El mausoleo del palacio de Mandjet. Ahí es donde se honraba la memoria de los siervos de Lord Emón, ya fueran valerosos caballeros, grandiosos héroes o simples cocineros; allí todos compartían su descanso eterno.
Se situaba bajo el palacio mismo y se dice que su tamaño es tal que todos los habitantes de Mandjet, la ciudad más poblada, podrían entrar ahí y tener cada uno espacio de sobra.
El mausoleo era un enorme pasillo de enormes proporciones. El techo, muy por encima de las cabezas de aquellos que pudiesen estar dentro, estaba recubierto por millares de cristales que simulaban el aspecto de estrellas brillantes en el cielo.
Las paredes y los pilares estaban hechos de un hermoso mármol blanco, a ambos lados había murales que representaban los eventos históricos más importantes; y el suelo estaba cubierto a su vez por plaquetas de mármol negro encuadradas en marcos dorados.
En el centro del pasillo, había en fila estatuas de aquellos que sirvieron enormemente al dios de la Luz. A lo largo de las paredes, plantas enredaderas, con flores plateadas y brillantes y tallos oscuros recorrían todo el pasillo. Al ras del suelo, contra los muros, se encontraban las lápidas, cada una marcando el nombre de a quien recordaba y una descripción de esa persona. Sobre cada inscripción, había una pequeña luz flotante, símbolo de que aquellos que habían fallecido siempre brillarían junto a los vivos.
Era justo al lado de una de estas tumbas donde Efnu y Klair se encontraban.
—No creía que fueses a recuperarte tan rápido del veneno —dijo Efnu.
—Bueno, ya conoces el poder que fluye por mis venas —respondió Klair—. Resisto bastante bien la mayoría de venenos. El que me sorprende que se haya recuperado tan rápido eres tú.
—Ya... Bueno, ella no era tan cercana para mí como lo era para ti, pero supongo que no podía faltar.
—Significa mucho que estés aquí...
Klair agachó la mirada y se quedó en silencio. Efnu posó su mano sobre su hombro.
—Klair, no fue tu culpa —dijo el príncipe.
—Puede, pero...
No dijo más y el silencio invadió la habitación durante unos segundos.
—Tal y como suponía, estabais aquí —sonó una voz detrás de ellos.
Al reconocer la voz, los dos jóvenes se giraron y se arrodillaron. Después Efnu habló:
—No esperábamos verle, Lord Emón.
Ante ellos, se encontraba Lord Emón, el rey de Mandjet, dios de la Luz y el Trueno, el Dragón Blanco.
—Tranquilos. Aquí no hay nadie que nos pueda ver, podéis levantaros —dijo el hombre.
Efnu y Klair se levantaron y Emón se acercó a ellos.
—Lamento mucho lo que pasó ese día.
—Papá, la culpa no fue tuya tampoco —dijo Efnu—. Quien la mató fue...
—Lo sé, pero el error táctico fue mío. Klair, nuevamente te pido perdón por su muerte, sé que los dos erais muy buenos amigos.
—No, Lord Emón —respondió Klair—. No hace falta que se disculpe... De todos modos, hay una cosa que quería preguntarle.
—¿De qué se trata?
—Tirié... ¿ella ha sobrevivido al veneno?
—Sí, es una chica fuerte. Yo mismo me encargué de monitorear su recuperación, así que puedes estar tranquilo.
—Lord Emón, tampoco era necesario que se involucrase tanto.
—No fue molestia. Además, Krada, a pesar de ser un traidor, fue un buen amigo. Lo menos que puedo hacer es asegurarme de que su alumna no muera.
—Pero no deja de haberte traicionado —dijo Efnu—. Planeaba matarte. ¿Por qué lo haces por él?
—No solo lo hago por él, también por vosotros y por la chica. Aun así, hubo un tiempo en el que Krada me fue sinceramente fiel. No sé que cambió en él, pero creo que no pasa nada por honrar nuestra pasada amistad de alguna forma. Además, Tirié ahora mismo está bajo mi servicio.
—¿Sabes por qué Krada te traicionó?
—Tengo algunas teorías, pero quiero ir un día a darle una visita. Klair, no es molestia que vaya a tu prisión a ver a mi viejo amigo, ¿no?
—Por supuesto que no, su Majestad. Además, ahora que solo está Krada, será mucho más seguro y podremos dedicar más recursos a recibirle como es debido.
—No. De hecho, quiero que refuerces las defensas de la prisión. Krada es extremadamente peligroso bajo las condiciones apropiadas. No podemos permitirnos que escape bajo ninguna circunstancia.
—Entendido.
—Papá, ¿crees que Tirié pueda seguir siendo fiel a Krada? —dijo Efnu.
—No. Tirié nos dio el diario de su maestro por voluntad propia.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Por varios motivos. Para empezar, solo envió a uno de sus alumnos lejos. Si ambos estuviesen involucrados, no habría dejado a ninguno quedarse.
—Podría ser para que pensases que Tirié no tiene nada que ver.
—Lo dudo. Eburneo y su equipo encontraron en el diario la identidad de otros traidores que habían estado cooperando con él.
—Quizás un sacrificio para permitir a su alumna entrar en nuestras filas.
—Lo dudo. Entre los contactos de Krada, había gente con cargos con bastante poder y muy valiosos. Además, tú no conoces a Krada. Es una persona que no delataría a sus compañeros de esa forma.
—Hum.
—Efnu, me imagino que ya hayas pensado en todo lo que te dije. ¿Por qué preguntabas?
—Antes de enfrentarnos al hechicero, había conjurado ilusiones para jugar con nuestras mentes. Cuando fuimos a rescatar a Tirié, una ilusión de su antiguo compañero la estaba echando en cara que había traicionado a Krada. Creo que es posible que se arrepienta.
—Lo tendré en cuenta, pero creo lo que le duele es haberse alejado de su amigo.
—¿De verdad? —preguntó Klair.
—Me imagino que sí. Bueno, eso ahora no es importante. Había venido para hablaros de otra cosa.
—¿El qué?
—Quería felicitaros. Por la misión. Tenía dudas de que pudieseis vencer al hechicero en caso de que se escapase, pero habéis demostrado ser más que merecedores de vuestros puestos. Aún así, eso es lo de menos. Recuerdo cuando eráis más pequeños. Os habéis hecho mucho más fuertes. Estoy orgulloso de vosotros.
—Lord Emón, no hace falta que nos felicites, solo estábamos haciendo nuestro trabajo.
—Era una misión difícil. Siendo sinceros, lo que hicisteis fue algo admirable.
—Gracias, su Majestad —dijo Klair.
—Gracias, Papá —dijo a su vez Efnu.
—No, gracias a vosotros por vuestra ayuda. Sé que puedo confiar en vosotros. Ahora, me imagino que queráis seguir guardando vuestro luto. No os molesto más, chicos.
Sin decir nada más, Lord Emón desapareció. Se había teletransportado a otro lado sin dejar rastro.
—Siempre que veo a tu padre me felicita por haber hecho bien mis misiones. ¿Es siempre así? —preguntó Klair.
—Solo con algunos y siempre en privado.
—Entiendo. Debe ser agradable saber que tu padre te diga con frecuencia que está orgulloso de ti.
ESTÁS LEYENDO
Esdria
FantasiHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
