92. La verdad

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 Después de que Shura huyese hacia las montañas en su forma de dragón, Sver y Tenai no tardaron en ir detrás de ella. Independientemente de lo que había pasado, era su amiga.

 —¿Estás segura de que vino en esta dirección? —preguntó Sver.

 —Mira, a los sombramantes nos contrataban como rastreadores. Confía en mí —dijo Tenai mientras se subía a una roca.

 —Está bien, pero más te vale que no te equivoques. No sé si podremos salir de aquí.

 Siguieron moviéndose por el escarpado terreno durante toda la mañana hasta que llegó un momento en el que Sver apenas pudo seguir por el cansancio. A pesar de las quejas de Tenai, tuvieron que parar a descansar.

 —Tienes diez minutos —dijo la sombramante con cierta frustración.

 —Vale... aunque déjame probar una cosa.

 Sver cogió su orbe de Ulema y se concentró. Ya había intentado usar su capacidad para percibir sentimientos antes, pero sin éxito. Shura habitualmente era capaz de evadir ese sexto sentido de Sver, pero quizás...

 Sver se levantó de golpe.

 —¡Vamos! —dijo, mientras tiraba del brazo a Tenai.

 —¿Qué pasa?

 —¡He detectado un sentimiento en esa dirección!

 —¿Cuál?

 —Tristeza. O arrepentimiento. No estoy seguro.

 Los dos corrieron y escalaron hasta llegar a una zona con algo de hierba. En lo alto de una roca, abrazando sus propias piernas, estaba Sura.

 —¡Shura! —gritaron Sver y Tenai mientras se acercaban.

 —¡Oh! Hola, chicos... —dijo Shura mientras se quitaba una lágrima con las manos— No sabía que ibais a venir.

 —¿Estás bien? —preguntó Sver.

 —Siento haber huido de aquella forma. En ese momento estaba asustada y no supe cómo actuar... Supongo que ya no merece la pena ocultarlo, ¿no? Ahora sabéis que en parte soy un monstruo repugnante.

 —Shura, no digas eso. No es verdad.

 La mandjetita miró a sus amigos durante un segundo. Luego se levantó y, después de brillar durante un instante, se transformó en dragón. Sver y Tenai se echaron hacia atrás. Tras un par de segundos, Shura retomó su forma humana, se sentó y volvió a abrazarse las piernas.

 —Vuestras caras de terror son clavadas a las de Zea y Klair cuando me vieron transformarme por primera vez —dijo.

 —Shura, simplemente nos sorprendiste, no... —empezó a decir Sver, pero Shura le interrumpió.

 —Para. No hace falta que lo intentes. Incluso si no te hubiese dado miedo, seguiría odiando esa forma —Shura sacó su collar y miró a la piedra rota que había en su centro—. Cuando era pequeña, mi padre me regaló este collar. Me dijo que podría contener mi otra forma, pero desde que se rompió me ha costado más y más evitar la transformación. Es injusto, Efnu nunca tuvo este problema.

 —Tu padre...

 —Ya te has dado cuenta, ¿no es así, Sver?

 —¿A qué te refieres? —preguntó Tenai.

 —Todos los dragones de Esdria están emparentados —explicó Sver.

 —Mi nombre es Shura, y soy la hija de la reina consorte, Sif de las estrellas; y de... Emón.

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