Habían pasado más de veinte minutos sin que ambos pronunciaran palabra alguna. El espíritu y alegría del saludo inicial se había enfriado lentamente como una taza de café. Las últimas palabras que habían salido de sus bocas fueron los platillos que ordenaron al mesero. El comer les daba una escusa para no sentirse incómodos con el silencio, pero al final de cuentas, ni el más dulce pastel podía evitar la amargura de tantas cosas por decir que seguían guardadas ante la indecisión.
Satsuki trataba de conservar la calma. Estaba decidida a no perder nuevamente el control como le había sucedido en el primer momento que vio a su padre. Aún así, la joven seguía ansiosa por escuchar lo que su progenitor tenía que decir, aunque fuera solo para oír de nuevo su voz.
Una parte de ella, sentía que toda la situación era irreal. Un sueño y que ella seguía en la cama de su habitación esperando ansiosamente a que amaneciera. Sentía una desesperación de abrazarlo de nuevo para convencerse a sí misma que él seguía ahí, frente a ella.
Pero a pesar de lo turbulenta tormenta de su interior, el exterior de Satsuki reflejaba calma y paz. Con modales refinados, comía lentamente su pastel de chocolate y fresas, y delicadamente tomaba su taza de té. Nada parecía perturbar su semblante, ni siquiera el extraño individuo al otro lado de la sala, sentado junto a la barra que no les quitaba la vista de encima. Satsuki captó la mirada de ese individuo cuando se volvió para llamar al camarero. El hombre destacaba fácilmente en aquel salón de té, debido a su complexión fornida y su llamativo copete mohicano. Ese extraño sujeto no parecía importarle que ella lo hubiera captado observándolos. Por una extraña intuición, Satsuki sintió que ese desconocido debía hacerse notar con la sola intención de intimidar.
Pero la mirada que Satsuki no podía soportar, era la de su padre. Sōichirō la miraba con una ternura y felicidad que la conmocionaba. Ella evitaba todo contacto visual con él, pero aún así podía sentir la taladrante mirada se su padre, aunque su cuerpo no demostraba físicamente nada de ello.
–Cuanto has crecido –dijo finalmente Sōichirō rompiendo el largo silencio que había dominado su mesa. Sus palabras estaban llenas de amor y añoranza de todo aquello que había guardado en su ser por tanto tiempo.
–Es lo que sucede cuando pasan trece años –comentó Satsuki con calma y haciendo parecer su tono de voz muy agresivo. Pronto se dio cuenta de su error y se volvió a ver a su padre en alarma, percatándose de su rostro consternado.
–Así es –replicó él con la mirada baja y con una voz llena de dolor. Pero el hombre no podía reprocharle nada a Satsuki, al final de cuentas la había abandonado, tal vez no por gusto, pero abandonado.
–¡Espera! ¡No! ¡No era lo que quise decir! –se apresuró a corregir Satsuki pero se detuvo ante la mano extendida de su padre.
–No te preocupes, yo lo entiendo –dijo él aún cabizbajo –.Créeme Satsuki, esto no es sencillo en ninguna manera. No para mí y seguro que no para ti. Solo... solo quiero disfrutar más este momento, antes que algo pueda arruinarlo –agregó con una tímida sonrisa.
–¿Cómo qué?
–La realidad. Que esto no resulte como lo soñé todos estos años.
De nuevo quedaron en silencio, desviando la mirada el uno del otro. Sin importar de cuanto lo deseaban ambos, trece años no desaparecían con un simple abrazo.
–¿Qué...? –balbuceó Satsuki captando la atención Sōichirō –. ¿Qué fue lo que sucedió a tu nariz? –preguntó finalmente ladeando levemente su rostro para impedir que su padre captara su leve sonrojo.
–Ah... esto –indicó tomando su nariz rota entre sus dedos y bromeando con ella –. Fue lo que se conoce como un portazo en la cara.
–¿Quién fue?
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Remembranzas vivas
FanfictionEn un universo alterno en que no existen las fibras vivas, Ryuko y Satsuki fueron separadas de niñas. Con el cumpleaños dieciocho de Satsiki se revela el mayor secreto que su madre le ha ocultado por años y descubre que la persona que más la detesta...
