Los jóvenes solo pudieron mirar, con una mezcla de asco y confusión, cómo Krada se agachaba y pintaba con su propia sangre runas alrededor del charco rojo que se había formado. El hombre luego hundió un pequeño cristal en el charco mientras cantaba en voz baja algún encantamiento.
Krada dejó de sangrar y la superficie del charco empezó a tambalearse. Su centro empezó a alzarse y siguió haciéndolo hasta formar un alto pilar de sangre, que luego adoptó una forma humanoide. La sangre se introdujo en la figura, revelando a un alto hombre pelirrojo cubierto de un pesado abrigo carmesí.
—¡Krada! ¡Viejo amigo! ¡Empezaba a dudar si te acordarías del hechizo! —exclamó Yad jovial.
Sin embargo, la alegría de su voz se disipó en cuanto notó la frialdad del acero contra su piel. Shura y Efnu habían desenfundado sus espadas y las habían apoyado contra él. Desde la distancia, Klair había preparado su arco, listo para atravesar la cabeza del hombre con una de sus flechas.
—Que recibimiento más amigable... —dijo Yad, con voz fría.
—Haz un solo movimiento brusco y haré que desees que te hubiese matado en Varod —respondió Shura.
—Tan arrogante como su padre.
—¡Majestad! ¡Por favor! ¡Conténgase! —suplicó Krada, con un hilo de voz. Había perdido bastante sangre y se sentía débil.
—Deberías haberte esperado en vez de invocar a este cretino sin consultarlo con nosotros.
—Es nuestra única opción.
—¿De verdad? —preguntó Yad, con tono sarcástico— ¿Soy vuestra única opción?
—Te recomiendo cerrar la boca mientras aún tienes una —amenazó Klair.
—Creo que no lo voy a hacer. Mucho ladrar y poco morder. Vosotros tres sois perros de Emón, ¿no? Y viendo que estáis aquí con Krada en vez de disfrutando los lujos del palacio, asumo que vuestra pequeña traición no os ha salido bien.
—Por lo menos no nos ha ido peor que a ti —soltó Efnu—. Te hacías llamar "rey", pero tus acciones solo han puesto a tu nación en una guerra contra Oronus, todo para huir en el momento en el que te ves en un peligro real.
—Veo que la situación no impide que uses tu buena lengua, oh, príncipe dorado.
—No te burles. Yo habré ayudado a Emón, pero tú has permitido a todos tus soldados permanecer durante años en las fronteras. ¿Sabes que es ahí donde Emón ha concentrado la mayoría de sus demonios? La sangre que mancha tus manos no es solo la de Krada.
—Niñato engreído...
Una luz brilló por encima de ellos y una bruma de colores verdes y azules les cubrió.
—¡Ya basta! —exclamó Sver tras usar su orbe de Ulema para calmar a todos— Shura, Klair y Efnu. Sé que este es el hombre que mató a vuestra amiga, pero ahora necesitamos su ayuda. Alejaos de él, por favor.
—¡Espera! ¿Ese a quien escucho es Sver? ¡Hola, Sver!
—Yad, tú deja de actuar con tanta prepotencia.
El primero en retirarse fue Efnu, que enfundó sus espadas y dio unos pasos hacia atrás. Sin embargo, Klair y Shura seguían listos para atacar. Respectivamente, Tirié y Tenai les tuvieron que convencer. La primera, se interpuso entre el arco de Klair y Yad, y la segunda posó una mano sobre el hombro de Shura y le dedicó una mirada de comprensión. Junto con el efecto calmante del orbe de Sver, fue suficiente para que guardasen sus armas.
—¡Excelente! —exclamó Yad— Ahora que las presentaciones de rigor están hechas, ¿por qué me habéis invocado?
—Yad, necesitamos tu arma —explicó Sver mientras enviaba su orbe de ulema hacia Krada para ayudarle a recuperar fuerzas.
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Esdria
FantasiaHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
