Parte 26 (Donovan)

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La noche había llegado, hace un par de horas había comprado el medicamento que el médico señaló, después de eso, no me aparté ni un sólo segundo de Elli, ella seguía durmiendo sin siquiera mover alguna parte de su cuerpo, tenía un vendaje que le rodeaba su pecho y subía por su hombro, el enfermero recibió un regaño por parte del médico debido a que hizo un tirón demasiado brusco, afortunadamente todo estuvo bien.
Abrí las puertas de madera para que al despertar pudiera ver los rayos del sol, o mejor aún, la luz de la luna, afuera había mucho viento cómo la mayoría de las noches, los árboles se reflejaban en las cortinas y se movían de un lado hacia a otro dando un espectáculo de baile.
Me acerque a ella para asegurarme de que no le haya subido la fiebre, había comprado un termómetro digital que el médico me había recomendado, lo encendí y lo coloque debajo de su brazo hasta que este comenzará a sonar, mientras esperaba, la miré detenidamente, tenía algunos moretones en los brazos al igual que Fabiola, sin embargo, los de ella estaban un poco más marcados, miré sus labios y me dió rabia imaginar al matón besándola y lastimandole con sus asquerosos dientes, sentía mis párpados pesados ya que no había dormido desde que las secuestraron, pero no me podía permitir dormir.
Sus pestañas comenzaron a temblar, abría y cerraba sus ojos con dificultad, mi corazón comenzó a latir con fuerza en cuánto ella dejó su mirada fija en mí.
Donovan: ¿Cómo te sientes, Elli?- le saqué el termómetro que había comenzado a sonar, la fiebre había bajado, esa era una buena señal, ella se sentó con esfuerzo y después me abrazó sorpresivamente, no pude reaccionar ante esa acción, sus brazos me rodearon los hombros y descansó su cabeza entre mi cuello.
Elli: ¿dónde estabas?- su voz sonaba entre llanto, sentía sus lágrimas humedecer mi cuello, sus uñas rasguñaban mi camisa. La separé de mi para evitar que se lastimara, sus ojos estaban cristalizados y las lágrimas habían empapado sus mejillas.
Donovan: viaje a Dallas, llegué el día del secuestro.- su mirada eran tan penetrante, por alguna razón eso me hacía sentir mal, cómo sí e esa manera ella estuviese contándome todo lo que le sucedió.
Elli: ¿y Fabiola?- su voz sonaba ronca debido a todo lo que había dormido, sus ojos parpadeaban con debilidad y sus labios estaban extremadamente secos.
Donovan: ella probablemente esté cenando, durmió desde que llegó aquí.- sonrió satisfecha con mi respuesta y soltó un suspiro que le lastimó el pecho.- el médico te recetó algunos medicamentos para dolor e infección, dijo que la herida tiene que curarse dos veces al día.
Elli: me siento extremadamente cansada.- su barbilla temblaba, se estaba conteniendo para no llorar.- quiero olvidar todo lo que sucedió, despertar y creer que todo fue una terrible pesadilla.
Donovan: te tienes que duchar.- ella apretó sus labios en una línea recta y después me miró fijamente.
Elli: ¿no puede esperar a mañana?- me encogí de hombros dándole a entender que me daba igual, ella cerró sus ojos nuevamente, su respiración era lenta y tranquila. Unos golpecitos en la puerta hicieron que abriera los ojos y mejorará su postura.
Donovan: adelante.- Uriel, acompañado de Fabiola, entraron a la habitación con una charola llena de comida y un té que despedía humo por encima de la taza.
Uriel: te he traído esto para que cenes.- se acercó a dónde se encontraba Elli y colocó la charola encima del pequeño buró.- estamos en deuda contigo, salvaste a nuestra hermana.
Fabiola: sí, yo tendría que estar en ese lugar, no tú.- suspiró tomando su mano.- Donovan, baja a cenar, yo le haré compañía a Elli.
Donovan: no tengo apetito, Fabi, pero gracias, deberías de ir a descansar, también estás débil.- ella me miró de mala gana y negó.
Uriel: Donovan, no has probado bocado desde que bajaste del avión, solo has comido cacahuates o ciruelas que Carmen te obliga a comer.- me frote el puente de mi nariz con fastidio y los mire a ambos, sentí un suave toque en mi mano, Elli quería que la mirará.
Elli: tienes que alimentarte, recuerda que tienes que cuidar que no me escape, débil no podrás detenerme.- encorve un poco mis labios en una sonrisa disimulada pero casi inevitable, no sé porque estaba reaccionando de esta manera tan estúpida.
Uriel: Fabiola vete a dormir y Donovan vete a cenar, yo me quedaré con Elli, tengo algunas cosas de las que hablar con ella.- Fabiola y yo nos miramos, después mi hermano puso sus ojos en blanco.
Donovan: de acuerdo, bajaré a cenar y después regresaré.- la miré tratando de hacerle entender que tiene que esperarme despierta.- Fabiola, tienes que descansar, mañana te tomas el día en la florería, le pediré a Carmen que prepare cosas que te haga reponer energías.
Fabiola: muchas gracias por no ser tan frío cómo siempre, creo que esta situación te ablandó un poco el corazón.- me dió un abrazo con fuerza pero la separé de inmediato, ella sabía que el contacto físico no era mucho de mi agrado, después me levanté de la cama para dirigirme a la cocina.
Mis hermanos se habían quedado hablando con Elli, Carmen estaba terminando de comer un plato con pasta en salsa verde, al mirarme, se limpió la comisura de sus labios.
Carmen: joven Donovan, ¿quiere que le prepare algo?- negué enseguida, baje un plato de la encimera y yo mismo me serví, después me senté a su lado.- ¿cómo está Elli?
Donovan: se pondrá bien.- asintió gustosa, comencé a cenar cómodamente.- mañana prepara algo delicioso en las comidas, necesito que mi hermana reponga sus defensas.
Carmen: por supuesto que sí.- se sentó nuevamente en el taburete y se puso a cenar.
Donovan: ¿tú crees que...Elli es una buena persona?- no me atreví a mirarla a los ojos, ella dejó el cubierto encima de una servilleta y después habló.
Carmen: sí, ella es una buena persona, su personalidad es la de una chica empática, sincera, amorosa.- suspiró y después sonrió satisfecha con su respuesta.- siempre quiere ayudarme con la niña Lucía o con las cosas del hogar, a veces me hace bailar, es increíble, me cae muy bien.
Donovan: también tiene la maldita costumbre de volverme loco con sus acciones.- escuché una risita que provenía de ella, levanté mi rostro para encontrarme con su mirada.
Carmen: cuidado, joven Donovan, puede volver loco a su corazón si te descuidas.- solté un suspiro, le hice entender que eso no sería así porque tenía la certeza de que había sido ella quien había asesinado a mi hermano.

UNA VENGANZA EQUIVOCADA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora