Residencia - Todoroki Natsuo

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Al principio, la entusiasmaba empezar esa nueva etapa de su vida. Se había esforzado para llegar hasta allí, sometiéndose a un sinfín de pruebas con la esperanza de conseguir una plaza en el hospital. Después de todo, corrían los rumores de que los puestos estaban vendidos y ella no quería caer en el mismo círculo vicioso de corrupción.

Era como un sueño hecho realidad entrar y, no solo eso, sino también hacerlo en el ala que quería: neurocirugía. Sabía que para lograr ser una neurocirujana debía recorrer un largo camino, pero estaba dispuesta, aun cuando muchos de sus conocidos la desalentaban porque un paciente de esa área casi nunca sobrevivía.

Aunque eso no era cierto.

Temerosa de esa idea, se halló con la grata sorpresa de que los pacientes sí mejoraban, lento, pero seguro. Se había encontrado con pacientes con escalas de Glasgow en el puntaje mínimo que, de repente, empezaban a mejorar; pacientes a los que se les realizaba craneoplastias posterior a resección de tumores cuando ya estaban estables; pacientes con pérdida de materia gris posterior a un accidente que, contra todo pronóstico, empezaban a hablar. Sí, muchos otros fallecían y había aquellos por los que no se podía hacer nada; pero ella creía que, pese a todo, era una especialidad donde ocurrían pequeños milagros porque los trabajadores no se daban por vencidos.

—¡¿Es que eres tonta?! ¡Te estoy diciendo que bajes y tú subes! Quítenla de ahí y pongan a alguien competente, ¡maldita sea!

Se encogió en su asiento mientras uno de sus compañeros tomaba el mouse para mostrarle la tomografía a la jefa de área, una mujer extranjera cuyo renombre la hacía casi inmune a las amonestaciones, pese a que los trataba como si fueran criaturas insignificantes. Todos los días era la misma historia. La doctora los regañaba por el más nimio de los errores que ni siquiera afectaban a los pacientes. No era permisiva y no escuchaba sus opiniones. Era como vivir en una pequeña dictadura infernal.

—(T/N), ven a mi oficina.

Esas palabras sonaron a sentencia. Se sonrojó cuando todos los presentes voltearon a verla y procuró sonreír cuando una amiga apretó su mano. Estaba posturno, saldría a vacaciones... Ella no podía arruinar eso. No podía, pero...

Y ese "pero" no hacía más que alimentar su ansiedad mientras caminaba por el pasillo.

Tocó la puerta con cuidado, sin querer proyectando el ritmo desenfrenado de su corazón que la aturdía y desordenaba sus pensamientos.

—No es necesario que te sientes. Seré rápida —dijo la mujer, cruzando los dedos sobre el escritorio, la luz mortecina y el aroma aséptico dándole una apariencia aún más aterradora—. Solo es para informarte que, cuando regreses de tus vacaciones, estarás en otro servicio. Solicité tu cambio.

—¿Qué?

—No eres del todo incompetente, pero es lo mejor para ambas y para nuestro servicio.

—Pero... No he hecho nada mal. He seguido los protocolos y...

—Eso es todo.

—No está siendo... —masculló, pero agitó la cabeza. No valía la pena discutir cuando alguien poseía semejante poder sobre ella—. Tenga un buen día.

La chica dejó la oficina con las manos temblorosas. Tenía náuseas y el estómago se le había achicado. ¿Qué demonios era eso? Sí, no se llevaban bien, pero ir hasta esos extremos era poco profesional. Sabía que no debía compararse con los demás, pero ella era mejor que muchos de sus compañeros, cumplía su trabajo a cabalidad y daba un poco más.

Quería alejarse y echarse a llorar, pero aún debía continuar trabajando. Respiró profundo y regresó a la sala de reuniones, evadiendo las miradas curiosas. Procuró sonreír a los internos y resolver sus dudas mientras finiquitaba algunos detalles en las historias de los pacientes. Hizo un recuento de todo lo que debían estar pendientes y se despidió, fingiendo felicidad por tener vacaciones al fin.

Quiero estar a tu lado || My Hero Academia x ReaderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora