Mi padre había encontrado un resquicio legal para que Paolo pudiera conseguir su nacionalidad y mientras tanto, Martínez y él obviarían la orden de búsqueda y captura que pesaba sobre él, así como el tiempo que había, bueno habíamos, pasado en la celda del cuartel.
Nos sacó de allí y fuimos directamente al hotel, donde todavía estaba mi madre arreglando los papeles de Paolo y todas nuestras cosas. Nuestro amigo se deshacía en halagos y lágrimas y yo ya no sabía cómo consolarle. Entendía que significaba mucho para él, pero ya era mucha intensidad, hasta para mí.
Tuvimos un momento cómico en el que le abracé para consolarle de nuevo y Ainhoa nos miraba de reojo, reacia a tantos gestos de cariño (al menos con él, porque no me pasaba desapercibido que parecía tener la imperiosa necesidad de estar en contacto conmigo todo el rato, aunque discreta y sin sentirse una lapa, y me encantaba), y la arrastré al abrazo mientras hacía que refunfuñaba. Me la quería comer.
Fue cuando Paolo se fue con sus papeles cuando por fin conseguí quedarme a solas con ella como había estado intentando durante todo el día.
No sabía cómo empezar la conversación, aunque aquí y allí ya habíamos tocado varios de los temas y aclarado cosas pendientes. "Nosotras también tenemos mucha suerte."
"¿Ah, sí?" Me apoyé contra la mesa de trabajo de la cocina y ella me imitó, contestándome en un tono curioso por saber a dónde se dirigía esta conversación.
Sabía que se había dado cuenta del cambio en mí, la notaba más ligera a pesar de todo lo que nos había pasado, y veía el germen de la esperanza en el brillo de sus ojos. No quería que esperásemos más.
'Sí." Asentí, buscando mis palabras. "Pues con todo el día que hemos pasado hoy, Ainhoa... Osea que ha sido muy fuerte."
Soltó una pequeña sonrisa. "Ha sido muy fuerte."
"No sé. Me he dado cuenta que en realidad nuestros problemas son..." Los celos, los malentendidos, incluso el no saber comunicarnos en el inicio de una relación, lo cual era bastante normal si lo pensaba bien... eso no era nada cuando teníamos claro que nos queríamos (o al menos yo lo daba por hecho), que nos teníamos la una a la otra y que no nos iban a arrancar de nuestra vida para llevarnos a otro lado.
Ella me echó un cable. "Problemas del primer mundo."
"Pues sí. Son insignificantes, sí..." Me quedé embelesada mirándola. Cuánto la había echado de menos.
Me distraía su sonrisa y se me iba el hilo de pensamientos. "No sé, quizás deberíamos dejar de estar a la gresca, ¿no? y disfrutar un poco de la vida." Me echó un cable.
"Totalmente, sí." Concurrí rápidamente. Quería que estar a su lado, quería que estuviéramos bien, quería que disfrutáramos juntas. "Y bueno, como hoy he recuperado a Paolo, también..." Miré al suelo, algo avergonzada. "Me gustaría recuperarte a ti." Mi voz casi se rompe de la emoción y de las ganas. "Me gustaría mucho."
Su cara se iluminó y tenía esperanzas en que estuviera de acuerdo. "Me parece bien. Hacemos buen equipo, ¿no?"
"Sí..." Musité, con poca decisión. No quería ser solo un equipo, quería ser su pareja, quería que volviéramos a intentarlo y que aprendiendo de los errores, fuéramos más fuertes. ¿No era eso lo que ella también quería? ¿la había leído mal? "Podríamos dejarnos de tantas tonterías y disfrutar y..."
Me resistía a mirarla por miedo a su reacción, a que tuviera reparos a volver, con toda la lógica del mundo después de estos días, y quería terminar mi alegato sobre lo bien que funcionábamos, pero tomó mis mejillas y mis palabras se ahogaron.
Suspiré sobre sus labios, tanto los había anhelado, y disfruté de regresar a casa. Mis manos recorrieron su espalda, cerciorándose de su calor y su firmeza, que realmente estaba ahí y no era un sueño.
Se separó y vi en sus ojos la sorpresa de confirmar lo mismo y la felicidad en su mirada y su sonrisa antes de atraerme de nuevo a ella, tirando de la hebilla de mi cinturón, lo que me volvió loca.
Danzamos al son de nuestra propia música en medio de la cocina, comiéndonos a besos, abrazándonos, acariciándonos, haciéndonos cosquillas, susurrándonos cosas bonitas.
Era tarde y la cocina era solo para nosotras.
Nuestra cocina.
Madre mía, qué resaca emocional de día. Voy a cobijarme en la escena de ayer para seguir sacando contenido, porque la realidad...
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
