Shura, Sver, Tenai, Tirié y Klair, subieron las escaleras hasta que llegaron a una gran bóveda de piedra blanca. Ahí mismo, les esperaba la recepción: Rezzo, séptimo trono de los Ojos Blancos y maestro demonólogo. A su lado, sentado con piernas cruzadas, había un demonio humanoide. Vestía con una túnica gris sucia y rasgada, su piel era azul grisáceo y de su frente brotaba un enorme cuerno de intenso color azul. Tocaba tranquilamente una campana.
—¡Mira por dónde! ¡Si son los niños rebeldes! —se burló Rezzo— ¿Y qué es eso? ¡El crío de Eburneo nos está traicionando! ¡Eso no le sentará bien al honor de tu padre, chaval!
—Cállate. Siempre fuiste una patética excusa de demonólogo que solo se esforzaba en lamer las botas de Emón —dijo Klair, provocando la risa de Shura—. Ahora, ¿quieres hacer un favor y morir sin hacer mucho ruido?
—¿Acaso se te ha olvidado? ¡Soy el mejor demonólogo de la historia! Y, por si eso fuese poco, Lord Emón me ha dado la ayuda de este demonio mayor. ¿A que sí, Jyi?
—La única razón por la que sigues vivo es porque Emón ha puesto este estúpido anillo en mi mano —dijo el demonio.
—Lo que significa que tienes que seguir mis órdenes. Pero, tranquilo, pronto me lo agradecerás —Rezzo sacó de debajo de su capa una piedra de color ámbar—. Con este nuevo desarrollo, serás más fuerte que nunca. Ahora, ¡álzate! ¡Álzate y destroza a esos críos!
La gema empezó a brillar, pero no pareció haber ningún efecto. Sin embargo, el demonio levantó la mano. El anillo que Emón le había puesto, se había tornado del color de la ceniza y se deshizo fácilmente. Jyi sonrió.
—Creo que has cometido un error en tu hechizo, demonólogo. No me siento más fuerte, pero sí más libre —dijo Jyi mientras se levantaba y dirigía su mirada hacia Rezzo—. No es ideal, aún siento el peso del pacto al que Emón me ha forzado... pero solo ese. Ya no siento la necesidad de hacerle caso a nadie más. Incluyéndote a ti.
Rezzo empezó a temblar.
—Por el nombre de Emón, te ordeno que...
No pudo terminar. El demonio se lanzó sobre él, mordiéndole el cuello. Sus incisivos pudieron crear una fuerte hemorragia, pero eso no fue el final. Jyi continuó mordiendo, y con cada mordisco arrancaba carne que rápidamente consumía.
Tirié no pudo aguantar y apartó la vista del asco.
Tras un rato, el demonio se levantó e intentó limpiarse malamente la boca con su manga. Finalmente dio un suspiro de felicidad antes de girarse para recibir a los invasores.
—Hay muchos olores —dijo—. Todos ellos fétidos, desagradables. El olor de una sombra turbulenta, agitada. La peste de ese ulemo que me derrotó hace tanto, impregnada en dos retoños de ceniza. El indistinguible olor de alguien semihumano, indudablemente brote del monstruo que me selló.
—Oh, ancestral ser de más allá del velo, ¿con quién tenemos el honor de hablar? ¿Podríamos colaborar en su evidente cruzada contra el rey envuelto en blanco? —se apresuró a decir Shura, claramente nerviosa.
—Guarda tu palabrería, heredera —respondió Jyi—. Ignoras tres factores. Primeramente, el dragón ha mostrado su dominio, ha limitado mi voluntad. Segundamente, vuestro hedor es repugnante, una ofensa a la vida misma. Finalmente, no he terminado de hablar.
»Entre todos vuestros putrefactos olores, hay vestigios de un perfume, pero está encerrado en una grasienta carcasa —el demonio señaló a Klair—. Entre todos, tu aroma es el más asqueroso de todos, el más mugriento. Si el de los demás es una ofensa a la vida, el tuyo es una ofensa al alma. Y no a un alma cualquiera: a la de mi querida hermana, apresada en ese blando caparazón al que llamas cuerpo.
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Esdria
FantasíaHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
