114. Emón, padre

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 Emón tenía su mirada clavada en ellos. De primeras, cualquiera habría dicho que era una mirada fría, pero la realidad era que estaba vacía. No había apenas profundidad en sus ojos. Solo cansancio.

—No lo entendéis, ¿verdad? —preguntó— Podría haberos matado la última vez que estuvisteis aquí. Podría hacerlo esta vez. Sería tan fácilmente como romper vuestros cuellos. Pero no lo hice. No lo voy a hacer.

»Si estáis vivos, es porque así lo he deseado. No quiero causar más sufrimiento del necesario, pero parece que todos insistís en querer morir. ¿Por qué no podéis simplemente aceptar mi misericordia y vivir?

—No te las des de salvador —logró mascullar Tenai—. Lo único que haces es causar muerte, y eso es lo único que harás. No nos quedaremos de brazos cruzados.

—Admiro tu espíritu, sombramante, pero es tarde. Tengo un ejército en mis manos y soy mucho más poderoso que cualquier persona en Esdria. Nadie puede pararme. Ni vosotros, ni Krada, ni Yad, ni nadie.

Mientras Emón hablaba, Tirié logró activar uno de sus orbes. Tan discretamente como pudo, lo puso en posición.

—Klair —susurró la joven, intentando llamar la atención de su amigo—. Prepárate.

Tirié hizo que su orbe flotase y lo lanzó contra Emón. Antes de que impactase, el hombre simplemente lo agarró con la mano, deteniéndolo de golpe.

—¿De verdad, Tirié? Te creía capaz de lograr un mejor ataque.

A pesar de esas palabras, la ulema sonrió. Se concentró y empezó a aplicar presión sobre la superficie del orbe desde el interior. Finalmente, el sonido de pequeñas grietas formándose llamó la atención de Emón, que dirigió la mirada al orbe. Allí donde se agrietaba, luz de varios colores emanaba.

El rey solo tuvo tiempo de alzar una ceja antes de que la esfera se rompiese, liberando una potentísima explosión.

Emón dio un paso hacia atrás. El efecto de su telequinesis se disipó y todos recuperaron su libertad. Aprovechando que el psíquico estaba distraído observando el daño que la explosión había causado en su mano, Klair cogió su arco. Rápidamente, apuntó y disparó una flecha.

El proyectil etéreo impactó de lleno en la cara de Emón, que soltó una mezcla entre alarido y rugido mientras se llevaba la mano a la cara. Tras un par de segundos, retiró la mano, revelando el daño. Emón era resistente, mucho más que cualquier humano, pero la flecha de Klair había logrado destrozar la piel del lado derecho de su cara.

El hombre lanzó una mirada cargada de ira hacia Klair, pero su preocupación inmediata era regenerar su tejido. Lo intentó, pero eso solo le causo un dolor mayor. Sus células querían recuperarse, ansiaban por hacerlo, pero algo se lo impedía.

Instintivamente, Emón dirigió la mirada hacia Sver, que estaba usando su orbe de ulema para evitar que pudiese regenerarse.

El dios del trueno se dispuso a lanzar una descarga eléctrica hacia el chico, pero perdió el equilibrio. ¡Tenai había empezado a hundirlo en su propia sombra! La prioridad de Emón cambió. Alzó su espada para intentar matar a la sombramante, pero al bajarla la espada de Efnu se lo impidió. El príncipe había logrado detener el ataque justo a tiempo.

Fue en ese momento cuando Emón se percató de algo. ¿Dónde estaba Shura? Dirigió la mirada hacia donde su hija estaba unos instantes atrás. Intentó buscarla, pero entonces lo sintió. La conexión con su mente se debilitó. El dolor de sus heridas se intensificó, perdió parte de su fuerza.

Emón buscó la lanza frenéticamente, pero una sombra sobre él delató su posición... y que había sido demasiado lento. Cayendo sobre él, estaba Shura. Su frente estaba perlada de sudor, su rostro delataba un enorme esfuerzo. El esfuerzo de llevar la lanza.

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