Franqueza - Ojiro Mashirao

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Impactó contra el suelo con un golpe seco. La corriente viajó por su médula espinal y la obligó a contener un par de lágrimas. Todos se rieron cual hienas mientras ella se encogía bajo las burlas, maldiciendo la sociedad sobrehumana en la que había nacido.

A la edad de seis años, su kosei aún no se manifestaba. Era la única del salón con ese problema, y los niños, siempre crueles, no dudaban en burlarse de ella. La molestaban, activaban sus particularidades "por accidente" para lastimarla adrede, pisoteaban su autoestima, y recalcaban el hecho de que su padre era un héroe y debía ser vergonzoso para él tener a una hija mukosei.

Sin embargo, llegaba un punto de ruptura en el que la pequeña no pudo soportar más y, a pesar de la crianza que promovía el pacifismo de sus padres, se arrojó al jefe del grupo de niños queriéndolo despedazar.

Ni siquiera movida por la ira, entre patadas, puñetazos y rasguños, su kosei se activó. Quizás realmente no tenía uno, a pesar de que el doctor Tsubasa no había reportado nada mal con su genética. La pudieron separar entre dos profesores y, a pesar de que le dijeron que debía pedirle disculpas al niño mientras este lloraba desconsoladamente, se negó a hacerlo.

—No me arrepiento de nada —anunció, arrugando su pequeña nariz y dejando deslizar una sonrisa de satisfacción al ver los resultados de sus golpes inexpertos.

Alarmados, llamaron a sus padres. Ambos aceptaron cambiar a su hija de escuela para estar bien con el director; sin embargo, le pidieron su versión de los hechos a la niña, escuchándola atentamente. Su madre suspiró y codeó a su esposo al ver la ligera sonrisa bailando en sus labios.

—¿Por qué no nos dijiste? —La mujer se agachó hasta quedar a la altura de su hija.

—No quería preocuparlos —susurró, sintiéndose mal al notar la preocupación reflejada en los ojos de su progenitora.

—Ay, cariño... —Su papá también se acuclilló junto a ella—. Somos tus padres para preocuparnos.

—... —Le temblaron los labios y se hizo la fuerte para no derramar lágrimas—. Pero mamá estaba llorando cuando el doctor dijo que no tenía kosei, estaba culpándose por mí...

—Quieres ser una heroína, y los koseis débiles o la falta de ellos en mi familia son...

—¡Ya no quiero serlo! Todos quieren serlo y, si alguien lastima a otra persona, ¿qué clase de héroe quiere ser?

—Auch —musitó su papá con una sonrisa—. Te apoyaremos en lo que quieras hacer. Sin embargo —sostuvo sus manos lastimadas por arrojar puñetazos sin propósito—, tenemos que trabajar en tu estilo de lucha, ¿no crees? Fue interesante ver en los videos de vigilancia cómo te arrojaste a ellos como una leona, pero te lastimaste a ti misma.

—Además, aprender algún arte marcial puede ayudarte a controlar tu temperamento —agregó la mujer, usando un tono más desaprobatorio que orgulloso, contrario a su cónyuge.

La niña aceptó su trato, decidiendo dejarse llevar por la corriente de un futuro incierto. Más adelante, quizás encontraría un sueño en grande; por los momentos, trataría de conseguir un crepe como premio de consolación por su cuerpo adolorido.

:-:

No se consideraba a sí misma tímida, bueno, no más de lo normal en niños de su edad. Pero se sintió abrumada y cohibida cuando vio a los demás niños ataviados en trajes blancos, pateando el aire, golpeando objetivos, realizando todo con destreza premeditada; todo muy alejado de su aluvión de puños infernales, como había decido llamar a su ataque improvisado.

Eso era arte.

No había otra forma de llamar la magia que evocaban tan pulcros movimientos. Anonadada, se quedó boquiabierta viendo a uno de los niños más altos, pasando casi desapercibido con un kosei físico común y una apariencia demasiado normal. Practicaba en silencio con golpes certeros y ágiles, apoyándose de su cola para maniobrar en el aire como si se tratara del legado del mismísimo Jackie Chan.

Quiero estar a tu lado || My Hero Academia x ReaderHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora