Me sentía en otro mundo, ni siquiera sentía que estaba conectado con la realidad, el cuerpo sería sepultado en la misma tumba en la que está Hugo, había dado todas las declaraciones posibles y aún así sentía que seguía en un sueño de muy mal gusto, le había llamado a Fabiola para darle la noticia, Luis me haría el favor de traerla para acá, ella estaba completamente deshecha, quería tener la fuerza suficiente para poder ser el hombro en el cuál pueda sostenerse, pero ahora no podía dejar de llorar mientras veía el ataúd de mi hermano, no me había dado cuenta de todo lo que había causado por una venganza, mi familia se había desmoronado casi en su totalidad, ahora solo me quedaba Fabiola y mi sobrina Lucía, ¿cómo le explicaré a Lucía que su papá ya no vendrá más? ¿cómo le diré que el espíritu de mi hermano ya no está en ese cuerpo que ve a través del cristal?
Me maldecia una y mil veces por la decisiones erróneas que había tomado, estaba solo aquí y lo único que deseaba era estar frente a frente con el asesinó de mis hermanos, hacerlo pedazos con mis propias manos, hacerlo tan lento que tengan oportunidad de arrepentirse y disculparse, después acabar con sus miserables vidas.
La puerta corrediza se deslizó, escuché el llanto desenfrenado de mi hermana que corrió desde el umbral a encontrarse conmigo, me puse de pie para recibirla, la abracé tan fuerte cómo pude y acaricié su nuca con delicadeza, solté un suspiro tratando de controlar mis emociones y ser fuerte.
Donovan: ven, vamos a que veas a Uriel.- ella se separó de mí y me dejó abrazarla por encima de sus hombros, la dirigí hasta donde se encontraba el ataúd, ella puso sus manos en el borde del cristal y nuevamente rompió en llanto, rasguñaba el cristal intentando tocarlo.
Fabiola: ¡Abre tus ojos, mi precioso, no nos dejes solos, te lo suplico!- su llanto era desgarrante, se movía con impaciencia y sentía que en cualquier momento caería al suelo.- ¡dijiste que nunca me dejarías, Uriel! nunca te han gustado las falsas promesas, ¿por qué lo estás incumpliendo ahora?, dime qué todo es una jodida broma y levántate de ahí, nunca te ha gustado dormir tanto, escúchame Uriel, por favor.- se recostó encima del cristal acariciando el rostro de nuestro hermano por encima de este.- ¿puedes escucharme?, soy yo, tu hermanita pequeña, tu mariposa monarca, estoy aquí, no te voy a dejar solo ¿me escuchas?- su cuerpo poco a poco se fue desforzando, se resbaló por el ataúd y cayó encima de mis brazos completamente inconsciente, moví sus mejillas con desesperación intentando regresarla, ella no despertaba.
Luis entró por fin, traía en sus brazos a Lucía, la pequeña se estaba comiendo un caramelo, me miró y una sonrisa deslumbrante se le formó en sus labios manchados de azúl.
Luis: carajo.- se acercó a paso apresurado dejando a Lucía en el suelo, metió sus brazos por debajo del cuerpo de mi hermana y me ayudó a levantarla.- la llevaré al auto, creo que tienes que hablar con Lucía.- asentí limpiando el rastro húmedo que estaba por debajo de mis ojos.
Lucía: tío ¿y papá?- me puse en cuclillas, limpié la comisura de sus labios y después la tomé de las manos.
Donovan: papá está durmiendo, ¿quieres verlo?- asintió, pasé mis manos por debajo de sus brazos y la levanté para que pudiera mirarlo, se inclinó un poco aferrándose a mí hombro para no caerse y miró detenidamente a Uriel.
Lucía: ¿papi?- puso su pequeña mano encima del cristal y después me miró.- ¿por qué no despierta?, siempre que escucha mi voz abre sus ojos, tío.
Donovan: ¿recuerdas el lugar al que se fue tu tío Hugo?- lo pensó unos segundos y después asintió.- pues tu papá fue a visitarlo, me pidió que te dijera que conseguirá margaritas y pasará por tu habitación para dejarlas sobre tu mesita de té, pero eso será cuándo tú estés dormida.
Lucía: ¿pero papá volverá?- miré a mi hermano, parecía que estaba en un sueño muy placentero y profundo, nada había cambiado en él, incluso sus labios parecían querer formar una sonrisa.
Donovan: él estará aquí pero tú no podrás verlo, cómo te dije antes, ahora está acompañando a tu tío Hugo, se estaba portando muy mal y tu padre tomó la decisión de ir a regañarlo.
Lucía: papá es muy enojón.- le sonreí, miró a Uriel y acarició su rostro por encima del cristal.- ¿y mi tía Elli?
Donovan: ¿tu tía?- dije confundido, ella me miró.
Lucía: papá dijo que Elli era mi tía, que tú y ella estaban enamorados.- solté un suspiro, al igual que la imagen de mi hermano tendido en el pavimento, tampoco se me olvidaba ella. El sonido de la puerta llamó completamente mi atención, Carmen entró con un arreglo floral, sus ojos estaban hinchados y se aferraba a un trozo de papel que tenía entre su puño.
Carmen: mi niño...- se acercó dejando el arreglo a un costado del ataúd, sus manos arrugadas se apoyaron sobre el cristal y comenzaron a acariciar por encima de este, pase mi mano por su espalda dándole suaves masajes por encima de su suéter negro.- ¿en qué momento dejaste de sonreírme?, te regañe un sin fin de veces, no conociste el amor y no sabes lo mucho que deseé verte feliz, espero que haya donde estés logres tener la paz que tanto necesitas, abraza mucho a mi niño Hugo y no se olviden de nosotros... cuidare de tus hermanos, no tengas miedo y tampoco te preocupes.- dejó un beso encima del cristal y después se apartó con sutileza, se giró a verme, con ella me era casi imposible soportar las ganas de derrumbarme, su mano delgada me acarició la mejilla y me regaló una sonrisa que de alguna manera me dió la confianza de poder romper en llanto.- aquí estoy, mi niño, llora todo lo que necesites.- se apoyo en mi hombro dándome palmaditas en la espalda, Lucía seguía comiendo su caramelo y observaba las flores que Carmen había traído, esto era demasiado doloroso y sentía que no iba a lograrlo.
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UNA VENGANZA EQUIVOCADA
RomanceTe heriré por esto. Todavía no sé cómo, pero dame tiempo. Sabrás que la deuda estará pagada. ~George R. R. Martin~
