Cerca de ti

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Blanca estaba haciendo que la tensión en la cocina subiera. Su relación con Paolo y su inquina hacia Ainhoa me sacaban de quicio.

Tampoco había sido mi culpa que Andrés me llamara a su despacho, quien sabe por qué, para interrogarme. Debía de tener alguna sospecha y yo era a la persona que más conocía. Igual debía sentirme halagada si el que fue muy tío durante años todavía confiaba en mí, pero yo no podía confiar en él.

De igual forma, me insinuó que lo sabía y al final, se lo conté. Pero todo era un farol de Andrés y, pese a como estaban las cosas entre nosotros, sabía que había perjudicado a un amigo.

Y ahora por culpa de su pataleta, Paolo no nos permitía escabullirnos un rato para ver la charla en las jornadas LGTBIQ+ que había organizado Fina y le había recomendado a Ainhoa.

Por lo que me había contado mi novia, había congeniado muy bien con la ayudante del alcalde. Habían estado en el Chelsea tomando algo y charlando. Fina era una tía muy maja y se había sentido bien con ella, hasta le había confiado algunos detalles de su pasado (por qué no bebía alcohol, por ejemplo) y tenían un sentido del humor similar.

A mí, ya solo por haber traspasado las barreras de Ainhoa, sabía que esa mujer merecía la pena. Estaba deseando apuntarme a la siguiente para ver su relación en directo.

Lo que me había sorprendido, había sido la forma de actuar de Ainhoa cuando le dije que fuera ella sin mi.

No me sentía con fuerzas para estar con nadie tras el turno que no fuera mi almohada, pero vi ilusión en sus ojillos y no quería que se quedara sin el plan por mi culpa. Y más después de los dos días de mierda que llevaba entre el sofocón de la terapia y el lío con las drogas de Sara.

Parecía reticente a hacer un plan de lo más normal sin mí. Ésta era la primera vez que tenía una pareja formal, pero las referencias que tenía me decían que era normal, y hasta sano, que cada uno tuviera sus amigos y sus momentos y no fueran a todos sitios como si estuvieran unidos por la cintura.

Me daba la sensación de que esa reticencia y cierto miedo a que me pudiera enfadar tenía nombre, apellidos y una habitación en el hospital más cercano. Que era una de las formas de control que había empleado con ella. Me hervía la sangre.

Intenté actuar con naturalidad, sin darle más importancia o señalar esa actitud de mierda, simplemente mostrando que era algo que no me preocupaba, porque confiaba en ella y en esto que estábamos construyendo.

Y a pesar de esa conversación o quizás por culpa de ella, cuando me desperté a la mañana siguiente, tenía un mensaje de Ainhoa.

"Tenías razón, cariño. Sí que me apetecía poder hacer una amiga en el pueblo y me lo he pasado muy bien. Ya estoy en el hotel y me voy a soñar contigo. Gracias por todo. Te quiero 😘"

Había tanto que quería decirle, quería asegurarle, quería abrazarla tan fuerte y asegurarme de que no le volvía a pasar nada malo nunca más. Pero me intenté condensarlo todo en algo más breve.

"Amor..."
"Te quiero muchísimo ❤️"

Con el turno de mañana en el hotel, nos dio tiempo a comentar poco, pero me encantaba verla así de feliz.

Y odié a la persona en que se había convertido mi mejor amigo desde que le adjudicaron la chaquetilla blanca por buscar la bronca.

Quería entenderle, de verdad que quería, pero no podía comprender cómo podía estar tan orgulloso de haber conseguido el puesto cuando estaba claro por qué lo había hecho. ¿Dónde estaba la humildad de aquel aprendiz que empezó conmigo en estos fogones? ¿Ese chico al que no le salía la salsa del nuevo hacía solo un par de meses?

"Mira, que no le hagas ni caso. Que a mí de verdad que no me importa ser chef. Es que a mí lo que me importa es estar cerca de ti."

Esto sí era humildad, era compañerismo, era amor. Con estas formas me derretía por dentro.

La pobre de Ainhoa se resignaba a ser una cocinera más, pero no podía evitar tener mejor técnica que Paolo y dirigir sin querer, por simple costumbre, algunas cosas que debería hacer él. Y él no se daba cuenta.

Todo esto era muy injusto para ella, que después de todo lo que había pasado, no se merecía ser cuestionada también en su profesión, que se le daba además increíblemente bien.

También era injusto para Paolo. Porque esta señora le soltaría en el momento en que le conviniera y si no abría los ojos, se llevaría la mayor de las hostias. Y aunque no le comprendía y nuestra amistad estuviera en momentos bajos, también me dolía.

Tengo una mala noticia. Se me ha acabado la jornada intensiva y se me está complicando llevar este ritmo. Si no consigo sacar más capis de ventaja, tendré que reducir el ritmo de publicación.

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora