Paolo había desaparecido de la preparación del servicio de comidas y no había tenido tiempo de hablar con Ainhoa desde que llegué, estábamos hasta arriba. Al menos, parecía que el ambiente estaba algo menos tirante y habíamos trabajado juntas en sintonía, como antes de que todo pasara.
Ainhoa frunció el ceño, revisando el reloj preocupada y me pidió que intentara averiguar si le había pasado algo a nuestro compañero.
Fue entonces cuando escuché a mis padres hablar de él en los pasillos: ¿cómo que acusan a Paolo de agresión? ¿pero no a nuestro Paolo, porque nuestro Paolo en realidad no es Paolo? ¿que se llama Gaspar? ¿lo han elegido rey mago para la cabalgata y me están vacilando?
Tanto tiempo que había compartido con él y había estado ocultando algo tan importante como su identidad. ¿Le conocía realmente? ¿Quién era esta persona?
En cualquier caso, lo primero que tenía que hacer era hablar con él. Que fuera él mismo quien me contara qué había ocurrido, escucharlo de su boca.
Volví corriendo a la cocina a dejar el delantal. "Luz, ¿ya has conseguido hablar con Paolo?"
"Eh, no." La voz de Ainhoa me detuvo en mis pasos y me acerqué a ella, que terminaba de guardar unas elaboraciones que habían sobrado del servicio. El resto del equipo estaba algo alejado, pero aún así bajé la voz. "Me he encontrado a mi padre. Resulta, que el motivo por el que Paolo se ha ido durante la preparación y no ha avisado, es porque Martínez se lo ha llevado detenido."
Se le quedó la misma cara a cuadros que a mí. "¿Qué?"
"Tengo que ir a hablar con él para que me lo explique, pero..." Eché un vistazo por encima de mi hombro. "Al parecer hay una orden de búsqueda y captura a nombre de Paolo por agresión..."
La pelirroja frunció el ceño y negó. "Eso es imposible, si él no haría daño a una mosca."
"Es que eso no es todo. Es que resulta que él no es Paolo. Por lo que le han detenido es por falsedad documental." Ella seguía en shock, pero yo tenía que ir a verle cuanto antes. "Tengo que hablar con él, Ainhoa."
Eso pareció sacarla de su estupor. "Espera, voy contigo."
Ainhoa dio instrucciones a los compañeros y se despidió por hoy, ya que no había servicio de cenas, y me siguió a los vestuarios, donde yo casi había terminado de cambiarme.
Se quitó la chaquetilla y el top de tirantes que solía llevar debajo en un rápido movimiento. No pude evitar recorrer su espalda desnuda con mis ojos mientras intentaba atarme los cordones de las botas. Se coló un top azul cielo que le dejaba el ombligo al aire y que le quedaba increíblemente bien, antes de cambiarse el pantalón del uniforme por unos vaqueros que le abrazaban perfectamente las curvas. Era preciosa.
Cuando ella hubo terminado de cambiarse, yo todavía me peleaba con el nudo de la segunda bota. Por fin, fui capaz de terminar poco antes de que ella se pusiera sus botas de calle.
"¿Vamos?"
Se soltó la pinza del pelo y los mechones cayeron en cascada sobre sus hombros. Me quedé hipnotizada unos segundos. "Eh, sí... Vamos, vamos."
Le cogí las llaves a mi madre y cogí el coche, para poder ir y volver cuanto antes. Hicimos la mayor parte del viaje en silencio, no encontraba la manera de abordar lo que quería decirle cuando estábamos preocupadas por Paolo.
La miré de reojo y miraba por la ventanilla, con la uña del pulgar entre los dientes. "Ainhoa, gracias por acompañarme."
"No podía quedarme de brazos cruzados. Paolo es mi amigo también. Me ha estado ayudando mucho últimamente."
Eso me sorprendió y la miré de reojo, volviendo la vista enseguida a la carretera. "¿Sí? Me alegro, es un buen amigo."
"Sí, entiendo lo que viste en él. Es una buena persona." Replicó.
La boca me sabía muy agria, tenía que aclarar algo y no iba a ser agradable. "Ainhoa, volver a besarle fue un error. Es que yo no siento nada por él más que una amistad. No sé qué cable se me cruzó, pero no quiero volver con él. Nunca he sentido por él lo que siento por ti."
"Está bien, Luz." Dijo, dedicándome una sonrisa algo cansada antes de volver a mirar por la ventanilla. Me sorprendió la aceptación sin más y no supe cómo continuar, solo estaba preparads para seguir justificándome, así que lo hizo ella. "El beso con Fina tampoco significó nada, lo sabes, ¿no?"
Sonreí de lado. "Sí, lo sé. Estabas tú tan sorprendida como yo al veros." Me reí, aún recordando su cara. "Pero aún así fui tan estúpida como para enfadarme. Lo siento."
"Aclarado entonces, ¿no?" Quiso cerciorarse. Yo asentí, maniobrando para aparcar el coche frente al cuartel, echando el freno de mano. Pero ella no había acabado y continuó cuando ya tenía el coche apagado. "Luz, yo estoy dispuesta a esperarte lo que haga falta. Quiero que sepas también que he hablado con la terapeuta del grupo y me ha dado el contacto de un psicólogo. Voy a empezar a trabajar en todos mis traumas y prometo comunicarme mejor. Se acabaron los secretos, me pesan demasiado, nos pesan demasiado."
Sonreí enamorada, no podía evitarlo, y le iba a decir que ya no tenía que esperar más, que había organizado mis pensamientos, que estaba dispuesta a seguir trabajando en nuestra relación juntas y que me parecía que la idea del psicólogo era muy buena, porque le daría herramientas que yo ni imaginaba para gestionar sus sentimientos y vivir algo más ligera...
Pero unos nudillos en la ventanilla nos interrumpieron.
"Buenas tardes, chicas. Me ha avisado el sargento de que veníais."
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Ya nada volverá a ser como antes
FanficAlgo ha cambiado en Luz desde la llegada de Ainhoa al Hotel La Sierra. Una realización que le ha pillado de sorpresa y para la que solo tiene una certeza: ya nada volverá a ser como antes. Un recuento desde la perspectivas personales de las chicas d...
