El portal al mundo de los demonios variaba su tamaño de forma irregular, como una llama a la merced del viento.
Shura se acercó a sus amigos mientras se quitaba las lágrimas con el brazo.
—¿Estáis bien? Vuestras heridas...
—No te preocupes —dijo Tenai—. El enanito ya nos ha curado. Ahora tenemos que centrarnos en parar a Emón.
—¿Realmente creéis que podemos vencerle? —preguntó Tirié, asustada— Mirad lo que le hizo a Eburneo...
—No nos queda otra.
—No tenemos que vencerle. Solo tenemos que evitar que abra el portal completamente —dijo Klair.
—Eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
—Ya, pero no tenemos tiempo.
Sin decir más, Klair tensó su arco y una flecha etérea salió disparada hacia Emón. A pesar de estar de espaldas a los jóvenes, el dios se percató y la espada negra que tenía a su lado se interpuso entre la flecha y él, deteniéndola.
—¿Realmente vais a intentarlo? —preguntó Emón sin girarse para verlos.
—No vamos a dejar que abras ese portal, papá —dijo Shura—. Lucharemos si hace falta.
—No me sorprende. Después de todo, eres mi hija.
Emón se giró y tomó sus dos espadas. Bajó las escaleras de la tarima y alzó su hoja flamígera, señalando a los jóvenes, gesto con el que aceptaba el duelo. Al bajarla de nuevo, comenzó otro ataque psíquico, esta vez contra todos sus contrincantes. No era ni de lejos tan agresivo como el que lanzó sobre Eburneo, pero sí más que los de Shura durante su entrenamiento.
Shura y Klair podían defenderse a sí mismos bastante bien, pero notaron como los otros no pudieron moverse. La psíquica se esforzó y empezó a escudar parcialmente a sus amigos del ataque, por lo menos lo suficiente como para actuar.
Shura se lanzó hacia Emón. Se estaba esforzando demasiado para usar su poder de forma defensiva, pero aún podía usar su espada. Tenai hizo lo mismo. El ataque psíquico requería de casi toda su concentración, no podía usar su sombramancia, pero su cuerpo aún recordaba el ritmo del combate.
Las hojas de las dos chocaron con las de Emón, que desvió los ataques con maestría. Klair empezó a disparar su arco repetidamente. Sus flechas etéreas iban dirigidas directamente hacia Emón, evitando a las jóvenes, pero el rey las esquivaba grácilmente.
Sver y Tirié lograron concentrarse en sus orbes a pesar del esfuerzo que suponía defenderse del ataque psíquico. Cuando fueron capaces de usarlos, ambos intentaron transmitir a Emón una sensación de cansancio extremo, lo suficiente como para dormir a cualquiera, pero no surtió efecto ninguno. Al percatarse, ambos empezaron a usar los orbes de una forma más ofensiva. Tirié lanzaba los suyos como proyectiles a alta velocidad y Sver transformó el suyo en una cadena con la que intentó inmovilizar al rey.
A pesar de recibir constantes ataques de cinco fuentes diferentes, Emón los desviaba o los esquivaba sin dificultad, casi como si bailase entre ellos. Finalmente, Klair logró disparar una flecha que habría acertado directamente en el blanco, pero el hombre desapareció de golpe y reapareció al lado de Klair. Le golpeó con el antebrazo y lo mandó contra la pared. Antes de que el chico se pudiese recuperar, Emón alzó su espada flamígera y de esta salió un trueno que impacto contra Klair. La descarga no era mortal, Emón se aseguró de ello, pero sí lo suficiente como para incapacitar al chico temporalmente.
Al ver el cambio de posición, los ulemos redirigieron sus orbes hacia Emón, pero este usó su telequinesis y los lanzó contra el suelo. Sver y Tirié intentaron tomar el control de nuevo, pero el rey ejercía una presión constante, manteniéndolos fijos en el suelo.
Shura se volvió a lanzar contra su padre. Sus espadas chocaron con cada ataque de la chica, pero él nunca contraatacaba.
—¡Ahora, Tenai! —gritó Shura.
Desde que Klair quedó inconsciente, Shura empezó a escudar más a Tenai, lo suficiente como para que esta pudiese usar su poder. La chica agarró la sombra de Emón, dio un tirón y Emón salió despedido hacia el portal, cayendo al borde de este.
Shura usó su telequinesis para volar hasta su lado, y le atacó con la espada. Emón bloqueó con la suya propia y la joven empezó a empujar, con toda su fuerza y con su telequinesis.
—¿Pretendes empujarme por el portal? —preguntó Emón, que no se movía ni un ápice— No es una mala idea.
Luego usó su telequinesis para lanzar a Shura contra Tenai. Después buscó las mentes de Sver y Tirié para conocer su posición. Estaban juntos, al lado de la de... Klair. ¡Le habían despertado!
El rey dirigió la mirada hacia ellos, pero era tarde. Klair ya había cogido una de las gemas de su arco y absorbido el poder demoniaco que contenían. Para cuando Emón puso su mirada sobre él, Klair ya había tensado su arco.
El chico liberó la flecha empoderada, golpeando a los pies de Emón y liberando una explosión que le empujo lo suficiente como para que su cuerpo cayese parcialmente dentro del portal. El hombre intentó salir de nuevo, pero los orbes de Ulema, ahora liberados, le golpearon, empujándole definitivamente hacia el interior.
Lo último que se vio de Emón fue su mano, abierta, como si pidiese a alguien que nunca llegó que le agarrase. Sin su sustento, el portal se cerró. El ataque psíquico que los jóvenes sufrían desapareció.
—Lo logramos —dijo Klair con un hilo de voz, sorprendido.
Sver, Tirié y él se acercaron a Shura y Tenai mientras aún estaba la una sobre la otra. Las ayudaron a levantarse.
—¿Se acabó? —preguntó Tenai.
Shura se acercó al cristal sobre el que estuvo el portal y se quedó mirándolo. Sver se acercó a ella.
—No es necesario que me consueles —dijo Shura mientras se quitaba una lágrima de la mejilla—. Esta era la única opción.
—Lo sé —respondió Sver—. Pero sigue siendo tu padre. Es normal que te duela.
—Mi padre... Hizo muchísimas cosas malas. No debería sentir pena por él. No debería sentirme así.
—Pero aun así te duele. Es normal —Sver posó una mano sobre el hombro de Shura.
Esta miró a su amigo y le abrazó entre lágrimas, buscando consuelo. Su mente daba mil vueltas, sentía una sensación compungida en la garganta. Se había acabado, pero no sentía ningún tipo de satisfacción. Tenai también se acercó para consolar a su amiga.
Tirié miró a Klair. Unas lágrimas también se escurrían sobre su mejilla.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
—Odio tener que verla así. A Shura, digo... y saber que Emón ya no está aquí.
—¿Cómo? ¿Por qué dices eso? ¿No fue él el que metió ese demonio dentro de ti?
—Emón creyó que el demonio no sería tan peligroso para mí. Desde entonces, se aseguró de que tuviese la mejor vida posible. Me dio aposentos en el palacio para controlar mi evolución, me enseñó a controlar el demonio, me dio el arco para liberar el poder y... siempre estuvo ahí para mí. Yo nunca fui su hijo, pero siempre estuvo ahí para mí. Fue una mejor figura paterna que mi propio padre.
»¿No te parece gracioso? Llevo mucho tiempo trabajando con Krada y justo ahora concibo completamente el hecho de que he traicionado a Emón. Es gracioso, ¿no?
Klair apretaba los puños con fuerza mientras más lágrimas empezaron a cubrir su cara. Tirié le abrazó.
A pesar de su victoria, todos se sentían débiles. Mostraron su vulnerabilidad, bajaron su guardia.
La ilusión fue un éxito. Eso era todo lo que un psíquico experto como Emón necesitaba.
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Esdria
FantasyHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
