Todavía no me había hecho a la idea de que me había topado con mi padre en la recepción del hotel cuando iba a salir a casa de los Romaña.
No es que esperase que me avisase de su visita, no era ése su estilo. Si acaso era más sorpresa que se hubiera acordado de que ahora trabajaba aquí en Vera.
Intenté librarme de él. Sus visitas eran tan espaciadas en el tiempo y sumamente cortas, sin sustancia, que no quería modificar mis planes por él y menos una invitación de los Romaña. Pero mi padre no pilló la indirecta y cuando le propuse que descansara del viaje y el jet lag del vuelo de Tailandia, que yo tenía una cena, simplemente se apuntó.
Le dio igual que fuera una cena familiar y que solo me hubieran invitado a mi, le dio igual que no tuviera tiempo de avisar de que iba a añadirse. Respiré hondo. Después de todo lo que había pasado, me iba a costar horrores esta visita.
Sinceramente, intenté disociar de la cena en casa de los Romaña, porque me moría de vergüenza. Luz intentaba apoyarme, y hasta Silvia veía que lo estaba pasando mal, pero no mi padre. Él continuaba hablando y demostrando que no me conocía lo más mínimo y no tenía ni idea de todo por lo que había pasado.
El camino de vuelta no fue mucho mejor. Él me contaba sus viajes, creyendo que yo seguía siendo una niña fascinada por todo lo que me contaba. La realidad es que ya no me podía dar más igual y me mantenía en silencio pensando en la horrible cena.
Me desplomé sobre la cama, agotada. Iba a visitar todos mis traumas en tiempo record.
Por la mañana, me desperté temprano y con otro brío, sabiendo que tenía una cita con mi novia. Me encontré con ella a medio camino y la besé con esas ganas que nunca me faltaban, aferrándome a ella. "Buenos días, mi amor." Susurró ella con una enorme sonrisa.
"¿Vamos?" Mis labios la imitaron y cuando asintió, dejé un último beso antes de tomar su mano y poner rumbo.
Fue entonces cuando Luz empezó a indagar, haciéndose la despistada, y a preguntar. Tenía una naturaleza curiosa que, normalmente, me encantaba, pero hoy se me hacía más duro.
Intenté ser neutral, pero no me salía, y al final, es que no tenía sentido ocultarle nada.
Le conté cómo nuestra relación estaba totalmente congelada.
Cómo estaba aburrida de sus idas y venidas, de sus eternas ausencias, de las conversaciones vacías porque nada le importaba más que sus viajes y su arte. Nunca le había importado lo suficiente para quedarse.
Me dolió un poco cuando Luz insinuó que quizás era porque no le contaba las cosas, porque de otro modo sí que hubiera estado.
Es verdad que me costaba compartir las cosas, pero creo que el motivo era precisamente por su ausencia. Había tenido que ser fuerte e intentar simular que todo estaba bien de cara a los demás, para que no se preocuparan, para que no se alejaran también. ¿Y de qué me había servido?
Perdí los papeles y, de repente apareció mi padre y no los conseguí recuperar. Luz me dió ánimos para hablar con él, para contarle todo, y nos dejó intimidad, pero sabía que no iba a salir bien.
Le conté todo de la forma menos suave posible. Le dejé en shock, porque no se lo veía venir. Su reacción fue decir que olvidáramos el pasado, pero cómo iba a olvidarlo si aún dolía tanto.
Le dejé ahí plantado, no tenía nada más que decirle y me fui.
"Mi amor, cómo ha ido..." Me fui, pasando por delante de Luz, haciéndole un gesto con la mano para que me dejara estar y volviendo al hotel, a preparar el servicio y distraerme.
Inmediatamente me sentí mal. Luz únicamente se preocupaba y quería lo mejor para mí y yo me había puesto a la defensiva y no la había tratado como se merecía.
Ojalá mi padre fuera la mitad de lo buen padre que es Javier. Pero no había tenido esa suerte.
Me cambié de ropa y me dirigí a la cocina, poniéndome el uniforme, dejando que la chaquetilla me diera la fuerza que sentia que se me escapaba y me empleé en algo metódico, como limpiar las encimeras.
Un rato después, Luz apareció por allí, también de uniforme. Se acercó a mí lentamente, como si tuviera miedo de que fuera a escapar de nuevo o, yo que sé, a morder.
"Lo siento de verdad, por lo de antes." Me disculpé por fin.
Ella negó con la cabeza. "No pasa nada."
"Que sí, que sí, que te he hablado mal." Insistí. No estaba orgullosa de ello y haría lo posible para que no volviera a repetirse. No me gustaba ser así, menos con ella.
Finalmente aceptó. "Bueno, pero es que está bien soltar las cosas y no quedarse con nada dentro."
"Supongo..." Intentaba volver a la normalidad, evitar el tema del día, cuando, de repente, vi como aparecía mi padre al otro lado del pase, en el restaurante. "No me lo puedo creer. Dime que no ha sido idea tuya."
No hacía falta que me contestara, sus ojos abiertos como platos lo decían todo. Se atropelló con excusas a las que no presté atención, mientras me mentalizaba para la conversación que tenía que tener con él, donde sólo me demostró que nada había cambiado, que seguía siendo el mismo egoísta y que por mucho que decía que me quería, no era suficiente para quedarse y tener una relación conmigo.
Volví a la cocina y esta vez sabía que Luz no había perdido detalle de la conversación. "Ainhoa, yo..."
"Ya lo sé." La interrumpí, porque estaba a punto de pedirme disculpas. "Por favor, hagamos el servicio y ya está. No puedo con más emociones ahora." Suspiré.
Ella asintió y solo añadió. "Te quiero."
"También lo sé." Sonreí triste. "Y yo también a ti."
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
