—Tengo que admitirlo, las vistas son bastante impresionantes —dijo Tenai.
Sver y ella observaron los acantilados que daban al mar y se maravillaron con la catarata que salía de un bosque cercano. La proximidad al mar creaba un agradable contraste con las montañas que no estaban demasiado lejos. La suave brisa que mecía la hierba aportaba cierta tranquilidad al lugar.
—La verdad es que podría quedarme aquí un buen tiempo. ¿No crees, Shura? —comentó Sver antes de girarse hacia la mandjetita, pero no la vio a su lado— ¿Shura?
—¡Estoy aquí! —dijo ella. Por lo visto se había quedado algo atrás.
—Hoy vas lenta, princesita —se burló Tenai cuando Shura les alcanzó.
—Oh, no, solo me quedé un poquito atrás admirando el paisaje —respondió la psíquica, quitándole importancia—. Hacía mucho que no veía el mar.
—¿Y el mar te hace sudar?
—Es el calor, no te preocupes.
—Hum. ¿Quieres subirte a Lars conmigo un rato? Sver puede seguir a pie.
—¿Por qué no te puedes bajar tú? —preguntó el ulemo.
—¿Nos vas a forzar a mi querido hoschi y a mí a separarnos otra vez?
—Eso no...
—Tranquilos, no os preocupéis. Puedo seguir caminando sin problema —dijo Shura.
Sver y Tenai optaron por hacerle caso y todos continuaron con su camino, aunque su amiga en casi ningún momento iba a su lado. Casi siempre iba unos metros detrás de ellos. Incluso si Tenai indicaba sutilmente a Lars que redujese la velocidad, Shura no era capaz de alcanzarles.
Más tarde, empezaron los tosidos. Al principio era ligero, una pequeña tos cada hora o dos, pero se volvió peor rápidamente. Pronto, Shura empezó a tener ataques de tos más severos, pero siempre que le proponían subir a Lars o que Sver usase su orbe para examinarla, ella rechazaba. Siguieron así hasta que llegó un punto en el que Sver y Tenai no pudieron ignorarlo más. Shura cayó al suelo y empezó a toser. Sus amigos se detuvieron instantáneamente y fueron a socorrerla. Mientras tosía, se fijaron en que estaba temblando y cubierta de sudor. A pesar de eso, la mandjetita estaba agarrando con fuerza su collar.
Sver usó su orbe de Ulema para intentar a curar a Shura de lo que quiera que estuviese sufriendo y, tras un minuto, la joven paró, quedando completamente derrotada.
—¡Shura! ¡No puedes seguir así! —exclamó Sver.
—No os preocupéis. Es algo que me pasa a veces. En un rato estaré mejor, de verdad.
—¡Ni hablar! Tú vas a ir encima de Lars mientras Sver usa su orbe —objetó Tenai y, sin dar a Shura una oportunidad para oponerse, la levantó del suelo y la llevó hacia el animal.
Con un poco de ayuda de Sver, subieron a Shura al animal y, mientras se dirigían hacia la linde del bosque en el que habían decidido pasar la noche, el chico usó su orbe para intentar encontrar lo que le ocurría a Shura.
Al llegar la noche, prepararon un fuego cerca del bosque y se aseguraron de que una Shura temblante recibiese bastante calor.
—¿Has sido capaz de averiguar qué le pasa? —preguntó Tenai.
—La verdad es que no —respondió Sver mientras seguía usando su orbe para aliviar el dolor de su amiga.
—¿Cómo que no? ¿No se supone que los ulemos sois buenos médicos?
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Esdria
FantasiHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
