Shura abrió los ojos. El cielo estaba completamente despejado encima de ella. Lo único que bloqueaba su inmensidad azul eran las hojas de un árbol. Curiosamente eran plateadas, como las de su árbol favorito dentro del palacio.
La chica se sentía adormilada, así que volvió a cerrar los ojos para dormir un poco más... Un momento... ¿Hojas? En Mensenktet no había plantas. Shura abrió los ojos de golpe y se incorporó. Estaba en un jardín del palacio de Mandjet. Un patio interior con un árbol de madera negra y hojas plateadas, el mismo en el que jugaba de pequeña. Luego se percató del peso en su costado. Apoyado en ella, aun durmiendo, estaba Klair sin su capucha.
—¡Quita de encima! —dijo Shura mientras le empujaba.
Klair se despertó y, por un instante, estuvo tremendamente confundido.
—¿Qué? ¿Dónde estoy? —preguntó mientras analizaba su entorno, antes de que sus ojos se posasen en los de Shura.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras con esa cara?
—Tu pelo...
—¿Qué le pasa a mi pelo?
Shura fue a agarrarse el pelo, pero no agarró ningún mechón. Tuvo que subir la mano para encontrar uno. ¿Alguien se lo había cortado? Su confusión pasó a sorpresa cuando vio su pelo. No estaba teñido de blanco. Era negro, su color de pelo natural.
—¿Qué demonios? ¿Qué le ha pasado a mi pelo?
—¿Ya habéis despertado, bellos durmientes? —preguntó una voz desde la copa del árbol.
Tanto Klair como Shura levantaron la mirada. Colgada de las ramas, había una chica de intensos ojos amarillos y corta melena rubia teñida en las puntas de blanco. De un salto con una acrobacia en el aire cayó en frente de Shura.
Esta la miró, anonadada. La psíquica la reconoció inmediatamente, jamás podría olvidar ese rostro. Alzó una mano, casi como si quisiese tocar el rostro que la miraba, pero sin atreverse por si lo hacía desaparecer.
—Zea —dijo en un murmullo, sin creerse que su propia voz llamaba ese nombre.
—Eh... sí. Ese es mi nombre, princesita. ¿Pasa algo? ¿Pareces rara? —respondió Zea, extrañada.
Sin decir más palabra, Shura se abalanzó sobre su amiga y la envolvió en un abrazo mientras sollozaba.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Zea— ¿Estás bien? Shura, agradezco el abrazo, pero... esto está empezando a ser raro.
Sin esperar mucho, Zea pellizcó a Shura, dándole una descarga eléctrica y haciendo que saltase hacia atrás.
—¿Te lo puedes creer Klair? —dijo mientras se apoyaba sobre el hombro del chico— Hoy nuestra dama está ñoña. ¡Ja! —esperó un momento, pero su amigo no respondió— ¿Klair?
Zea le miró, pero el chico también estaba sin habla. La chica también le pellizcó, haciendo que saltase con una descarga eléctrica.
—¡Espabilad! ¿Qué mosca os ha picado?
—Estás viva... —dijo Klair, con lágrimas en sus ojos.
—Eh... sí. Es lo que pasa cuando naces... que estás vivo. ¿Se puede saber por qué os comportáis de forma tan extraña?
—Tú... te vimos... Yad te...
—¿Qué demonios tiene Yad que ver con esto?
Shura y Klair se miraron mutuamente.
—Zea, nos infiltramos en el palacio de Yad y él... te mató —dijo la psíquica—. Luego... Mamá murió y... ¿Tenai? ¿Dónde está Tenai? ¿Y Sver? —la joven miró en varias direcciones.
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Esdria
FantasíaHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
