Al amanecer, lo seis jóvenes se reunieron en el comedor del templo de Ulema, esperando la llegada de Krada y Yad.
—Estoy empezando a perder la paciencia —dijo Tenai mientras caminaba en círculos—. ¡Sver! ¿Sabes dónde está ese estúpido maestro tuyo?
—No tengo ni idea —admitió el chico—. La última vez que lo vi fue ayer por la noche antes de ir a dormir.
—Y me temo que yo estaba con Sver, así que no puedo deciros mucho más —añadió Tirié.
—Esto sonará estúpido, pero, ¿podría ser que se hayan quedado dormidos? —preguntó Klair.
—Ambos fueron generales de Emón —recordó Efnu—. No solo eso, si no que fueron los que solucionaron el desastre de Aurixe. Es imposible que simplemente se hayan quedado dormidos.
—Es verdad, pero no se me ocurre otra explicación. Shura, ¿podrías intentar detectar sus mentes? —preguntó Klair.
—Lo voy a intentar —la psíquica cerró los ojos durante unos segundos. Cuando finalmente los abrió, negó con la cabeza—. No están.
—¿Cómo? —preguntó Tenai— ¿Podría ser que no los hayas detectado?
—No. La mente de todo el mundo deja una pequeña marca imposible de esconder. No están aquí.
—¿Podría ser que hayan intentado ir solos a Mensenktet? —preguntó Sver.
—Difícilmente. El arma de Yad sigue aquí —explicó Klair.
—O sea, que esos dos cobardes han decidido huir. ¡Genial! —exclamó Tenai.
—¿De verdad crees que podrían haber huido? —preguntó Tirié.
—Tampoco es la primera vez que Yad lo ha hecho. Y no confío en que ese maestro vuestro sea mucho mejor.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer?
—Creo que la solución es bastante obvia —dijo Efnu mientras se acercaba a la mesa en la que estaba la lanza de Yad y la cogía—. Vamos a Mensenktet y detenemos a Emón.
—¿Y cómo llegamos hasta allí?
Las alas de Efnu batían con fuerza, impulsando al dragón y haciéndolo cada vez más rápido. Las vistas habrían sido impresionantes a medida que sobrevolaban el mar, pero los otros estaban demasiado ocupados intentando que el fuerte viento no les arrancase del lomo de Efnu. La tarea resultó tan difícil que Shura tuvo que usar su telequinesis para salvar a Klair y evitar que cayese al océano.
Tras un largo trayecto, vislumbraron Mensenktet en el horizonte. El portal al mundo de los demonios ascendía como un pilar hacia el cielo, donde desaparecía en una enorme nube negra. Efnu redujo la velocidad.
—¿Es eso la tormenta de Nuberu? —preguntó Shura.
—No —respondió Klair—. Sus tormentas deberían haberse disipado ya.
—Entonces, ¿qué puede ser?
La nube empezó a moverse de forma extraña. Klair tuvo que entrecerrar los ojos, pero por fin fue capaz de identificar lo que estaba ante ellos.
—¡Eso no es una nube! ¡Son demonios!
En cuanto anunció la verdadera naturaleza de la masa negra, varias figuras aladas se separaron de ella y se acercaron hacia ellos. Sin esperar, Klair empezó a disparar con su arco. Efnu no se demoró en unirse a él, lanzando gigantes llamaradas de fuego blanco.
A pesar de su iniciativa, la enorme cantidad de demonios pronto les abrumó. Sver y Tirié usaban sus orbes transformados en lanzas para empalar a las criaturas y Shura usaba su telequinesis para golpear unos contra otros. Por su parte Tenai usaba su poder para agarrar las sombras de sus compañeros y evitar que cayesen.
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Esdria
FantasyHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
