He repasado mentalmente mil veces si nos habíamos llegado a rozar antes en algún momento y he llegado a la conclusión de que no, porque el estado de alerta a su cercanía en el que me tiene mi cuerpo desde entonces hubiera sido difícil de obviar.
Y es que nunca me he sentido así. Ni con Paolo, ni con ninguno de los chicos con los que he estado antes. Tampoco había sentido este cosquilleo desde la punta de los pies hasta arriba del todo, hasta la cabeza, por ninguna chica. Y sí, he tenido alguna noche tonta de fiesta en la que me he besado con alguna chica. Pero nada se puede comparar a lo que sentí en ese simple gesto.
Todo esto me ha pillado por sorpresa.
Pero qué iba a hacer. ¿Iba a esconderme debajo de las piedras? Si es que este pueblo es muy pequeño, vive en el hotel de mi familia y coincidimos trabajando en cada servicio. Y claro, de estar todos los días con ella, la he ido conociendo más.
Descubrí más caras de Ainhoa y hasta la llevé a mi casa, cuando me dijo que necesitaba una cocina tranquila. Me enseñó recetas que no conocía con una paciencia infinita y además de sus fortalezas, me dejó ver su cara oscura, sus debilidades. Pero lejos de asustarme, hizo que esto que tengo dentro se hiciera más grande, porque ahora entiendo por lo que ha pasado para tener esa coraza y empiezo a ver que es solo eso, una coraza.
Ainhoa es una tía de puta madre. Profesional, que ama la cocina, amable, dulce, tierna, divertida, confidente, que sabe escuchar...
Y sentí un poco de vértigo, a lo grande que todo esto se sentía, a que fuera la primera vez en mi vida que lo sentía. Así que me enfoqué en Paolo, intentando huir hacia adelante. Pero eso también fue un poco culpa de Ainhoa, que me empujó hacia él creyendo que era lo mejor para mí.
Claramente fue un fracaso.
Sabía que no podía ir a la habitación que había cogido Paolo en el hotel. Mucho menos escuchar su propuesta: no estaba segura de seguir con esa relación como para irme a vivir con él.
No era justo cuando en mi mente solo estaba ella y sus ojos café llenos de agradecimiento cuando la saqué de su pozo en el bar. Cuando prometí que mi madre no se enteraría de su tropiezo. Cuando le dije al desagradable hombre al otro lado del teléfono que se había equivocado y que no volviera a llamar.
Solo con eso noté que se descargaba un enorme peso de sus hombros, pero aún así, me quedé a hacerle compañía para que no volviera a perderse en sus malos recuerdos y pensamientos.
Ya más ligera, continuamos charlando y yo quitándole hierro al hecho de estar dejando plantado a Paolo.
En realidad fui cobarde, utilizándola como excusa, incluso cuando se quedó dormida.
Pero es que verla por fin tranquila, en paz, me dio la paz que yo últimamente no encontraba y solo pude tumbarme a su lado, cerca, a velar que nada ni nadie perturbara su sueño.
...y a quedarme dormida sin querer junto a ella.
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Ya nada volverá a ser como antes
Fiksi PenggemarAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
