A veces se dedicaban saludos deferentes de paso, otras veces compartían la mesa durante el almuerzo, charlando sobre trivialidades. El horario los hizo conocerse para entablar una somera amistad, de esas tan usuales en la vida que se caracterizaban por su efimeridad, porque años más tarde habría un pensamiento esporádico y bien intencionado diciendo «oh, cierto que existía esa persona, ¿qué será de ella? Espero que le esté yendo bien».
Ella, en son de broma, le decía que eran los soldados rasos encargados de la patrulla nocturna esa noche, y él replicaba que, a veces, sentía que solo eran carne de cañón; solían comenzar sus conversaciones con ese intercambio para aligerar el ambiente. Eran solo una casualidad en un destino incierto, pero empezaba a fijarse en ella cada vez más.
Admiraba cómo siempre le sonreía, pese a las ojeras marcándose bajo sus ojos, cómo se mantenía serena mientras el servicio se incendiaba y todos perdían la cabeza, siempre buscando mantener la calma del colectivo y que respiraran. Entonces, en las sutilezas que iba captando de su personalidad, Natsuo empezó a sentirse cómodo, a buscar deliberadamente su compañía cuando la encontraba cenando en el comedor y gran parte de las mesas estaban vacías. Le encantaba escucharla decir que amaba la comida del hospital y que tenía miedo de cuando tuvieran que marchar al hospital de especialidades donde los rumores decían que la comida provocaba arcadas. Empezaba a apreciar cómo lo veía a los ojos, cómo aceptaba sus opiniones y las respetaba. Comenzaba a anhelar que se convirtiera en alguien permanente en su vida. Quería que su amistad rompiera con la concepción de colegas; y más de eso no aspiraba, porque ella lucía tan concentrada en sus pasantías que dudaba que tuviera tiempo para prestárselo a él.
Por eso se sorprendió sobremanera cuando la encontró, deshecha en lágrimas tras una columna de la azotea, alejada del símbolo que indicaba la zona de aterrizaje de los helicópteros. Corrió hasta ella, metiéndose el cartón cálido con café y las galletas que había comprado en la máquina expendedora en los bolsillos del uniforme.
—¡¿Pasó algo?!
La chica respingó, limpiándose la cara rápidamente, como si sus ojos hinchados no revelaran que estuvo llorando.
—No es nada —negó suavemente, pero Natsuo se sentó a su lado cuando notó el tremor de sus manos y la respiración levemente agitada. Parecía un ataque de pánico, pero no lucía tan severo como uno. No quiso insistirle y esperaba que su silenciosa compañía sirviera de algún consuelo. Le tendió el café y las galletas en un gesto fingido de desinterés.
—Gracias... —musitó, aceptando, pero colocándolos en el suelo sin siquiera dedicarles una mirada.
No quiso acribillarla con más cuestionamientos ni miradas incautas, por lo que regresó la vista al cielo. Una nube resplandecía por el fulgor de la luna oculta tras ella. La bóveda nocturna estaba encapotada, apenas dejando entrever alguna estrella eventual cuyo brillo palidecía cada vez más. Un ligero vaho se escapó de sus labios, condensándose a medida que descendía la temperatura. La sintió apoyar su hombro contra el de él, quizás en búsqueda de algo de calor. A Natsuo se le removió algo en el pecho, pero era un sentimiento ambiguo cuando el dolor de la ruptura de hacía ya varios meses aún no cedía.
—Un niño... —Tomó aire entre los dientes—. Bueno, no uno de mis niños, sino de otro servicio... —Pausó unos segundos, controlando el nudo en su garganta—. No pude hacer nada para ayudarlo y... —Agitó la cabeza, queriendo borrar el rastro que habían dejado las lágrimas anteriormente.
Natsuo lo comprendió de inmediato, así que apoyó su mano en el brazo de ella para consolarla un poco. Permaneció en silencio, esperando que ella buscara las palabras para hablar.
—Fue la primera vez que vi a una persona muerta y no quería que fuera un niño. Suena estúpido e infantil, pero...
—Pero es válido —interrumpió Natsuo, recordando muy bien al primer paciente que había fallecido en sus manos, con la diferencia de que el señor Haneda era un anciano que había vivido cuanto quería, como quería, y aseveraba estar viviendo años prestados. A Natsuo lo devastó y buscó refugio en su hermana para poder reunir el valor de seguir adelante.
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Quiero estar a tu lado || My Hero Academia x Reader
FanfictionPuede que nuestros corazones no latan a un mismo ritmo, que nuestras respiraciones no se sincronicen, o que siquiera la silueta de nuestras sombras se entrelacen. Aun así, ¿es mucho pedir que me permitas estar a tu lado? Serie de one-shots. 𝐀𝐝𝐯𝐞...
