Oficiales

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"Bueno, a ver si te tranquilizas un poquito porque es mi novia, ¿vale?"

Los tipos lo pillaron y se largaron, y en otro momento quizás me pondría a pensar en qué se les pasa por la cabeza a gentuza de este tipo para insistir de esa forma a las tías.

Luz estaba muy tensa y pensé que les iba a tirar algo y se iba a joder la noche, así que tenía que hacer algo al respecto y lo único que se me ocurrió fue eso: hacerles ver que no tenían nada que hacer con nosotras.

Por no hablar, de que todavía habremos tenido suerte que no han hecho ningún otro comentario estúpido sobre un trío cuando han entendido que hay algo entre nosotras.

No estaba yo para pensar en las clases de feminismo que todavía hacen falta en las escuelas, porque...

Madre mía, he dicho que somos novias.

Me senté tranquilamente de nuevo en mi sitio, quitándole hierro al asunto. Con un poco de suerte, pasaría desapercibido el comentario y podríamos seguir la cita con normalidad. Ya tendríamos tiempo para ponerle etiqueta a esto, si ella quería, aunque para mí ya fuera así.

"Eeh, no sabía que éramos novias." La miré asustada, no se le había escapado.

Intenté armar una justificación lo más rápido posible para que no se asustara. Después de todo, he vivido y me ha contado en detalle las últimas semanas, mientras me moría de unos celos absurdos, todo el drama que tuvo con Paolo y su amistad con derecho a roce que él no llegó a entender. No quería llegar yo y presionarla, jodiendo lo que sea que fuera esto.

"Que lo he dicho así, sin pensar, que no me he dado cuenta, lo siento." Iba a continuar explicando que me pareció lo mejor para deshacernos de los pesados, pero me calló ella.

"Ya, pues para haberlo dicho sin pensar, te ha quedado muy bonito." Parecía contenta y no terminaba de encajar en lo que pensé que sentiría sobre esto.

Fruncí el ceño y me armé de valor para ser honesta con ella, como había sido ella en el almacén ayer. Y a partir de aquí encontraríamos nuestro camino. "Ay, Luz, es que eres lo mejor que me ha pasado desde hace un montón de tiempo. Y no quiero agobiarte, pero es lo que siento y si tú no lo sientes..."

Sonreía pero me dejaba hablar, no me decía nada y me estaba volviendo loca, porque yo no soy de discursos y menos sentimentales, así que empezaba a no saber dónde meterme. Los segundos se me hacían eternos. Por fin, se inclinó sobre la mesa y en lugar de silenciarme sin más, puso su mano en mi nuca y tiró suavemente de ella hasta que nuestros labios se pegaron.

Fue un beso intenso, pausado.

Aquí, en el medio del Chelsea. Rodeadas de gente del pueblo que harían que el cotilleo corriera como la pólvora y que al día siguiente a la apertura, las de la librería ya tuvieran la última hora. Y lo que más odia Luz es ser la comidilla del pueblo.

¿Qué estábamos haciendo?

"Llevo todo el día intentando decirte esto." Me explicó, apaciguando mis dudas. "Y sí, sí que quiero..."

Me mordí la sonrisa que amenazaba con romperme la cara, pero no podía evitarlo. No solo Luz no había saliendo corriendo despavorida de la afirmacion de nuestra relación, de llamarnos novias oficiales en voz alta, sino que lo confirmaba con gestos, para que todo el pueblo lo supiera.

Intentaba calmar mi corazón, desviando la atención mientras recuperaba su ritmo normal. "Al final vas a llegar tarde al cumpleaños de tu abuela."

"Bueno, no pasa nada si me hago de rogar un poquito, ¿no?" Respondió tranquilamente y supe que era perfectamente consciente de la declaración de intenciones que estaba haciendo y estaba cómoda con ello. La tensión se esfumó y me desinflé. "Osea, ¿que somos novias?" Preguntó juguetona, volviendo a eliminar el espacio entre nosotras.

De repente, me moría de vergüenza. Le había pedido nuestra primera cita de forma totalmente descuidada y había oficializado nuestra relación para quitarnos de encima a un par de moscardones y la tenía así, encantada como si hubiera sido la acción más romántica del mundo.

"Sí, ¿no?" Asentí, todavía nerviosa, buscando mi seguridad en su cercanía, apoyando mi frente sobre la suya, respirando su perfume.

Creo que le estaba encantando verme así, con un poquito de inseguridad y continuó jugando. "Ah, ¿sí?"

"Sí, yo creo que sí." Confirmé, ya más segura.

Se separó y acusé su ausencia, pero se giró de repente hacia la barra y no tuve tiempo de preguntarme qué hacía. "Julio, ¿nos pones otras dos cocacolas a mi novia y a mí?"

"¡Marchando!" Contestó sin batir una pestaña al calificativo que me había dado.

El calificativo y su proclamación a los cuatro vientos no dejaba de sorprenderme y estaba segura que tardaría en dejar de removerme cada vez que lo escuchara.

Se giró de nuevo a observarme y alcé una ceja como pregunta. "Una ronda más y me voy al cumpleaños, pero me apetece pasar más tiempo con mi novia. Que en el restaurante luego no es lo mismo."

"Ah, ¿no? ¿Por qué no es lo mismo?" Me hice la tonta, me tocaba a mí jugar.

"Gracias." Julio dejó las cocacolas sobre la mesa y volvió detrás de la barra. Luz se tomó su tiempo para dar su respuesta. "Pues porque allí tenemos que ser profesionales y no puedo pasar el tiempo contigo como me gustaría."

"¿Y cómo te gustaría pasar el tiempo conmigo?" Pregunté, sugerente, sintiendo que mi inseguridad ya quedaba lejos.

Me limité a enredar sus dedos con los míos y sentí cómo era ella quien se ponía nerviosa ahora. "Pues así, tranquilas, charlando, conociéndonos..." A pesar de que me moría de ternura, tiré de nuestras manos unidas y encontré de nuevo sus labios. "Haciendo esto también."

"Me gusta cómo piensas." Respondí a un suspiro de sus labios.

Ya nada volverá a ser como antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora