Tras el impacto, Klair golpeó la estantería y varios libros cayeron encima suyo. Mientras intentaba levantarse, recibió otra patada.
—¡Se ha escapado! —gritó Eburneo mientras se acercaba a su hijo para golpearle otra vez.
—¡No es mi culpa que la celda fuese defectuosa! ¡Fue Naidia quien la diseñó! —intentó explicar Klair mientras se esforzaba por levantarse, pero lo único que recibió fue un golpe de la bola con cadena de Eburneo.
—¡Se supone que esta es la prisión más segura del mundo! —gritó Eburneo mientras apretaba los puños— ¡Está llena hasta arriba de miembros de los Ojos! ¡Y tú! Incluso si esa niñata lograba escaparse, se suponía que tenías que dispararla e inmovilizarla. ¿No se suponía que tenías una puntería perfecta? Me han contado que incluso creaste una lluvia de flechas. ¿Cómo has podido fallar?
—Intenta tú acertar a alguien que se mueve entre sombras dentro de un bosque.
A Eburneo no le gustó esa respuesta, por lo que Klair recibió una patada en la barbilla que hizo que se le bajase la capucha. Al ver que su rostro estaba expuesto, el chico intentó volver a taparlo, pero su padre lanzó una daga con cadena hacia la capucha, rasgando el tejido e impidiendo que el joven pudiese ponérsela.
—¿Te haces a la idea del daño que me ha hecho? —preguntó Eburneo con un tono mucho más calmado y frío— ¿Sabes el dolor que me ha causado decirle a Emón que la sombramante ha escapado? ¡Qué horrible fue la decepción en su rostro! Su rostro —Eburneo paró durante un segundo y luego empezó a sonreír mientras se llevaba las manos al pecho y a caminar en otra dirección—... Su rostro. ¡Su rostro! ¡Que rostro más precioso! ¡El único que nunca podrá formar parte de mi colección! ¡Haría cualquier cosa solo por ver una vez más una sonrisa en él! —Eburneo alzó las manos, triunfante, antes de bajarlas lentamente y lanzar una fría mirada a Klair— Pero tú lo has estropeado. Se supone que eres el mejor arquero de Esdria, pero, si ni tan siquiera puedes acertar tus disparos... ¿por qué demonios has nacido?
Klair frunció el ceño, frustrado.
—No me extraña que mamá te abandonase —susurró.
—¿Qué has dicho?
—¡Nada! No he dicho nada...
Eburneo se acercó a Klair y lo agarró por la cara con fuerza.
—Te voy a contar una cosa, "querido hijo" —dijo Eburneo con una sonrisa en su cara. Ese hombre era un yhagal. Casi nunca tenía dos veces la misma cara. En ese momento, tenía una cara con ojos verdes y una barba poblada, pero a medida que hablaba empezó a cambiar, lentamente, pero sin perder esa sonrisa—. Cuando te dije que tu madre nos había abandonado, mentí —la cara de Eburneo seguía cambiando, cobrando rasgos que Klair reconoció. El joven abrió mucho los ojos y un sudor frío empezó a recorrerle la frente a medida que comprendía lo que estaba pasando—. Tu madre nunca nos abandonó. Confió en que las cosas se pondrían mejor... hasta el final.
Eburneo empujó a Klair de nuevo y este se cayó, pero en ningún momento sus ojos se separaron del rostro de su madre. Era tal y cómo la recordaba. Los mismos ojos, la misma nariz... pero no era igual. En realidad, no. No tenía la sonrisa cálida que le reconfortaba cuando era pequeño. No. En el rostro que tantas veces le dijo a Klair que le quería, ahora solo existía una sonrisa burlesca, delatando la verdadera identidad detrás.
—¡Tú! Tú la... la has —dijo Klair con un hilo de voz—... Le has robado la cara... tú...
—¿Qué pasa, hijo? —dijo la voz de su madre— ¿No estás contento? Tus padres están juntos y ya no discuten. ¿No es lo que siempre has querido desde pequeño?
Klair estaba temblando. Le costaba respirar. Una espiral de emociones le envolvía. Ira, tristeza... incluso empezaba a notar al demonio que tenía contenido en su interior. ¿Estaba perdiendo el control? Puede, pero no le importaba. Klair se levantó y, sin dejar de mirar a Eburneo, caminó hacia su arco y lo cogió. En cuanto puso su mano en la plateada arma, un aura verduzca empezó a envolverle, y una flecha etérea apareció en el arco.
Eburneo sonrió y, de cada una de sus mangas, salieron dos hachas de combate. El primer trono de los Ojos Blancos empezó a girarlas, haciendo que chocasen ligeramente y que saltasen chispas.
—Bien. ¡Bien! ¡Adelante! ¡Atácame! ¡Será un placer ejecutarte por alta traición! —gritó Eburneo, extasiado, aún con la voz y la cara de su mujer.
Klair alzó el arco y apuntó a su padre, pero no disparó.
—¡Vamos! ¡Sé que contra mí no fallarás tu tiro! ¡Intenta matarme! Aunque... ¿te he contado alguna vez cómo funciona mi poder? Cada vez que me hieren mortalmente, pierdo un rostro de mi colección y, a cambio, sigo vivo. Así que, ¡venga! ¡Adelante! ¡Dispara a lo único que queda de tu madre! ¡No me importa perder esta cara! Sin embargo, ¿cuántas flechas puedes disparar antes de que llegue hasta ti? ¿Tres? ¿Cuatro? Mi colección es muy grande, tendrías que hacerlo mejor.
Klair siguió apuntando, pero no disparó.
—¿Qué pasa? ¿Tienes dudas? —Eburneo sonrió, más aún si cabe, deformando inhumanamente el que debería haber sido un rostro amable— Oh... ya entiendo. ¡Sabes que no puedes hacer nada! ¡Sabes que no saldrías vivo! Pero, ¿podrás contenerte?
El silencio invadió la sala, interrumpido periódicamente por la colisión del metal de las hachas del general. Lagrimas y sudor recorrían la cara de Klair, pero, tras un rato de indecisión, el joven bajó su arco y el aura verde se disipó y una sensación de cansancio invadió a Klair junto al dolor de sus heridas.
—Eso está mejor —dijo Eburneo, aunque con decepción en su cara. El hombre se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta—. Lord Emón desea que se refuerce la seguridad de la prisión. Para ello se enviarán tropas extra y Zuei te asistirá en esta misión. No podemos permitirnos que Krada escape. Espero un buen trabajo... hijo.
El general salió del despacho de Klair. En cuanto cerró la puerta, se le escuchó hablar una última vez.
—¡Ah! ¡Buenos días, Tirié! ¿Cómo va tu entrenamiento ulemo? Veo que ya eres capaz de usar dos orbes a la vez, ¡enhorabuena! Por cierto, es posible que Klair requiera de tus talentos. Ahora me tengo que ir, ha sido un placer volver a verte.
Al poco, Tirié entró en el despacho. Al ver a Klair completamente magullado, corrió hacia él y empezó a usar sus orbes de Ulema para curarle.
—Klair... He escuchado desde fuera...
El chico no respondió, solo empezó a llorar.
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Esdria
FantasyHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
