Recuerdos

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El resto de la noche pasó como si fuera un sueño y yo una mera espectadora. Las Lasierra tomaron el mando de la situación y yo puse el piloto automático, sabiendo que estaría completamente a salvo con ellas, que me cuidarían.

Silvia recorrió los pasillos de avanzadilla y avisaba cada vez que la costa estaba despejada para que Luz me guiara de la mano hasta la salida, donde me monté en el coche familiar y me llevaron a su piso.

No había dicho ni una palabra desde que salí de la habitación, pero no me apremiaron a romper mi silencio ni insistieron en que les contase lo ocurrido. Simplemente me acompañaron, me entendieron y me hicieron sentir lo más cómoda posible.

Subimos a su piso y Silvia me dedicó un abrazo antes de que me metiera en la habitación de Luz. "Estoy aquí para lo que necesites, ¿vale? Si quieres hablar. O no. Y tengo todos los abrazos de estos que quieras." Me apretó fuerte y me sentí tan bien, tan querida... Esta familia me hacía sentir así. "Mañana hablaremos con Javier. Algo se podrá hacer, pedir una orden de alejamiento o algo. No puedes vivir así."

Me dejó una última caricia en la mejilla y se metió en su habitación, donde supuse que ya estaría Javi. Al final se nos había hecho tarde.

Me metí en la habitación de Luz y me senté en su cama. Me sentía extraña sin ella allí, a pesar de que ya había pasado un par de noches en ella y no sabía qué otra cosa hacer, pero enseguida mi novia apareció con un par de tazas de chocolate humeantes y un paquete de galletas.

A pesar de todo, sonreí. Me daba muchísima ternura cómo intentaba cuidarme y hacerme sentir bien. "¿Esta cena es tu solución para todos los males?"

"Sip." Afirmó, empujando la puerta con el culo hasta que cerró y sentándose en la cama junto a mi. "No hay nada mejor que chocolate con galletas."

Me ofreció un taza y me abracé a ella. Realmente no hacía frío, pero me encontraba destemplada y el calor que desprendía la taza me reconfortó. "Gracias."

"¿Estás más tranquila?" Preguntó antes de darle un bocado a una galleta.

El chocolate y mi novia intentando ayudarme y no presionarme, me calentaba el alma. "Quieres saber qué ha pasado, ¿no?"

"Si tú me lo quieres contar, sí. Por saber qué te ha dicho y a qué nos podemos atener, porque intuyo que te ha amenazado." Puso su mano ahora libre sobre mi muslo y buscó mi mirada. "Pero solo si tú me lo quieres contar."

Tomé aire y lo consideré durante unos segundos. No quería volver a pasarlo mal recordándolo, pero había cosas que necesitaba saber. "Sigue sin recuperar la memoria." Luz suspiró, algo aliviada. "Pero sabe que estamos juntas." Su mano sobre mi pierna se tensó.

"¿Por eso ha ido a tu habitación? ¿Se lo ha contado su madre?"

Asentí. "Sí. Le dijo que estaba con una mujer." Tragué saliva. "Me acusó de engañarle, de utilizarle cuando solo me gustaban las mujeres y justo me llamaste. Entre eso y lo que ha visto que me proteges, no le ha costado hilar la historia."

Luz no se movía, como temerosa de que cualquier gesto fuera a parar mi relato. Pero no quería ser así, no quería guardarmelo todo para mí cuando ella también estaba involucrada y sabía que la necesitaba a mi lado. Confiar en los demás, como había comentado con la psicóloga. No estaba sola.

"Ha cambiado de táctica para intentar manipularme y que volviera con él insultándote a ti. Pero, a eso, no estoy acostumbrada. No lo he podido soportar y le he plantado cara."

Susurró incrédula. "Mi amor, ¿te has enfrentado a él por mi?"

"Sí." Confirmé. "Le dije que cómo iba a volver con él, cuando tú sí que me hacías feliz. Y ahí me ha levantado la mano." Su respiración se cortó. "No sé qué me ha dado, pero en lugar de resguardarme, le he incitado, le he dicho que me pegase, que solo era un cobarde."

"Joder, Ainhoa, pero me has dicho que no..." Me tomó la mano y entrelazó nuestros dedos. Yo sacudí la cabeza, no le mentí.

Le di un trago al chocolate, ya más templado, para deshacer el nudo en mi garganta. "Parece que no se recuerda así, como un maltratador, así que se ha ido acobardado y todo el miedo y la tensión se me ha venido encima. Por eso estaba ahí en el suelo cuando has llegado."

"Aunque aún no recuerde nada, tengo miedo de que quiera hacerte algo a ti." Le confesé. "Y me sorprendería que algo así no le hiciera recordar."

Besó el dorso de mi mano, aún entrelazada con la suya. "Todo el pueblo está con nosotras. Buscaremos la manera de que se aleje, hablaremos con mi padre, haremos lo que haga falta."

Dejó su taza en la mesilla y me acercó el paquete de galletas. "Pero eso será mañana. Así que cena un poco e intentamos dormir."

Sonreí. Sonaba tan simple y sencillo, y no había nada que me apeteciera más que dormir en sus brazos.

Caí rendida, agotada, y las pesadillas no llegaron, aunque creo que eso fue porque guardaban mi sueño. Me desperté en los brazos de Luz, prácticamente en la misma posición en que me quedé dormida, con ella jugando con mi pelo.

Era algo tarde, la familia ya había desayunado y había salido, pero nosotras no teníamos prisa. Nos preparamos tranquilamente y fuimos hacia el hotel justo para la hora de nuestro turno.

Antes de llegar, Luz me paró y me susurró que todo iba a estar bien, que estaríamos juntas. Clara nos encontró y tuvimos que contarle lo ocurrido y allí estábamos, cuando llegó él.

Las dos se pusieron delante de mí, como mi coraza humana, protegiéndome.

Y él, riendo cínico, porque había recordado todo.

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora