100. El tercer templo

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 Sver caminaba primero. El pequeño orbe brillaba ligeramente, indicando la dirección hacia el tercer templo de Ulema. Estaban relativamente cerca gracias a que Shura les hubiese teletransportado de nuevo hacia Oronus.

—¿Estamos realmente seguros de que los Ojos no nos van a atacar? —preguntó Tenai.

—Ya tienen la gema. Tienen cosas más importantes de las que ocuparse —respondió Shura.

Sver miró hacia atrás. Shura y Tenai iban montadas encima de Lars. Las heridas que habían sufrido en el combate contra los Tronos estaban completamente curadas. Tenai había recobrado completamente su energía y actitud insolente, pero Shura estaba ida. Solo respondía cuando la hablaban, y solo de forma mínima.

Sver se paró.

—Ya es bastante tarde. Creo que lo mejor es pararse a descansar la noche. El orbe de Ulema brilla bastante, así que mañana deberíamos encontrar el templo sin problema.

—Por mí bien. Tengo hambre —comentó Tenai.

Shura no respondió, pero se bajó de Lars y empezó a preparar el campamento de manera casi sistemática. Tras unos minutos lo tenían casi todo listo y, tras encender una pequeña hoguera, Sver y Tenai comenzaron a cocinar mientras Shura tenía su mirada perdida en las llamas.

—No es tu culpa que perdiésemos la gema, Shura —dijo Sver.

La mandjetita alzó la mirada.

—Perdona, ¿qué has dicho?

—Que no es tu culpa que Emón haya recuperado la gema. Desde que te despertaste has estado muy...

—En tu mundo —completó Tenai.

—Es una forma de decirlo —coincidió Sver con un suspiro—. Es por lo de la gema, ¿no?

—No —respondió secamente Shura.

—¿Entonces?

Shura apartó la mirada y se abrazó las piernas.

—Cuando me estaba enfrentando a Efnu, me dijo que el dolor que me llevó a huir seguía ahí. Y, como casi siempre, tenía razón. Pensaba que lo había superado, pero, cuando vi a mi padre... todo vino de golpe. La muerte de Zea, la de mi madre... Y lo peor de todo es que, en cuanto lo vi, quise abrazarlo.

Sver se acercó y se sentó a su lado. No dijo nada, pero sacó su orbe de Ulema, que empezó a brillar con un suave tono anaranjado. El chico se lo ofreció a Shura y esta lo cogió en sus manos, aceptándolo y empezando a sentirse algo mejor.

—Gracias. Sé que no debería sentirme así, y mucho menos quejarme delante de vosotros.

—Pero, ¿qué dices? —preguntó Sver.

—Mi padre ha hecho demasiado daño a mucha gente. Es una persona horrible. No debería echarle de menos. Además, a vosotros os ha quitado mucho. A ti, Sver, te ha quitado a tu maestro. Y a ti, Tenai... a ti te lo ha quitado todo. No tengo ningún derecho a sufrir cuando tú has pasado por...

—Anda, cállate —interrumpió Tenai—. Da igual que alguien se ahogue en un río o que alguien se ahogue en el mar. A fin de cuentas, ambos están muriendo. Tú también has perdido a gente que te importa. A tu amiga, a tu madre... incluso a tu padre cuando te enteraste de sus planes.

—Aun así, no debería echarle de menos.

—Emón es una persona horrible. Por su culpa, mi familia está muerta. Pero no deja de ser una persona. Te ha criado y te ha dado una infancia feliz, ¿no? Es normal que lo eches de menos.

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