Ainhoa y Clara me habían acompañado hasta la cocina, no fuera a ser que nos toparamos de nuevo con Hugo, aunque me había dado la sensación en nuestro último encuentro que estaba más preocupado de recuperar a Ainhoa y hundir a Marta que de hacerme algo a mi. Después, habían ido a buscar a mi otra tía y se reunirían con mi padre para buscar algún tipo de solución a todo esto.
Yo hubiera querido ir, pero sabía que no podíamos faltar las dos al servicio y ella era la implicada, así que me tocó darle alguna explicación a Paolo para que me apoyara. Después de todo, él tenía experiencia dirigiendo la cocina.
En medio de la preparación, me fijé en mi madre observando la cocina a través del pase. Cuando su mirada finalmente se posó en mi, la saludé.
"¿Dónde está Ainhoa?" Fue su respuesta.
Dejé el cuchillo y le hice un gesto para que se acercara a la entrada a la cocina. "Se ha ido con Clara y Marta a hablar con papá."
"Menos mal. Yo ya no podía mantener el secreto, ¿eh?" Suspiró. "Pero, ¿por qué? ¿Ha pasado algo más?"
Me froté las manos con el paño que llevaba atado a la cintura, nerviosa. "Nos hemos encontrado a Hugo esta mañana, en la plaza. Dice que ha recordado todo y que va a contar la verdad."
"Madre mía." Se pasó la mano por la frente. "¿Os ha hecho algo? ¿Cómo está Ainhoa?"
"No, no. Clara y yo nos hemos puesto delante de ella. Entre las amenazas de ayer y las de hoy, está muy preocupada, mamá." Suspiré. "Me ha contado lo que pasó ayer y fui muy, muy valiente. Se enfrentó a él por mi."
Mi madre me pasó la mano por el brazo, notaba como empezaba a formarse un nudo en mi garganta. "Se arriesgó a que la golpeara porque empezó a insultarme. Le dijo que jamás volvería con él, porque yo sí que la hago feliz."
"Ufff, cariño. Eso es muy bonito y muy arriesgado." Mi madre se mordió el labio. "Es increíble lo valiente que es." Asentí. "Estamos con ella, no la vamos a dejar sola." Me aseguró. "Algo se nos ocurrirá, ¿vale?"
"Sí, mamá."
Me cogió las mejillas y me dio un beso en la frente, cubierta por la gorrilla. "Cualquier cosa, me avisáis. Si no, os veo luego para ir a casa."
Me intenté concentrar en la preparación del servicio, el tiempo de no saber nada de Ainhoa sabiendo que él estaba por ahí, se me hacía eterno. Paolo intentaba animarme, haciendo bromas y manteniendo el buen humor en la cocina.
Por fin, la vi entrar blandiendo su chaquetilla blanca y solo verla sentí que levantaba una enorme presión que tenía en el pecho. Me dedicó una sonrisa triste antes de tomar nota de todo lo que se cocía en la cocina y ponerse manos a la obra.
"Se lo hemos contado todo a tu padre, pero de momento, la tormenta de ideas no ha dado muchos frutos." Me susurró cuando llegó a mi altura.
Ainhoa había cambiado completamente en cuanto a la comunicación. A veces me sentía mal porque pensaba que lo hacía fruto del miedo a que la dejara, como había pasado la primera vez que Hugo apareció. Pero ahí la culpa había sido también mía, me había quedado todo grande y me había superado. No volvería a pasar y me hartaría de repetírselo.
Le dejé una caricia rápida en el brazo. "Seguro que algo se nos ocurrirá."
Estábamos terminando el servicio cuando mi tía Marta apareció por el pase. "Ainhoa, ¿puedes venir al despacho de Silvia?"
Mi novia me buscó con la mirada y alcé las cejas. No sonaba muy bien. Se secó las manos rápidamente y salió de la cocina.
Cuando terminamos de recoger la cocina tras el servicio y todavía no había vuelto, me preocupé. Dejé a los compañeros comiendo y salí en su búsqueda.
En el despacho de mi madre, no estaba ni ella, que habría ido a comer a casa. Me dirigí a recepción, donde aún estaba José Antonio esperando al compañero de tarde. "Hola. ¿No habrás visto a Ainhoa, por casualidad, verdad?"
"Agáchate aquí." Tiró de mi con fuerza y me senté tras la recepción. "Buenas tardes." Saludó con voz falsa y unos segundos después, me hizo caso. "Perdona, Luz. Justo ha entrado el marido de Ainhoa y llevaba cara de pocos amigos. No quería que te viese." Me ayudó a ponerme en pie y, entonces, recordó mi pregunta. "Juraría que he visto a Ainhoa salir sola hace nada. Se la veía como azorada, que necesitaba aire. ¿Tú crees que se lo habrá encontrado?"
Eché a correr. Salí del hotel y me planté en medio de la plaza. No tenía ni idea de a dónde había podido ir Ainhoa. Miré de un lado para otro, deseando localizar su chaquetilla blanca y, por fin, la vi apoyada a un lado de la entrada, junto al muro.
Se pasaba los dedos sobre las muñecas, sobre las que no apartaba la vista, y su respiración parecía laboriosa.
Parecía un cervatillo asustado, en un rincón, resguardado de los cazadores.
Me acerqué despacio, intentando no asustarla. "Mi amor..." Aún así, no lo conseguí. Se sobresaltó y se giró para ubicarme. Sus ojos estaban resguardados. Alcé las manos, conciliadora. "Hemos terminado en la cocina y os buscaba por si podía ayudar." Sentí la necesidad de explicarme, porque no quería que sintiese que yo también la quería controlar. Solo estaba cagada por ella. "¿Estás bien?"
"Sí, sí..." Miró a su alrededor, buscando algo que no sabía qué era. "Te espero en el almacén." Me dijo antes de largarse y dejarme como un pasmarote.
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Ya nada volverá a ser como antes
FanfictionAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
