-Sediolde, ya te lo he dicho, estoy bien sola -dijo Shura.
-Pero pasas demasiado tiempo allí. Nunca sales, y las pocas veces que lo haces es para comprar comida -respondió el anciano.
-No siempre. A veces bajo para charlar un rato contigo o cualquier otro.
-Eso es tan solo porque te doy pena.
Ya habían pasado unos meses desde que Shura había llegado al pueblo y matado al demonio. A pesar de que había dicho que tan solo estaba de paso, había decidido asentarse en la casa en la que el demonio se había ocultado. No salía mucho, pero tenía una buena relación con la mayoría del pueblo.
-Sabes que eso no es cierto -dijo Shura.
-¿Entonces por qué llevas mi bolsa?
-¿Quizás porque es muy pesada y tú usas muletas?
Shura se fijó en la pierna del hombre. Había logrado salvarle la vida del veneno, pero su pierna había quedado inutilizada.
-Chorradas. De todos modos, deberías integrarte con más gente. No es sano para alguien de tu edad.
Shura iba a replicar, pero unos gritos llamaron su atención.
En la entrada del pueblo había un carro tirado por un voluminoso animal. En frente suyo, unas personas desaliñadas. Dos de ellos habían agarrado a un niño cada uno y habían posado unas dagas sobre sus cuellos.
Todos los presentes dejaron lo que estaban haciendo y un silencio sepulcral invadió la calle. Una mujer con el pelo corto y un abrigo destrozado, que parecía ser la cabecilla del grupo, dio unos pasos.
-Lamento interrumpirles -dijo-. Tan solo pido su atención durante unos segundos. Como pueden observar, tenemos a dos críos en nuestra posesión, y teniendo en cuenta que mis compañeros no parecen especialmente contentos, yo haría lo que fuese para salvar a estos jovencitos. Por suerte, mis amigos se alegran con poco. Por favor, traigan sus posesiones más valiosas. Quizás eso pueda alegrarles el día a mis colegas.
Nadie se movió durante unos segundos.
-Perdón, creo que no me he explicado bien -dijo la mujer, con un tono mucho más huraño-. Somos ladrones. Hemos venido a robar. Si queréis que estos niñatos sobrevivan, traed todo lo que sea de valor, ¡inmediatamente!
Shura suspiró.
-Sujeta esto -dijo a la par que le daba a Sediolde la bolsa.
La joven se acercó a los ladrones.
-Este pueblo está bajo mi protección -anunció-. Por favor, soltad a los niños y os dejaremos ir.
-Lo siento, niña, pero no creo que estés en condiciones de negociar -dijo la líder de los ladrones.
Shura desenfundó su espada y la luz se reflejó en su blanco filo.
-Soltad a los niños.
La mujer también desenfundó una espada que ocultaba debajo del abrigo. La hoja estaba carcomida.
-¡Oblígame!
-Ya están atados -dijo uno de los habitantes.
Shura miró a los ladrones inconscientes.
-Muchas gracias, Shura. ¿Qué puedo hacer para compensártelo? -dijo el padre de uno de los niños que los ladrones habían abducido.
-No te preocupes por ello. No ha sido nada.
Sediolde se acercó e inspeccionó el carro.
-Comida, joyas... cuero curtido... Todo esto lo han robado en el pueblo de al lado -dijo-. Reconocería este cuero en cualquier parte.
-¿Qué deberíamos hacer con todo esto, Sediolde? -preguntó un hombre del pueblo.
-¿No es obvio? -respondió el anciano- Tenemos que devolverlo. Y ya de paso llevarles los ladrones. Son a ellos a los que les han robado. Tú, chaval -llamó mientras señalaba a un joven de veintialgo años.
El chico, algo escuálido y torpe, se acercó.
-Confío en ti para que lleves el carro al pueblo vecino. Ve inmediatamente.
Sin ninguna queja, unos hombres ayudaron a meter a los ladrones en el carro y el joven partió. En el tiempo que Shura había pasado en el pueblo, se había fijado en que no había ningún tipo de gobernador, pero cuando hacía falta que alguien decidiese cosas importantes, siempre era Sediolde. Era lo más parecido a un líder que había, y todos en el pueblo parecían respetar sus decisiones y nadie le faltaba al respeto. Muchos incluso le llamaban reverencialmente "el Anciano" a pesar de que no era el más viejo del lugar.
-Gracias por encargarte de esos abusones -le dijo Sediolde a Shura cuando ambos empezaron a alejarse.
-¿Necesitas que te lleve esa bolsa? -preguntó la joven al ver que el hombre se tambaleaba intentando llevarla.
-No, estoy bien.
-Como veas. Yo me voy a casa.
-¿Tan pronto?
-Tengo algunas cosas que hacer.
Cuando la joven llegó a su casa lo primero que hizo fue tirarse en un sofá.
Desde que había llegado a ese pueblo, había tenido que detener varios conflictos. Elementalmente el más grande fue el del demonio, pero también había ayudado a los lugareños con otros menos impresionantes. Pronto se había ganado un nombre en el lugar, pero Shura estaba ahí precisamente para lo contrario.
No quería que la encontrasen, y lo primero que hace es matar un demonio. Por suerte, los rumores que pudiesen difundirse, de una mandjetita demonóloga matando un demonio, no eran tan raros, por lo que llamaría relativamente poco la atención.
"Sin embargo, si sigo haciendo cosas como vencer a un grupo de ladrones sin despeinarme tan siquiera, quizás sí que llame más la atención. Soy idiota" pensó. "Bueno... quizás lo esté pensando demasiado. Mientras nadie sepa que soy psíquica todo debería ir bien".
Shura comprobó que todas las cortinas estaban corridas. Luego usó sus poderes psíquicos para hacer levitar una pequeña libreta y se entretuvo un rato practicando su telequinesis.
Adoraba ser una psíquica, pero no podía permitirse que nadie lo supiese si quería mantenerse oculta. Ahora el uso de sus habilidades se resumía en mover cosas por su casa y ayudarse a hacer ciertas actividades físicas, que eran mucho más fáciles mezclando músculo y mente de lo que serían si los usase por separados.
Cuando la joven se cansó de hacer levitar la libreta, se levantó y se dirigió al sótano. Y encendió una vela para poder ver. Tras instalarse en esa casa, una de las primeras cosas que hizo fue organizar esa habitación. Sacó varios trastos, como un pájaro de madera (que decidió usar para decorar su habitación) o una jaula destrozada; redecoró la habitación y pasó todos los documentos del anterior inquilino a ese lugar.
Tras leer buena parte de sus diarios, Shura llegó a la conclusión de que el hombre se trataba de un poderoso demonólogo que había hecho unos experimentos sobre un demonio que había invocado, aunque el resultado no fue precisamente agradable.
Shura se acercó al escritorio y sin querer tiró algo. Se trataba de una especie de medallón con un intrincado patrón que Shura reconoció perfectamente. En el centro había un símbolo que representaba un ojo blanco.
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Esdria
FantasíaHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
