Sver y Shura esperaban pacientemente ante el sello que les impedía el paso: un mallado de brillantes rayos de luz blanca ardiente. Klair estaba sentado comprobando que su arco no hubiese recibido ningún daño, mientras que Tirié caminaba de un lado a otro, impaciente.
—¡No me lo creo! —dijo— ¿Cómo hemos podido dejar que vaya ella sola?
—Confía en Tenai. Si ella dice que puede vencer a Naidia, es que puede —aseguró Shura.
—¿Estás segura? Podría ser que su arrogancia por una vez le haya salido cara. ¡A lo mejor está muerta!
—No te preocupes, Tirié. Tenai es impulsiva, pero te aseguro que es confiable —dijo Sver con una sonrisa.
—Bueno... si tú lo crees.
Unos pocos segundos después, el sello desapareció permitiendo acceso.
—¡Tenai lo ha logrado!
—Entonces, vamos, no tenemos tiempo que perder —dijo Shura.
—Quien nos espera ahora es tu hermano. ¿Estás lista? —preguntó Sver.
—Por supuesto que no, pero no hay otra opción.
Subieron unas escaleras y llegaron a una enorme sala circular de piedra blanca. Dos dragones de piedra guardaban el acceso al altar.
—Rezzo y Naidia están muertos, ¿no? —dijo Efnu. Estaba sentado en la mano de uno de los dragones de piedra— Y, por desgracia, los que vienen a enfrentarse a nosotros sois vosotros. Sabía que Shura se oponía a Emón, pero tú, Klair... creía que estabas de nuestro lado.
—Efnu, sé que te sientes traicionado —se intentó explicar Klair—, pero tienes que entenderlo. Yo...
—¡Cállate! ¿Es eso otra mentira? Tengo que admitir, te subestimé. Te creía un mentiroso terrible, pero nos has engañado a todos. Si lográis pasar, ¿qué pretendes? ¿Quieres matar a Emón? ¿Después de todo lo que hizo por ti?
—Efnu, solo quiero hacer lo que es necesario para salvar Esdria, por supuesto que no quiero matar a Emón.
—Pero lo harías. Y tú, Shura... ¿Realmente estás dispuesta a enfrentarte a nuestro padre?
—Efnu, esto no es una cuestión de preferencia —dijo la psíquica, mientras desenfundaba su espada—. Hay que parar a Emón.
—¿Y por qué estás tan segura?
—¿Acaso no sabes lo que pretende hacer? Quiere liberar los demonios.
—Ya lo sé.
—¿Y aun así le ayudas?
—Por supuesto. Papá dice que podrá controlarlos y yo confío en él.
—Efnu, tú no eres demonólogo. Y él tampoco. Ambos subestimáis a los demonios.
—Y tú le subestimas a él. Lleva siglos preparando esto. ¿De verdad crees que no lo tuvo en cuenta?
—Por supuesto que lo ha tenido en cuenta, pero sigue fallando. Emón es un psíquico excelente, pero no ha conocido los confines del alma. Y menos la de los demonios. Efnu, por favor, tienes que confiar en mí. Ayúdanos a...
—¿Confiar en ti? —gritó Efnu— ¡Desapareciste, Shura! ¡Desapareciste! ¡Justo cuando mamá murió! ¡Has estado desaparecida por más tiempo del que he querido contar! ¡Y además apareces con Klair! ¿Tengo que recordarte que nos ha estado engañando durante quien sabe cuánto tiempo? Shura, no puedo confiar en vosotros.
Efnu saltó al centro de la sala y desenfundó sus dos espadas. De su espalda brotaron dos enormes alas dracónicas.
—No os voy a dejar pasar —dijo, estoico.
ESTÁS LEYENDO
Esdria
FantasyHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
