48. Aurixe, capital de Agdenor

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 Sver notó cómo alguien lo balanceaba.

 —Venga, despertad —dijo Shura.

 Habían estado viajando a Aurixe, la capital de Agdenor para cumplir el pacto que habían hecho con el demonio Exeri. Shura no quería detenerse más de lo necesario, por lo que, por las noches, ella dirigía a Lars mientras Sver y Tenai dormían encima del animal.

 Cuando Sver se despertó, lo primero que encontró fue la pierna de Tenai encima de él y, al apartarla, tiró a la joven del animal sin querer. El grito de la chica espabiló a Sver lo suficiente como para desperezarse.

 —¡Ten cuidado, idiota! —exclamó Tenai mientras se llevaba una mano a la cabeza.

 —¡Perdón! —apresuró a disculparse Sver— Me había olvidado de que estábamos encima de Lars.

 —Me da igual que ahora Lars deje que te subas a él, ni se te ocurra volver a hacerlo.

 —Veo que has despertado con buen pie —dijo Shura mientras tendía una mano a Tenai para ayudarla a levantarse.

 —Y yo veo que la princesita conoce la ancestral técnica de la ironía y... ¿Qué demonios es eso?

 Tenai se quedó anonadada. Ante sus ojos, en el horizonte y bañada por las primeras luces del amanecer se hallaba Aurixe, capital de Agdenor.

 Se encontraba en un golfo. Alrededor de toda la costa había cientos de casas, pero lo más impresionante se hallaba en el centro del golfo. Rodeado por una muralla conectada a tierra a través de tres puentes, se encontraba el legendario cadáver del demonio asesinado por Emón, hace ya mucho tiempo. Parecía vagamente humanoide, pero estaba enormemente fragmentado. La enorme figura yacía acostada sobre lo que parecía una colina. Le faltaba un brazo, ambas piernas y la mitad derecha de la cabeza. Su cuerpo estaba hecho de una especie de cristal morado opaco, pero por varias grietas salían enormes cascadas.

 Por toda la superficie, los habitantes de la ciudad habían construido caminos y edificios de color grisáceo, que, desde la distancia, parecían hilos que vestían los restos del demonio. Sin embargo, en el centro del pecho, se encontraba un grupo de numerosas y enormes torres.

 —¿Veis esas torres? —comentó Shura— Son el palacio de Agdenor.

 —Así que ahí es donde los nobles más importantes de este país se esconden —dijo Tenai.

 —No solo ellos. En realidad, es una base para demonólogos de los Ojos Blancos.

 —¿Estuviste aquí alguna vez? —preguntó Sver.

 —No. Nunca me lo permitieron. Pero sé qué hay ahí dentro.

 —Déjame adivinar, la gema que tenemos que recuperar, ¿no?

 —Y también el portal al mundo de los demonios.

 —¿Cómo? —preguntaron Sver y Tenai a la vez.

 —¿No lo sabíais? ¿A qué creéis que me refería con el desastre de Aurixe?

 —¡Por supuesto que no lo sabíamos!

 —Oh. Creía que era conocimiento común. Hace años, cuando Exeri sirvió a Emón, lo traicionó y abrió un portal en el corazón del demonio. No es un portal demasiado grande, por lo que tengo entendido, pero no deja de ser peligroso. Por suerte, los antiguos generales pudieron detenerlo.

 —¿El portal sigue abierto? —preguntó Sver.

 —Bueno... es un poco complicado. Sigue activo, pero el sello de Sif impide que nadie entre o salga, ya sea demonio o humano.

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