pidió calma con la mirada, no podía abalanzarme sobre ella con la intensidad que sentía encima, no haría otra cosa más que alterar a Ainhoa. Aún más, quiero decir.

Inspiré hondo y traté de controlarme antes de por fin hacer caso a mis instintos e ir a por ella. "Mi amor, pero ¿qué ha pasado? Pero, ¿por qué está así? ¿Por qué te ha besado?"

Aún así no había podido parar la ametralladora de preguntas.

"No he sabido reaccionar, de verdad..." Se disculpó.

Por qué se disculpaba, si no tenía ningún motivo para hacerlo, si había sido él, por qué asumía la culpa por él. Por qué esa pedazo de mujer se volvía a hacer pequeña frente a él.

Sacudí la cabeza, no tenía sentido entrar en ese debate ahora. "Ya, bueno, voy a asegurarme de que se ha ido, ¿vale?"

Necesitaba salir de ahí, necesitaba calmarme para convertirme algo beneficioso para Ainhoa. Y ahora mismo en este estado, no lo iba a ser. Ella acarició mi pelo, anclándose a mi, pero yo sentía que iba a trepar por las paredes, que iba a gritar en cualquier momento. Mi madre peinaba su pelo, intentando darle el apoyo del que yo era incapaz.

Una mirada a mi izquierda me confirmó que mis tías la apoyarían mientras me desfogaba y yo necesitaba salir de ahí ya.

"Vale." Concedió Ainhoa y no esperé más. "Pero no te vayas sola."

No alcancé a escuchar nada más, pues salí a buen paso del área del restaurante hacia recepción, pero sentí que mi madre iba tras mis talones. "Luz, cariño..."

Mi madre me alcanzó enseguida y tiró de mi brazo, para frenarme. "Para, nos lo vamos a encontrar todavía ahí fuera, Luz, y a ver cómo se lo explicas. Ven aquí y miramos por la ventana."

Me arrastró a un lado de la recepción, desde donde podíamos vigilar la entrada del hotel. "Venga, habla."

"¿Qué dices, mamá? Oye, ¿ése es el coche de Julián?" Continué sin prestarle atención.

Ella se acercó a mí y empezó a mirar igual por la ventana. "Sí. Le tocaba hacer hoy guardia con el taxi. Pues mira, no ha salido nadie más, así que ya tienes confirmación de que se ha largado. Seguro que le lleva a Coscojales." Ya no tenía ninguna distracción. "Venga, va, suéltalo." Negué con la cabeza, pero sentía la rabia asfixiarme. "Luz, suéltalo."

"Joder, mamá." Estallé. Los ojos me quemaban y pronto empezaron a brotar lágrimas que me abrasaban las mejillas, cerré los puños con fuerza, hincándome las uñas en las palmas. "¿Has visto cómo la ha invadido el miedo en cuanto le ha visto? ¿Cómo se ha hecho pequeña frente a él? ¿Cómo no podía decirle que no? ¿Cómo ha asumido la culpa de todo como si tal cosa?" Estaba desatada, andando de un lado a otro, empujando las palabras a través del nudo en mi garganta. "Me duele verla así. No es justo, mamá. Es horrible, es..." Me paré y cerré los ojos. "Ojalá no hubiera despertado jamás." Dije en un susurro, temiendo escucharme a mí misma tal barbaridad, pero ver a Ainhoa negada y sufriendo de esa manera, me hacía desearle la muerte.

Sentí los brazos de mi madre rodearme, su mano en mi cabeza, apretándome fuerte contra ella. "Ya está, mi amor. Estamos con ella y no va a volver a pasar por ello sola."

"No sé si voy a ser capaz de ayudarla." Las lágrimas continuaban cayendo sin control, ahora que me había permitido romperme.

Mi madre sacudió la cabeza. "Es que tú solo tienes que estar ahí para ella y ser fuerte por las dos. Y eso es algo que no te hace falta fingir. Ésa es la única ayuda que tú le puedes prestar."

Me separé, secándome las lágrimas como pude, el maquillaje seguramente echado a perder.

"Me voy a quedar a dormir." Afirmé.

Mi madre sonrió. "Claro que sí. Os diría que os vinierais a casa, pero creo que Ainhoa preferirá estar hoy en su propia habitación."

"Yo creo que sí."

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora