Sver utilizó su orbe para dormir a su rival, uno de los caballeros de Emón que aun guardaba la prisión que estuvo bajo el mando de Klair.
—Para no tener prisioneros, esta prisión está sorprendentemente bien defendida —dijo cansado mientras se esforzaba por recuperar aire.
—Los tratas con demasiado cuidado —comentó Tenai, que acababa de noquear a otro guardia cuando utilizó su sombra para lanzarlo fuertemente contra la pared.
—Por una vez, estoy de acuerdo con ella —añadió Tirié.
—¡Se supone que eres una ulema! ¡Una médica! —se quejó Sver.
—Lo sé, pero estos en concreto nunca me cayeron bien. Especialmente esa —la joven señaló con el dedo a la codirectora de la prisión.
—¿Para qué quieres enemigos cuando tienes compañeros de trabajo como Tirié? —soltó Tenai, sorprendentemente ganándose la primera risa de la ulema.
—Estamos aquí para infiltrarnos, no para hacer bromas o reclamar el comportamiento de los empleados —dijo Shura.
Una flecha etérea pasó volando al lado de la psíquica, golpeando a uno de los guardias que se estaba levantando de nuevo.
—Tampoco creo que tuviese el tiempo de leer las reclamaciones —añadió Klair—. Venga, es por aquí.
Bajaron unas escaleras y llegaron a una sala con suelo de madera y un gran espejo que cubría toda la pared. Klair se subió a una tarima y empezó a tirar de varias palancas. Con sus movimientos, la superficie del espejo empezó a ondular y, cuando se detuvo, no reflejaba al grupo, sino que parecía una ventana a un sitio destartalado con muebles rotos.
—Pero, ¿qué le han hecho a mi casa? —preguntó Klair.
—Parece que ha pasado un vendaval —comentó Tenai.
—Seguramente hayan sido los Ojos cuando se dieron cuenta de que les has traicionado —dijo Krada mientras atravesaba el espejo y llegaba a la sala con los muebles rotos.
Los demás le siguieron y atravesaron el espejo.
—¿Creéis que habrán puesto trampas? —preguntó Tenai.
A modo de respuesta, Shura apoyó la mano contra una pared y con su telequinesis la reventó, dando paso al jardín.
—Ya no hay que preocuparse por eso —dijo con una sonrisa a medida que salía.
Todos salieron, pero Klair se quedó mirando al escombro y al desastre en el interior durante un momento.
—Adelante, claro, tira abajo mi pared... Ya da igual —dijo antes de caminar hacia una gran puerta de hierro forjado—. La salida es por aquí... si no la han reventado, claro está.
Volver a Mandjet no fue nada del otro mundo para Shura, Klair y Krada. Eran calles que habían visto cientos de veces, pero Sver, Tirié y Tenai se quedaron atónitos. En una dirección, al este, podían ver toda la enorme ciudad por debajo de ellos: casas de piedra blanca con techos dorados rodeando parques enormes. Al oeste, se veía el golfo que constituía el puerto de Mandjet, y, rodeándolo, los enormes acantilados recubiertos de robustos bloques de piedra.
Al norte, en el punto más alto de la ciudad, estaba el inconfundible palacio de Mandjet. Una enorme estructura que gobernaba la ciudad sin obstrucción ninguna. Su fachada de piedra blanca resplandeciente y acentos dorados estaba cubierta de distintas estatuas que habitaban entre los decorados arcos y las enormes ventanas. En su centro, había una alta torre sobre la que flotaba un pequeño sol que bañaba con rayos dorados toda la ciudad. A pesar de ser claramente visible desde cualquier punto hasta el horizonte, no resultaba dañino a los ojos. Es lo normal, después de todo era un símbolo del poder del dios de la luz.
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Esdria
FantasíaHace mucho tiempo, Lord Emón descendió de los cielos para desterrar a los demonios, grotescas criaturas de más allá de este mundo Ahora el mundo de Esdria es mucho más tranquilo y los demonios rara vez se ven Esta es la historia de cinco jóvenes de...
