93. La historia de Shura

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 —Se suponía que tenía que estar aquí hace media hora —se quejó Klair mientras se sentaba contra un árbol de madera negra y hojas plateadas. Estaba en uno de los jardines internos del palacio de Mandjet. Solo contenía ese árbol, pero se había convertido en uno de los rincones favoritos del joven Klair y sus amigos.

—¿Te sorprende acaso?

—No. Lo que no entiendo es cómo llega siempre tarde con lo rápida que es.

—Quizás es que se está preparando para ver lo feo que eres. A mí me llevó un rato mentalizarme.

—Muy graciosa, princesita.

—¡Te tengo dicho que no me llames así!

—¡Oh! ¡Perdóneme! No volveré a cometer esa ofensa, lady Shura.

Shura frunció el ceño. Saltó al suelo desde la rama en la que estaba sentada y dio una patada juguetona a Klair.

—Genial, ahora está abusando de su poder —se quejó el chico.

—A veces eres tontísimo.

—Pensaba que creías que lo era siempre.

Shura iba a decir algo, pero sintió un calambre en la espalda. No fue la única, porque Klair también se levantó de golpe cuando recibió una pequeña descarga eléctrica.

—¡Tenéis que estar más atentos! ¡Nunca se sabe cuándo os puede caer un rayo encima! —dijo alguien detrás de los jóvenes.

—Ya iba siendo hora —se quejó Klair.

—Hola, Zea —saludó Shura.

En un abrir y cerrar de ojos, Zea se puso delante de sus dos mejores amigos. Tenía unos intensos ojos amarillos y una melena rubia que le llegaba hasta el cuello, pero que había teñido en las puntas de blanco. En ese momento vestía con una de las típicas túnicas blancas de Mandjet.

—¡Hola, chicos! ¿Estabais esperando a alguien? —dijo rápidamente y con toda la inocencia del mundo antes de convertirse en un trueno y ponerse al lado de Klair— Perdona que llegase tarde, me estaba mentalizando de lo feo que eres. Es mentira. Sabes que eres hermoso. Aunque más por dentro que por fuera —antes de que Klair pudiese responder, Zea se convirtió de nuevo en un rayo eléctrico, viajó en un instante hasta el lado de Shura y retomó su forma humana—. ¡Esa trencita te queda fenomenal!

Zea levantó la mano con la intención de coger la pequeña trenza que Shura se había hecho con un par de mechones mientras esperaba, pero la psíquica se echó hacia atrás.

—¡Quieta ahí! Conociéndote, me quemas el pelo con tu electricidad.

—¡Sabes que soy capaz de controlarme! Además, tu pelo ya es negro, ¡nadie notaría la diferencia!

Shura pasó la mano por su melena de color negro y sonrió.

—¿Qué tal fue la misión? —preguntó Klair.

—Un tostón sin parangón. Ir a Agdenor para escoltar a Lady Sif. ¡Cómo si ella necesitase escoltas! Di que al menos iba Efnu.

—Él también ha vuelto, ¿no?

—¿Por qué preguntas? —rápidamente, Zea se colocó detrás de Klair y empezó a susurrarle al oído— ¿Tienes ganas de ir corriendo a darle un beso?

—¿Qué? ¡No lo decía por eso! —respondió el chico mientras se apartaba.

—Qué pena —dijo Zea mientras se encogía de hombros.

—¿Siguen mis padres hablando? —preguntó Shura.

—Deja que compruebe.

Con el sonido de un trueno, Zea desapareció durante unos segundos antes de reaparecer al lado de Shura.

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