Una tarde solitaria donde el ocaso estaba en su mayor esplendor en el horizonte, el sargento Inumuta, ante la sorpresa de sus subordinados, salió a dar un paseo. Las miradas de los oficiales lo siguieron todo el recorrido hasta la entrada del precinto y su débil silueta que apena se distinguía a través de las puertas de crista de la entrada. Pudieron observar como el hombre se llevaba a los labios un cigarrillo antes de comenzar su marcha hacia la puesta del sol.
Caminó varias cuadras seguidas, como si tuviera un destino secreto preparado. Cuando finalmente alcanzó la esquina de una calle solitaria, terminó su cigarrillo cual lanzó al suelo y apagó con su zapato.
Un taxi, estacionado en la acera apuesta, identificó su señal y avanzó directo hasta él. Como si fuera lo más habitual tomar un vehículo el cual nunca solicitó, el sargento Inumuta subió al automóvil que partió en calma por la calle solitaria.
Dentro del coche, el hombre trató de ponerse lo más cómodo posible en el apretado asiento, cuyo el contiguo estaba ocupada nada menos por Kiryūin Satsuki.
–Peculiar forma de reunirse para una jovencita de su clase –comentó el sargento sin siquiera volviéndose hacia su anfitriona.
–Usted entenderá porque soy precavida y debo tomar estas medidas –contestó ésta sin apartar sus ojos de su ventanilla.
La chica iba vestida con ropas muy sencillas para su clase social, sobre sus ojos llevaba unas gafas negras y mascada cubría su corta cabellera.
–Me imagino.
–Antes que nada –dijo la chica con un leve movimiento de su cabeza, revelando sus ojos detrás de las gafas oscuras –, me gustaría agradecerle por la información que nos proporcionó, eso nos permitió tener grandes avances.
El sargento no respondió a su comentario de inmediato, en cambio sacó un cigarrillo de su bolcillo y se dispuso a encenderlo. Se detuvo con el encendedor cerca de sus labios cuando se percató del silencio de su anfitriona.
–¿No le importa?
La joven heredera no le respondió, solo le dirigió una mirada de soslayo antes de volverse nuevamente hacia su ventanilla. Los ojos del sargento Inumuta brincaron al retrovisor del vehículo donde pudo distinguir el rostro arrugado del chofer que negaba débilmente con la cabeza.
El hombre regresó tanto el cigarrillo como el encendedor a su bolcillo.
–Primero –dijo éste retomando la conversación –, debo recordarle que esa información es clasificada y no debe estar vinculada a mí o la jefatura de ninguna manera. Tal como se lo explique a Hōka.
–Y él lo dejo bastante claro.
–Segundo –agregó volviéndose nuevamente hacia ella –. ¿Qué son estos supuestos avances de los que habla?
Satsuki llevó sus manos al un largo bolso de pana que estaba intercalado entre sus pies. De ahí extrajo un folder bastante grueso que tendió inmediatamente al sargento sentado a su lado.
El oficial miró con duda el archivo que le ofrecía, antes de extender una de sus manos para tomarlo. Cuando sus dedos estuvieron a punto de tocar el folder, Satsuki lo alejo de su alcance con un rápido movimiento de su muñeca.
–Debo recordarle que esta información no puede rastrearse en lo más mínimo a mí o alguno de mis asociados –dijo la joven remarcando la ironía en sus palabras.
El sargento la miró con algo de recelo antes de tomar definitivamente el archivo, el cual no demoró ni un instante en echarle un vistazo. Se quedo boca abierta con lo que se encontró en sus páginas, documentos y fotografías.
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Remembranzas vivas
FanfictionEn un universo alterno en que no existen las fibras vivas, Ryuko y Satsuki fueron separadas de niñas. Con el cumpleaños dieciocho de Satsiki se revela el mayor secreto que su madre le ha ocultado por años y descubre que la persona que más la detesta...
