Año Nuevo - Midoriya Izuku

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Izuku no podía creer que tuviera que pasar Año Nuevo en el hospital. Está bien, había cientos de personas en situaciones peores, como los pobres médicos trabajando en emergencias, los pacientes de la UCI, y todos aquellos que ponían su vida por delante para servir al público. Sin embargo, que retrasaran su alta porque se veía algo raro en su radiografía de tórax que bien podría ser un artefacto, le aguaba el humor.

Buscó consuelo en la mano acariciando su cabello y suspiró.

—Vamos, cariño, ¡solo será por hoy y mañana ya estarás de vuelta en casa!

—Lo sé... Pero en serio quería pasarla contigo... Recuerda que es mi promesa por no hacerlo cuando estaba en U.A.

—Lo sé, aunque tu salud está primero. Además, quizás así aprendas a no exagerar en tus responsabilidades como héroe. ¡Casi me dio algo cuando me dijeron que te perforaron un pulmón, Izuku! —El algún punto, su voz suave se tornó en un reclamo.

—No fue nada...

—¡Tienes el descaro de decírmelo!

—Bueno, con mis antecedente de fracturas... —bromeó, pero se calló cuando le arrojaron una mirada punzante—. Lo siento.

—Siempre dices eso. Deberías ser más consciente sobre todas las personas que esperamos por ti... ¡No puedes arriesgar la vida como si tuvieras nueve!

A Midoriya le pareció gracioso que hiciera alusión, sin darse cuenta, al One for All, pero se ahorró la sonrisa. Tan solo extendió la mano para buscar la de su interlocutora y le dio un suave apretón.

—¡Prometo que estaré bien!

—Siempre dices eso. Quiero que me prometas que no serás tan temerario.

—Eso no se va a poder, no me gusta hacer promesas que no cumpliré.

—¡No tienes remedio! —se quejó y dejó escapar un suspiro de resignación entremezclada con melancolía—. Como sea, te dieron varios días de reposo, así que prepárate.

—¡Quiero katsudon!

—Oh, y vaya que lo tendrás. Tienes que ayudarme a limpiar la casa, ¿de acuerdo? Te mantendré tan ocupado que olvidarás todo el ajetreo de tu trabajo.

Ambos se miraron fijamente, sin querer ceder a los deseos ajenos porque eran así de obstinados. No fue hasta que tocaron la puerta y la deslizaron que decidieron hacer una tregua momentánea.

—Señora Midoriya, ya terminó el horario de visitas —dijo una joven, dirigiéndole el esbozo de una sonrisa mientras chequeaba rápidamente el resto de las habitaciones con familiares en una carpeta.

—Lo sé... Es solo que... —Inko se miró, conflictuada, las manos—. Me encantaría poder quedarme.

—Y créame cuando le digo que me encantaría tener esta habitación libre, pero las reglas del hospital no nos lo permiten —soltó en tono bromista, dirigiéndole una mirada a Izuku mientras este la desviaba a la ventana, hecho un manojo de nervios—. Le dejo cinco minutos más para que se despida mientras voy a informarle al resto de familiares.

—Gracias —susurró con un suspiro de derrota.

Hablaron un poco más hasta que Inko se despidió con un beso en la frente que, con veintitrés años, Izuku apreció en lo más profundo de su alma. Siempre que la veía, se sentía afortunado de tenerla como su madre.

Suspiró cuando estuvo solo, apenas con el consuelo de la pila de libros y mangas que había amasado gracias a Todoroki, Kirishima y Hagakure. Al menos no se aburriría tanto y, desde su sitio en la cama de la habitación privada, tenía visión de toda Musutafu.

Quiero estar a tu lado || My Hero Academia x ReaderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora