—Creía que habrías mejorado, pero veo que solo vas a peor —dijo Krada.
—¡He mejorado! —soltó Tirié, frustrada— A parte, ¿en serio tienes que volver a portarte así en los entrenamientos? ¡Cuando me enseñaste la manipulación de emociones no te portaste así!
—No sé de qué me estás hablando.
Tirié se llevó las manos a la cabeza, frustrada. Ya había pasado un tiempo desde el día que aprendió a usar manipulación de emociones. Ese día, unos demonios se habían escapado y Klair perdió el control de su parte demoniaca y Krada enseñó a Tirié como utilizar la manipulación de emociones, que usó para calmar a su amigo.
En los días sucesivos, Klair quiso asegurarse de que Krada no podría escapar de su celda, por lo que los entrenamientos de Tirié con su maestro se interrumpieron hasta poco después de la Floración.
—¡Ese día te portaste bien! —rechistó la joven.
—Si quieres que me porte bien, haz bien lo que te pido.
—¡Lo he hecho bien! —en ese momento a Tirié le daba igual la cara de sorpresa de la guardia que la había acompañado a la celda de Krada.
—Entonces hazlo mejor. En cualquier caso, se nota que no has estado entrenando fuera de esta celda.
—¿Quieres saber por qué?
—A ver qué excusa se te ocurre.
Tirié alzó un brazo y un segundo orbe de Ulema empezó a flotar junto al primero alrededor de la chica.
—¿Qué te parece? —dijo con una sonrisa de satisfacción— He leído que se puede usar más de un orbe a la vez y decidí que quería intentarlo.
Krada no dijo nada durante unos segundos. Tirié pensó que lo había sorprendido, y así era. El ulemo se quedó sin habla. Usar múltiples orbes era una técnica muy avanzada. Obviamente, su alumna no lo dominaba, pero aún así era todo un hito. ¿Cuántas horas lo habría estado intentando?
Krada pensó durante unos instantes y agradeció que la puerta de su celda tapase su sonrisa.
—Ni si quiera los mantienes a flote bien —dijo finalmente—. Tienes que dividir tu atención equitativamente en cada orbe. Con lo torpe que eres es un milagro que al menos floten. Estás intentando volar sin tan siquiera saber gatear.
—Pues enséñame a hacer ambas —exigió Tirié, poniendo más confianza en la voz de la que tenía.
Silencio.
—Está bien —cedió finalmente Krada.
La siguiente hora fue excesivamente dura. El ulemo cambió la forma de entrenarla y llevó a Tirié a su límite.
Cuando no pudo más, dieron por finalizado el entrenamiento y la joven volvió a los pisos superiores de la prisión, sufriendo cada tramo de escaleras.
Finalmente llegó al despacho de Klair y entró sin llamar, como ya se había acostumbrado a hacer tras todas las veces que entraba y salía de ahí en un día normal. Lo que no se esperaba, fue encontrar a Efnu ahí.
—Hola, Tirié —saludo el príncipe—. Perdona, nos dejarías a Klair y a mí un momento a solas. Prometo no quitártelo durante mucho tiempo.
—Ah... no, todo tuyo.
Y Tirié salió de nuevo al pasillo.
Klair observó como Tirié cerraba la puerta.
—¿Por qué no quieres que entre? ¿Hay algo que tengas que decirme? —preguntó extrañado.
—Más bien es una pregunta —respondió Efnu.
—Está bien. Dispara.
—¿Qué hacías en Agdenor? ¿Y por qué llevaste a Tirié?
—¿Qué? ¿Cómo lo sabes?
—O sea, qué es verdad. Fuiste a buscar a Shura, ¿no? Y cuando Tirié se enteró quiso acompañarte para ver a Sver, ¿verdad?
—¡Efnu lo que estás diciendo es un disparate! Saidas no los pudo encontrar durante semanas, ¿cómo esperas que yo lo hiciese?
—Pero los encontraste. Sé qué estuviste ahí. Y qué acabaste enfrentándote a ellos.
—Efnu...
—Klair, para. ¿Tengo que recordarte que se te da fatal mentir?
—Está bien. Sabía con más precisión que Saidas la posición del templo ulemo de Agdenor. No sabía dónde estaba concretamente, pero sí mejor que él. Entonces pensé, ¿por qué no voy yo? Podría hablar con ellos. "Capturarlos" sería mucho más fácil si iba yo, sobre todo si Tirié venía conmigo. Por lo menos más fácil que si hubiese ido cualquier otro trono. El resto solo saben que hay que capturarlos y ya.
—¿Y por qué no me dijiste que te acompañase? Podría haberte apoyado si la cosa se torcía.
—Si te lo digo te reirías.
—Sabes perfectamente que no me reiría de ti. Puedes decirme lo que sea.
—Está bien. Quería que mi padre estuviese orgulloso de mí. Bueno, el mío y el tuyo.
—¿Cómo?
—Hace un tiempo me dijo que estaba orgulloso. No sé, pensé que si los capturaba podría, ya sabes...
—Y como se escaparon, preferiste no decir nada. Así no decepcionarías a Emón y mucho menos a Eburneo, ¿no?
Klair asintió.
Efnu cerró los ojos un momento, mientras evaluaba esa información. Luego puso una mano sobre el hombro de su amigo.
—Klair, eres una buena persona. Y no tienes que demostrarle nada a nadie, menos aún al monstruo de tu padre.
—Lo sé, Efnu, pero eso no quita que vea lo bien que te llevas con tu padre y me da algo de envidia. Todo el mundo se pasa el día diciendo que mi padre antes era una persona completamente distinta, ¡alguien bueno!
—Ya, pero ahora no es así.
—Lo sé... Y eso solo lo hace más difícil.
Sin decir nada, Efnu abrazó a su amigo y este le devolvió el abrazo.
Klair sonrió, por un lado, porque lo que había dicho de su padre tenía una pizca de verdad y porque apreciaba el apoyo de su mejor amigo. Por el otro, porque como compinche de Krada, su mayor logro había sido convencer a todos de que era un mal mentiroso.
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Esdria
FantasyHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
